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sorber y soplar



Es imposible sorber y soplar a la vez. Pruébalo. Es imposible. Por mucho que los gurús del  "todo a cien" te engañen con el "si quieres, puedes". No se puede. Así, en absoluto.

Tampoco se puede tener una vida cómoda sin haber tomado decisiones incómodas, salvo que te toque la lotería o circunstancia similar (e incluso así). Vivir cómodo a largo exige vivir incómodo a corto. Y aquí la Psicología ya nos ha demostrado que resulta muy difícil diferir la recompensa pero, a la vez, que quienes son capaces de hacerlo en pro de un bien mayor postergado tienen una mayor probabilidad de éxito.

Conseguir cualquier cosa mínimamente relevante exige tiempo. Y esfuerzo. Y paciencia. Y resiliencia. Y tolerancia a la frustración...y otras chicas del montón. Porque tener lo que tiene Juanita es tan simple como hacer lo que hace Juanita, en especial, comprometerse con sus mismas renuncias. Y, salvo que todo te haya venido dado o negado en esta vida, comprar sin mirar el precio exige trabajar sin mirar el reloj. Y eso ya no mola tanto...sobre todo cuando la primera clase de la asignatura de Relatividad siempre empieza con la frase "yo trabajo muchísimo".

Tampoco resulta fácil ir en busca de la felicidad enfundado en un pesado traje de queja. El otro día tuve que coger varios taxis en una misma mañana. La primera carrera la hice con un taxista que tenía el taxi casi tan sucio como iba él, que conducía a tirones y que no paraba de despotricar contra todo y contra todos, haciendo especial hincapié en lo mal que estaba el trabajo. La segunda carrera la hice con un taxista que iba impecablemente vestido y con un taxi que, aún no siéndolo, parecía nuevo de lo cuidado que estaba. El segundo taxista se mostró amabilísimo y, antes de irme, me agradeció la conversación y me dio su tarjeta por si lo necesitaba. Mismo contexto laboral (lo que pasa) pero diferentes enfoques (lo que haces con lo que te pasa): probablemente resultados diferentes.

También está el del lamento crónico, esa suerte de rey del "pero" que suele sufrir de "esquerosis múltiple". Ya sabes, ese que no para de dar la turra en contra de la empresa mientras no hace nada para mejorarla y/o que cuando prueba a optar a puestos en otras empresas, todas a coro le dicen que no. "¿Qué hago mal en las entrevistas?", me preguntan. Pues "ser tú mismo", pienso yo muchas veces, aunque eso reconozco que no lo digo. Y es que si, tras insistir, ves que no te quieren en ningún otro lado, deberías ser consciente que estás en el único lugar que te soportan o, como mínimo, en la empresa que te quiere más para, al menos, no dar tanto por el saco. En esos casos, es una verdadera putada que no tengas ningún amigo de verdad que te recuerde que, contigo, la empresa está haciendo un acto que raya la beneficencia. 

Aceptémoslo: todo a la vez no se puede. Elige. Prioriza. Focalízate...y acepta el compromiso con una larga lista de renuncias sin mirar atrás, porque, si eliges sorber, no vas a poder soplar. 

The objective




¿Y el objetivo de tu vida?

 

Esta pregunta suele dejarnos en silencio o, como mucho, balbuceando superficialidades o automatismos. Cuesta encontrar respuestas claras, concretas y significativas. Y, sin embargo, todos reconocemos la importancia de tenerlas.

Séneca lo expresó de manera afilada: "Para quien no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento le es favorable." Y si Séneca me permitiera, añadiría que "si no sabemos adónde nos dirigimos, lo último que debemos hacer es correr, a riesgo de llegar lo antes posible al lugar equivocado".

Durante años, he sentido una obsesión enfermiza por encontrar esa brújula interior. Ese faro que, incluso en las noches más oscuras, te orienta y te ayuda a discernir si lo que haces hoy te acerca o aleja de tu verdadero propósito. Pero para que esa brújula funcione, primero hay que tener un norte. Un “para qué” que dé sentido a tu existencia.

Tardé más de lo esperado, escribiendo, borrando y volviendo a empezar. Hasta que encontré mis dos objetivos primarios que dan sentido a mi vida y que comparto hoy contigo por aquello de constatarlo en esta bitácora (y que responde a uno de estos objetivos):

1. Trascender, dejando un legado de recuerdos positivos y duraderos en aquellos a quienes aprecio; un legado de ideas creativas y útiles para los demás; y un legado de dos hijas que sean buenas personas, felices y con opciones para puedan ser lo que deseen. 

2. Disfrutar diariamente del regalo de la vida, planificando como un inmortal pero viviendo como un terminal, junto a mi mujer y resto de familia y amigos.


Una vez hecho, ahora faltaría decidir el modo de conseguir dichos objetivos: hora de decidir tu estrategia personal. La mía es la siguiente:

a) Invertir mis recursos (tiempo, dinero, energía, escucha, etc.) en personas y cosas que lo merezcan para (intentar) dejarlas mejor que como me las encuentro, con especial foco en mis hijas, resto de familia y amigos. Y que conste que decidir dónde poner tus recursos implica una decisión tanto o más importante, como es el decidir dónde no ponerlos o, lo que es lo mismo, decidir a qué vamos a renunciar. Y comprometernos con todo ello.

b) Generar contenido (libros, artículos, videos, etc.) con ideas creativas, sencillas y rentables, útiles para el resto.

c) Aprovechar sin demora de toda oportunidad de disfrute, salvo que ponga en riesgo algo de mayor importancia.


Dicen que hecho es mejor que perfecto y, en definitiva, esto no va de perfección, sino de que a uno este ejercicio le sea útil y le sirva, como decía, como ese faro al que todos necesitamos acudir de tanto en tanto.

¿Te sirve?

Hoy lo dejo.


La realidad de perder 16 de las últimas 20 partidas de Ajedrez sentía que me gritaba una y otra vez "déjalo, que está claro que el Ajedrez no es lo tuyo". Hechos que reforzaban la idea de mi inmunidad al aprendizaje y del tener que afrontar que quizás no era el lápiz más afilado del estuche. En paralelo, me emborrachaba de videos de Youtube viendo campeonatos online del genio argentino y Maestro Internacional de 11 años Faustino Oro en los que el pequeño bromea y comenta online sus partidas a ritmo Blitz (de tan solo 3 minutos con dos segundos de incremento por jugada) al mismo tiempo que las juega y va destrozando uno tras otro a grandes maestros como si fuera - y nunca mejor dicho - un juego de niños. Sobrado de recursos y con un cálculo prodigioso, aquello todavía acrecentaba la distancia entre mi deseo de llegar a jugar decente algún día y mi nivel de juego actual.

Y así, hecho unos zorros a nivel de motivación y con la idea de darme unos meses de reflexión, comencé mi clase diciéndoselo así a mi profe de Ajedrez, un Maestro Internacional con grandes dotes para la pedagogía. Y lo que me dijo para reflotar al muerto fue lo siguiente, que os resumo:

1. Perspectiva: "Has bajado 150 puntos en los últimos 90 días. Cierto. Pero si te fijas bien, estas 16 partidas y los 150 puntos los has perdido todos en sólo dos días concretos. Dos días malos en los que te obsesionaste en seguir jugando cuando no estabas para jugar y que explican todo el retroceso.". Y continuó con una visión más general, con "empezamos hace tres años y tenías 700 puntos. Hoy, tres años más tarde, tienes más de 1000, lo que hace indiscutible que has mejorado y, por cómo juegas, hoy haces jugadas desde conceptos que nunca antes te hubieras planteado". 

Tres años para mi era una vida, cuando para el aprendizaje del Ajedrez es nada, máxime porque el tiempo no es una unidad métrica útil (imagínate que juegas 1 partida al año. En 3 años de "aprendizaje" lo habrás hecho con solo 3 partidas) sino la "densidad de partidas", esto es, las partidas analizadas que juegas por unidad de tiempo (más allá del entrenamiento, base de todo). Y yo, que en 3 años he jugado apenas 3000 partidas, pensando que era mucho, me puse a comparar y vi que mis contrincantes habían jugado un promedio de más de 20.000. La perspectiva es clave. Y también ser consciente de que la recompensa (aprendizaje) suele ser progresiva al esfuerzo (3000 vs 20.000).

2. Aprendizaje no lineal: Conforme vas mejorando, te van emparejando con rivales más fuertes, por lo que es normal que vayas perdiendo más partidas al comienzo. Ello explica por qué el gráfico de mejora no es lineal y habitualmente presenta un perfil de sierra creciente.

3. El error es para todos: enseñándome una partida en la que un Gran Maestro perdía una partida clave de un campeonato cometiendo un error de bulto.

4. Lo que cuenta es el cómo, más que el resultado (a mi nivel y para mis fines): esto es, me comentó que analizó mis partidas y en ninguna me "machacaban" sino que conseguía posiciones mejores que mis rivales con más tiempo en el reloj (que es un buen indicador de nivel de cálculo y conocimiento) pero que la partida la acababa perdiendo yo por "colgarme" alguna pieza (que quiere decir que te la capturan por dejarla desprotegida). "Las partidas las has perdido tú, más que te las han ganado los demás, lo que debe mantenerte optimista con tu evolución".

5. Adaptación inmediata: viendo mi estado de humor, adaptó los contenidos para que fueran más amenos y sencillos (eso lo intuí) para "recuperarme" a nivel de motivación.

6. Despresurizar: "Si quieres tomarte un tiempo de descanso, genial. Lo importante es que te diviertas".

Y así que, al final, mi obstinación (que me encantaría dulcificar diciendo resiliencia o persistencia) hizo que agendáramos una nueva clase dentro de poco tiempo. Cuenta la leyenda que el dolor de bajar los brazos era superior al del propio aprendizaje.

El Ajedrez debería ser una asignatura obligatoria en todos los colegios por todo cuanto te da (cálculo, estrategia, toma de decisiones bajo presión - del tiempo -, resiliencia, memoria, concentración, tolerancia a la frustración, gestión de estrés...) pero, sobre todo, por todo cuanto hace que aprendas sobre ti.

Palabra de principiante.

Esa montaña



Hubo una vez en el que una persona sabia, rodeada de misticismo, me dijo que tenía que aprender a ser esa montaña. 

Esa montaña que, sabiendo quién es y con qué objetivos y prioridades se ha comprometido, se mantiene inamovible ante modas y presiones que huelen a inútil y que hoy soplan por el Sur, pero que mañana lo harán por el Norte. Impasible al desgaste de su corteza, resiliente siempre a fuegos, plagas e inundaciones. 

Esa montaña que se esfuerza al máximo en aquello que forma parte de su ámbito de control e influencia y que, a la vez, acepta con sereno estoicismo todo aquello que le acontece y que queda fuera de dicho ámbito. Esa que persiste, firme, tras cada fracaso. Esa que se perdona y que busca el legado a largo plazo en pro del postureo a corto. 

Esa montaña sujeta por raíces y ajena al qué dirán, que vive en paz consigo misma sin perder de vista nunca el horizonte y que asume la crítica de su camino por parte de aquellos que nunca se han puesto sus zapatos. Esa que no pone excusas que sus amigos no necesitan y que a sus enemigos no les importan. Esa que no se queja. Esa montaña que, pase lo que pase, va a seguir estando ahí: en hacer lo correcto por el simple hecho de ser lo correcto.

Quizás no supe verlo en aquel momento y tan sólo me faltaran esos veinte años de nada para asumirlo, pero, en definitiva; ¿qué son veinte años para una montaña?


Gestión del Cambio o lágrimas de sangre en un cubo de tinta china

 


Gestión del Cambio o esa entelequia en forma de volátil rol que las empresas crean y eliminan según sea la apretura de presupuesto, porque es bien verdad que no se conoce empresa en fase de "vacas flacas" que se mire al espejo y se diga "nos lo cargamos todo menos el rol de gestor del cambio, que eso es lo que nos mantiene vivos". 

Gestión del Cambio o ese campo abonado para consultores y gurús diseñadores de procesos con nombres pijos plasmados en "diapos" sexy, de cuyos partos en pocos meses nadie encuentra rastro.

Gestión del Cambio o esa quimera de intentar recoger el mar con las manos. 

Y todo como si hiciéramos ver que no somos capaces de adaptarnos al continuo cambio que sufrimos día a día y desde el día en que nacemos. Personas y empresas. Aquel que nos llevó a empezar a trabajar sin ordenador y con teléfono de sobremesa a realizar ahora presentaciones e informes con la app de ChatGPT de nuestro smartphone. Y eso sin mucha cicatriz. Porque adaptarnos, nos adaptamos bien sea por lo Civil o por lo Criminal. O como decía mi difunto amigo Agustín Solavera "o te aclimatas, o te aclimueres".

La Gestión del Cambio y, a mayor detalle, la gestión del cambio cultural me la imagino como ese cubo lleno de tinta china negra y densa que supone el Status Quo de una cultura en una empresa. El color de la cultura de una empresa en un determinado momento. Hasta que "los vientos" (léase, una nueva dirección, moda, etc.) cambian y la necesidad de "gestionar el cambio" aparece y, con él, los evangelistas, saboteadores, etc. Todo muy de los clásicos de toda la vida.

A partir de esa "necesidad" de cambio, individuada por su mayor envergadura con respecto a la frecuencia media de cambios, todo cambio que vamos implementado representa esas pequeñas gotas de sangre que la organización suda para precipitar sobre la tinta china que hay en el cubo para poco a poco ir tiñendo el negro azabache de rojo pasión...hasta que con el factor T (tiempo) cada vez el negro es menos negro y el rojo se hace cada vez más presente. Y son gotas y no chorros. Y son años y no meses, pues la gestión del cambio cultural no es juguete para ansiosos.

El Cambio Cultural es más una lluvia fina que hace bien que una tormenta tropical que lo destroza todo, aunque para ansias, los colores.

Y vamos acabando ya el símil con ese grifo en la base del cubo a modo de "regulador" del flujo de cambios. Demostración gráfica de grifo cerradito del que salen gotitas "cuqui": cultura estable con pocos cambios. Demostración gráfica de grifo con chorrazo "a escape libre": fusión de empresas con expediente de regulación con gente saliendo como en un encierro de los Sanfermines. 

Ah!...y para los románticos: no existe cambio cultural completo. Ya me sabe mal, ya. Porque la clave siempre está en dónde ponemos la línea y cómo nos respondemos a la pregunta ¿cuándo considerar un cambio completo?, que viene ser como preguntar ¿hasta dónde se lava la cara un calvo?. Por ello, lo represento poniendo el grifo "regulador" de la "presión" del cambio un poco por encima del fondo del cubo de tinta china, porque por debajo siempre va a haber un "poso de cultura anterior" con el que tenemos que contar.

Mi último comentario es sobre el tema de la resistencia o del miedo al cambio: no existe miedo al cambio en realidad porque, en realidad, lo que existe es el miedo a la pérdida que anticipamos en un cambio. Os pongo un ejemplo:

a. Tu pareja te escribe el siguiente mensaje: "tenemos que hablar".

b. Tu jefe te escribe el siguiente mensaje: "felicidades por tu nueva promoción"

El primer mensaje es de primero de acojone, por la pérdida potencial que anticipamos (bien sea la serenidad, bronca mediante; bien sea incluso la relación ¿en el peor? de los casos), mientras que el segundo ilusiona y digamos que ambos mensajes reflejan un potencial cambio relevante.

Moraleja: cuando comuniquemos y seamos vectores de cambios relevantes, tengamos en cuenta las "pérdidas" que pueden anticiparse por parte de los afectados y que normalmente se visten de resistencia. Analicemos el trasfondo de esos miedos y adaptemos la comunicación enfatizando los beneficios y afrontando pérdidas si las hubiere. Mil veces una mala noticia claramente comunicada a una noticia regular mal comunicada.

Mantener (from screen to screen to skin to skin)

 


Estamos en la loca era de vital donde los verbos top suelen ser "ampliar", "incrementar", "crecer", "escalar" y otras chicas del montón. El mundo ya no es suficiente y si no vives en la expansividad pintas a rara avis.

Pues yo me bajo aquí, junto a uno de mis verbos favoritos al que se le está poniendo cara de antiguo (llamémosle vintage). El verbo "mantener" o ese cada vez más extraño superpoder al que quiero poner en valor hoy y siempre.

La capacidad de mantener. Joder qué bonito suena pero qué jodidamente difícil es, a veces, conseguirlo.

Llegar y Conseguir son siempre más amables que Permanecer y Mantener, ambos cinturón negro de la resiliencia vital, sobre todo cuando las cosas se ponen feas. Mantener esa sonrisa ante la adversidad, reflejo inequívoco de "seniority" o mantener esa calma y esa ecuanimidad ante las grandes mareas, qué remedio tan bueno y a la vez escaso para no contagiar el desánimo.

Mantener esa mirada que altera bioquímicas mientras te lo dice todo sin decir. Esa mirada cómplice que estrecha vínculos y brota de empatía, en el polo opuesto a la luz azul de las pantallas que inocula extrañeza social entre nuevas generaciones, cada vez más ajenas al "piel con piel".

Y aunque en inglés sea más pegadizo, no es menos cierto que deberíamos pasar del "screen to screen" al "skin to skin". Un abrazo de más de ocho segundos es terapéutico y no debería suscitar más allá de un balsámico agradecimiento. 

Mantener a tu pareja. Mantener unida a la familia. Mantener a tus amigos de la infancia. Mantengamos en nuestras vidas para siempre a los de siempre. Que eso no significa hacerlo de manera tóxica ni a cualquier precio, pero probablemente sí a un precio mayor del que nos estamos desacostumbrando a pagar. Mantener tus cosas y tus gentes y arreglarlas cuando se rompen en lugar de reemplazarlas. 

Empeñémonos en ser merecedores de ser mantenidos en las vidas de quienes nos importan. Hagamos lo que decía Oscar Wilde y queramos en nuestra vida a quien de verdad nos quiera en la suya.

Mantener la salud. Unos buenos hábitos de vida. Mantener aficiones y lugares comunes.

Mantener tu trabajo, tu esfuerzo, tu generosidad, tu foco, tu prioridad, tu generosidad, tu tiempo de vida intacto, tu dignidad y esas tantas otras cosas buenas por mantener. Mantener el recuerdo de los que ya no están y merecieron seguir estando.

Y mantener también ese sano hábito de dejar de mantener lo que no te sostiene. Mantenerte firme (que no rígido) en tus convicciones. Mantenerte siempre en tu palabra como el más sólido contrato que puedas establecer contigo mismo.

Cuenta la leyenda que "no merecemos aquello que no somos capaces de conservar", sin que ello sea necesariamente bueno o malo (a veces se hace necesario), de ahí que resultará esencial discernir aquello que merece ser conservado y aquello que no lo merece para mantenernos firmes en ambos frentes. ¿Has hecho nunca este ejercicio?.

Mantengámonos pues en lo que valga el esfuerzo para perdurar de la mejor manera posible cuando ya no estemos: en el recuerdo de aquellos que nos quisieron.

Rotación y los pollos


¿Tener una alta rotación de personal es bueno?

Popularmente tendemos a contestar un NO rotundo con demasiada alegría, alegando que una alta rotación atenta contra la estabilidad, los costes de reemplazo y otras tantas cosas. Y hay que reconocer que al argumento, lógica no le falta. No obstante, tal y como lo veo yo, la respuesta seria la preferida en Recursos Humanos: "depende".

¿De qué depende, pues?

Pues del tipo de persona o incluso del aire fresco que necesites para ventilar la empresa. Es decir, que tan bueno es tener una "alta rotación de personas tóxicas" (léase, personas chungas que se piran de un modo u otro  / plantilla) como una "baja rotación de personas guay".  El problema es que habitualmente se habla y se marcan índices de referencia para la Rotación como un total que mezcla salidas de todo tipo de personas, en un ejemplo magnífico de la famosa cita en Estadística por la que "si tu te comes un pollo y yo ninguno, ambos nos hemos comido medio pollo". Y la cifra así calculada, en realidad, no sirve para darte una información útil.

Y entonces; ¿qué hacemos?

Identificar a las personas "tóxicas" y marcarnos como empresa un objetivo del 100% de rotación para ellas y de un 0% para el resto. Siempre he defendido que a los "infelices por deporte" hay que ayudarles "a ser felices en otra empresa" librándoles así del mal de permanecer en la misma. Y a este punto, otra reflexión:

Si estás todo el día quejándote de la empresa para la que trabajas pero, curiosamente, no te piras, esto es por una delicada regla universal: o no te quieren en ningún otro lado o, como mínimo, no te quieren "más" de lo que te quiere la empresa para la que trabajas (no me imagino a alguien rechazando continuamente ofertas desorbitadas para puestos mucho mejores...). Por ello, (a) sé consciente de ello y (b) no digo yo que beses por donde pisas pero, al menos, no des el coñazo por la vida, que la tristeza deportiva es incómodamente pegajosa.

Ser responsable de nuestras decisiones y asumir que trabajamos, bien donde queremos, bien donde nos quieren más, resulta un ejercicio altamente recomendable para convivir mejor con nosotros mismos.




El rincón del churrasco


El rincón del churrasco es ese lugar, oscuro e inhóspito, que puedes encontrar en la mayoría de organizaciones. Ese rinconcito emocional patrocinado por una congregación de gente tóxica y más quemada que el palo de un churrero que, reconociéndose entre ellos (Dios los cría y...), acaban afiliándose en una especie de partido de la queja deportiva.

El rincón del churrasco es el club de la gente con quemaduras de tercer grado que no para de dar la brasa. Es un lugar con olor a cerrado, a gato mojado, a ideas rotas y a un "yo sí sé de qué hablo". Es un llorómetro lleno de evangelistas de la reclamación nimia. Un lugar huérfano de alternativas. 

El rincón del churrasco es una estirpe a extirpar. Devotos de la colonoscopia ajena sin anestesia y amos del perro del hortelano, estos sin padre, normalmente comparten sus frustraciones personales con vestido de reivindicación populista con maquillaje de todo a cien.

Pero fíjate bien que el churrasquito normalmente no se pira nunca. Que digo yo; si no estás bien en un lugar; ¿por qué no te vas a buscar otro mejor?. Y es que la pregunta se responde sola porque la realidad es muy tozuda: porque no le quieren en ningún otro lugar. Y uno debe ser consciente de esta circunstancia. No hacerlo, puede suponer una miopía fatal, para uno mismo.

Lo de menos es de quién es la culpa. Lo de menos es el "no eres tú, soy yo". Creo que el 1% de churrasco tiene la misma culpa que el kamikaze que va en contradirección en una autopista de cuatro carriles en hora punta. ¿Acaso todos los demás están equivocados?. Posible, pero poco probable.

¿Culpa de unos o de otros? Acaso del jefe de la brasa, el que la aviva, el que no la acalla. El churrasco maestro. Y ya se sabe, churrasco escoge churrasco. Y así es como se escribe proliferar. Porque el churrasquito será muchas cosas, pero tonto del todo no y sabe que si se arrima a ascua tóxica, aunque tóxica, suyo será el cielo de las brasas. 

Si te quejas de dónde estás pero no te quieren en ningún otro lado, sé consciente y da gracias por la acción social que probablemente esté haciendo tu empresa contigo. O, como mínimo, no dés por el feedback. Que no haya cola de ofertas en tu casa es una señal. Aprende a leerlas.

Una vez me dejaron claro la santísima trinidad del Hecho - Pagado - Olvidado, y que el contador cada día vuelve a ponerse a cero. Que aquello de "con lo que yo he hecho" se anula con aquello de "con lo que la empresa ha pagado" y que el único derecho adquirido es el de la pataleta improductiva. Suena todo lo duro que es, pero ya sabéis que este blog no es para románticos.

Que si "la cosa está muy mal" (seguramente para ti, sí, churrasquito), que si "no es el momento", que si "la abuela fuma", que "si la crisis" o "el perro se ha comido mis deberes". Y es que los caminos de la excusa son inexcrutables.

Lo que digo es que no podemos olvidar ni por un instante todo lo que de bueno tenemos. Cosas. Personas. Momentos. Hoy más que nunca, en este loco mundo, hay que valorarlo todo y no dar por descontado nada. Todo cuesta y cada vez hay que correr más para mantenernos en el mismo sitio. Seamos conscientes que lo que realmente aportamos y lo que recibimos y que, si sentimos inequidad, es hora de dar las gracias sonriendo y marchar en búsqueda de vientos más favorables.

La partícula mágica


 

Durante mucho tiempo he buscado la partícula mágica. La esencia que explica la longevidad de las relaciones productivas. El Santo Grial de la unión entre dos almas. 

Al principio pensaba que era el Respeto, después fui bamboleando entre valores diversos hasta saltar a la Confianza, pasando por la Transparencia, la Honestidad, la Integridad, la Confiabilidad y así en un sinfin de pilares higiénicos sin los cuales no es posible una relación positiva. Y creo que todos estos rasgos son absolutamente imprescindibles...pero no suficientes. 

Así, fui "testeándolos" todos a mi alrededor, fracasando una y otra vez, viendo como no suponían fuerza suficiente como para mantener unidos, por ejemplo, matrimonios de buen pronóstico, amistades de media vida o tan siquiera equipos que aspiraban a la Champions League del éxito.

Hasta que serendipia mediante, un dia dí con lo que - a mi humilde parecer - es el elemento diferencial: la ADMIRACIÓN.

Sí. La Admiración. 

Veinticinco años con mi mujer y (sobre la base de los valores arriba descritos) no hay dia en que no la admire, tanto a nivel profesional como, sobre todo, a nivel personal. Compartir tu vida con alguien que te hace sentir por encima de tus posibilidades es una muestra de la calidad de la masa madre. Y si uno tiene la suerte y el privilegio de tener algo así, lo último que se puede permitir es banalizarlo o no recordárselo permanentemente. 

Ocho años en mi actual empresa y no hay dia que no sienta admiración por quienes integran los equipos en los que trabajo (mi equipo de RRHH, el Comité de Dirección, etc.). Siento absoluta devoción por la enorme profesionalidad que demuestran y, a la vez, por esa manera única de ser y por querer divertirse. También por muchos con los que tuve la suerte de trabajar en el pasado y que tanto me han ayudado en mi travesía personal. 

Amigos de la infancia que conoces de pequeño y amigos de la infancia que conoces de mayor (sí, como lo lees, amigos de la infancia que conoces de mayor, pues es conocerles y preguntarte ¿por qué no lo conocí antes? o ¿cómo puede ser que seamos tan iguales?...y sí, amo esta categoría de amigos). 

Cuenta la leyenda que la Admiración es una manera de sublimar la Envidia y no me duelen prendas al decir que envidio tantas y tantas cosas de todos ellos. Envidia como una forma si quieres de rendirles tributo. Envida por tantas y tantas cosas que me gustaría hacer como ellos. Y es esa Admiración la que también te lleva a tratar de superarme cada día porque no quieres fallarles. Porque quieres estar a la altura. Porque quieres corresponder.

Y porque les miro y pienso; joder, pero qué buen@s son!

El Entuitado: Marc Piñol



Regalo de Navidad. Todo él. Y su generosidad por querer divertirse conmigo concediéndome esta entrevista a diez tuits de los de verdad, de los de 140 caracteres con espacios incluídos. Muchas gracias, querido Marc Piñol, por este regalazo de extracto de inteligencia en cada una de tus diez respuestas que, dicho sea de paso, no tienen desperdicio alguno.

Espero que disfrutéis esta entrevista tanto como yo lo he hecho preparándola.

Nombre: Marc Piñol

Puesto actual: Jefe Regional de Ventas

Bio: Padre de 3, divorciado (62025…;). Me mueve aportar valor y contribuir desde el buen rollo al crecimiento y desarrollo de personas y equipos.

1. ¿Cuál es el objetivo de tu vida?

Equilibrar cuerpo, mente, espíritu y relaciones…. Para poder acompañar, sumar y aprender de todo aquel que me encuentre en el camino.

2. ¿Qué aprenderemos de ti?

Aprender son palabras mayores, pero si me asocian a  “buenrollo”, “equipo”, “coherencia” y “honestidad”, pues satisfecho

3. ¿De qué no querrías arrepentirte o qué no te perdonarías?

Espero podérmelo perdonar todo, pero cuando me salte mi libro de estilo o valores me enviáis al rincón de pensar, vale?

4. Tres referentes en tu vida y tres razones

Mi madre: compasión y sentido común, mi referente. Ronaldinho Gaucho: talento y sonrisa, magia. Jano Galán: hoy todavía nos guía a muchos.

5. ¿Qué papel te hubiera gustado interpretar?

El de Mel Gibson en “En qué piensan las mujeres”. Es muy tonto lo sé, pero reconozco que me gustaría.

6. Tu frase favorita es...

Vivamos de manera que cuando muramos, incluso el enterrador se arrepienta. (de mi tocayo Mark Twain)

7. ¿Qué locura te gustaría llevar a cabo y qué te impide convertirla en realidad?

Montar un chiringuito en alguna isla del sudeste asiático e iros recibiendo a todos; aunque no tengo (de momento) permiso de mis hijos

8. ¿Qué trabajo le darías a tu peor enemigo?

El de enterrador, ahahá…. y me comprometo a perdonárselo todo la próxima vez que nos veamos ;)

9. ¿Qué rezará tu epitafio?

Sabía estar, y a ratos incluso estaba…..pero ahora ya no está.

10. Las personas se marchan de sus empresas, principalmente por...

Sus jefes; y también se quedan por ellos y resto de colaboradores, si el proyecto acompaña.


Hijos de fruta

 


Hace poco visité una empresa que me hizo pensar: "no hay fruta en la cantina que compense convivir con tanto gilipollas". Lo digo por si te lo quieres ahorrar, querido colega de RRHH. Y no me entiendas mal: la fruta siempre luce, o sea que mejor con que sin, ahora, tampoco te flipes pensando que vas a ser muy guay si la frutería la acabas poniendo en la plaza central de Mordor. 

Pienso que para concursar en estas listas de mejores empleadores (la empresa de la que te hablo lo es) debería tenerse más en cuenta la lista de personas con las que uno trabaja en lugar de la lista de cosas que las empresas dan o de los folclores que rentabilizan en LinkedIn. Cambiaría el tener por el ser. Porque lo importante no es el qué, sino el con quién. Definitivamente, mucho más higiénico. ¿Te imaginas que la lista de beneficios fuera emocional y se presentara como una lista de nombres?

- Nosotros tenemos futbolín y yacuzzi y hacemos pilates y salidas de boy scouts (imagínatelo con voz de pijo) [Aunque después tengamos que tomarnos un Fortasec el domingo por la tarde].

- Pues yo tengo la suerte de trabajar con Álvaro, Anna, Lluïsa, Miguel, José Manuel, con Paula, con Tati, con Mercè, con Inma, etc. y, la verdad, no te lo cambio por tus chupicosas.

Y es que de poco sirven los beneficios sociales para compensar los perjuicios emocionales. Como cuando papá o mamá ausentes "compran" a sus hijos con regalos para compensar (?). Porque en cualquier organización siempre es  mucho más barato (que no rentable) comprar máscaras antigás para todos que cerrar el grifo de las fugas tóxicas. Porque el tonto tropieza sin querer, pero el tóxico te hace la zancadilla.

Está bien lo de las mejores empresas en las que trabajar, pero yo propondría crear la lista de  las peores personas con las que trabajar, así, rollo lista Robinson. A medio camino entre la responsabilidad social, la ética y la salud pública. ¿Os imagináis la lista? (ojo, imaginémonos una lista con todas las cautelas y verificaciones, si eso fuera posible. Que fuera realmente una lista indubitable). El precio de esta lista sería realmente incalculable, pues el impacto negativo de una manzana podrida es mucho peor que el impacto positivo de cien manzanas excelentes o, lo que es lo mismo: mucho talento necesitas para neutralizar a una persona tóxica.

En definitiva, que todos podemos ser considerados tóxicos (o tener conductas tóxicas) para una persona tóxica, pero de los cumplidos te hablaré otro día.

Manolo, no me jodas

Hay kilos y kilos de literatura sobre la motivación de las personas en las organizaciones. Que no digo que esté mal, lo que pasa es que el cuento normalmente pasa por alto una parte fundamental: que antes de motivar a la gente, lo primero que hay que hacer es no desmotivarla. A mí, con eso, me valdría.

Y digo que me valdría porque, no nos engañemos, cuando iniciamos un nuevo proyecto lo hacemos ilusionados y motivados (salvo que seamos raritos o que estemos necesitados y no tengamos otra opción), por lo que bastaría que (fundamentalmente) nuestr@ jef@ no nos jodiera vivos. A mí, con eso, de verdad que me valdría. Y date cuenta que, a la vista de la realidad, lo que pido no es cualquier cosa. 

Porque es mucho más importante no desmotivar que motivar. Y dificilísimo, como hemos comprobado todos alguna vez. Todavía hay demasiado jef@ a quien robaron demasiados bocadillos en el recreo y que ahora se vengan dando patadas a destiempo. Verdaderos profesionales de la jodienda ajena a quien te encantaría espetar un "Manolo, no me jodas". Y todos hemos sufrido a ese "Manolo" alguna vez. Hay incluso empresas de "Manolos" con despachos chapados de premios de la mejor empresa para trabajar, cuando yo lo que crearía es el premio a la empresa "Manolo free".

El impacto positivo del la motivación es muy inferior al impacto negativo de la desmotivación. 

Es como lo de las ventas y los gastos en una cuenta de resultados. Las empresas matan por vender más sin darse cuenta que se desangran por los gastos. Con la motivación pasa lo mismo.

Y ahí es donde entra la contribución inestimable de lo que llamo los "Aspiradores". Y no, no me refiero a gente que aspira a cosas. Bueno, en cierto sentido sí podríamos decir que lo que parece es que a lo que aspiran es a joderte hasta allá donde el viento da la vuelta. Me refiero a los Aspiradores como esa raza, opuesta a los "Inspiradores". Aspiradores porque "aspiran" toda la energía positiva de cualquier entorno. Son agujeros negros del buen rollo, tragándose todo lo deseable en una especie de bulimia tóxica. A un Aspirador normalmente lo detectas por lo mucho que habla sobre la importancia de la motivación y la importancia de las personas. Un producto de los creadores del "dime de lo que presumes y te diré cuánto aspiras". Normalmente lo de aspiradores les va como anillo al dedo, pues su carrera normalmente ha ascendido a golpe de comerse más "sapos" de los que son capaces de contar. Aspiradores son los que se procuran una carrera a costa de la tuya. Son los que -ni medio lleno ni medio vacío - jamás no han visto ni el vaso. Negativos por deporte. El reverso tenebroso de los Inspiradores.

De ahí que una habilidad clave de una organización sea contar con un "sistema inmunitario" fuerte (le suelen llamar Cultura) capaz de generar los "anticuerpos" necesarios para extirpar al "huésped" tan pronto como un aspirador se cuela en cualquier organización. De nuevo, otra analogía: la selección debe tener una prioridad máxima, pero nunca superior a los esfuerzos que deben dedicarse para erradicar aspiradores.

Porque, si una organización no contrata inspiradores y, además, no elimina aspiradores...normalmente acaba "expirando".

¿Cuánto tiempo es mucho tiempo?

 


¿Cuánto tiempo es mucho tiempo?. Pues depende de lo a gustito que estés (que es como me he quedado yo al responder a la pregunta 😊)

Y es que 3 meses en el infierno pueden hacerse tan eternos, como efímeros 10 años en el cielo. Porque es muy paradójico cómo el bienestar modula la sensación del paso del tiempo. “Se me ha pasado volando” o “parece que no acababa nunca” pueden ser expresiones de una misma unidad de tiempo.

Recientemente he tenido varias conversaciones con personas que se extrañaban por el hecho que no hubiera cambiado de empresa, “porque ya hacía mucho tiempo que…” o porque “ya sería hora que probara a hacer nosequé desde nosedónde”. Y mi réplica era “y todo esto, ¿para qué?”.

¿Para qué cambiar proyecto cuando el que disfrutas te hace feliz?. Hacerlo sería cambiar por cambiar. Cambiar por el hecho de ver “otras cosas”, sin pensar que “ver otras cosas” significa, a su vez, “dejar de ver otras cosas”. Porque uno puede ser tremendamente curioso y probar mundos diferentes, sin necesidad de instalarse cada semana en ellos. Y porque querer estar en todos los lados es una fórmula infalible para acabar no estando en ninguno.  

La Paciencia es la trufa blanca de nuestros días. Ese bien escaso que, junto con la Escucha y la Síntesis, forman un trío que cada vez actúa en menos plazas. Por el contrario, la Impaciencia es ese asesino silencioso de carreras profesionales, al servicio de las ansias que no distinguen entre correr y avanzar.

Recuerdo un jefe que, al comunicarle que dejaba la compañía, se limitó a decirme: “hijo, a ti lo que te pasa es que tienes la erótica del cambio”, aludiendo al subidón de cuando te llaman para ofrecerte un proyecto y que uno también se traduce por “eres sexy”. Y eso siempre gusta. Pues bien, si uno une la “erótica del cambio” con “una impaciencia que flipas”, el drama puede estar servido en forma de “¿pero cómo he acabado yo aquí?”.

No te olvides que en tu mente, siempre es mejor. Que sobrevaloramos lo positivo y obviamos lo negativo de algo, cuando este algo nos hace ilusión. Y que, erróneamente, damos por sentado que lo positivo de lo que tengo lo va también a tener lo que deseo. Que cuando piensas en estar en una playa paradisíaca no nos imaginamos el total de la experiencia, esto es, por ejemplo, la sensación térmica de estar a 40 grados y 90% de humedad; a los incívicos; la arena ardiendo; a la familia que viendo cinco mil metros cuadrados de playa vacía deciden ponerse a metro y medio de ti; a los niños repartiendo arena en tu cornea, cuando no lo hace el viento por iniciativa propia; a las abejas, las medusas y otras chicas del montón; etc. Porque en tu mente, siempre es mejor. Y porque somos cojonudos deformando lo que nos apetece.

No merecemos lo que no somos capaces de conservar (y que dependa de nosotros, obvio). Estar bien y querer cambiar sin preguntarse ¿qué significa es estar mejor? es la mejor manera de acabar entendiendo qué es realmente estar peor y lo bien que estabas antes.

Haber escogido susto.

Esbirros

 


El psicópata empresarial es un profesional del dolor emocional ajeno, incapaz todo él de sentirlo. Te mata limpio y fácil. Muchas veces ni te enteras. Acaso cuando notas tierra en la boca el día que te entierran. En “orientación a resultados” es imbatible. A foco, no le ganas. Por eso resulta uno de los cánceres más difíciles de extirpar. Se trata de un asesino silencioso con una expresión en formato PowerPoint brillante y digna de repetida admiración pública por parte de jefes que normalmente lo evalúan desde sus sillones ubicados a miles de kilómetros. Jefes que les leen, pero que no les huelen. Jefes que no les sufren ni ven el reguero de cadáveres al paso de brillantes resultados. Cáncer del chungo.

Pero a veces pasa que ciertas torpezas inesperadas, llámale si quieres serendipias, hacen que estos cánceres puedan ser eliminados. Para ello, hace falta un buen puñado de condiciones que, sin embargo, cuenta la leyenda que en ocasiones se han dado en organizaciones “sanas”, con “anticuerpos” necesarios (léase cultura fuerte) como para acabar extirpándoles de la organización.

Pero hoy no hablo de la amenaza principal, sino de sus metástasis en forma de pequeños cánceres que, una vez extirpado el principal que les ha alimentado y visto crecer, permanecen en el cuerpo, reproduciéndose y siendo capaces de llegar a más órganos que el original. Tumores malignos adyacentes con margen para el daño, pues la organización, distraída, se da por “sanada” al haber expulsado al maligno huésped principal. Se ocultan y aprovechan de la relajación postoperatoria ajena.

El psicópata de segunda es peor que el de primera. Tiene mucha menos clase y suele ser mucho menos listo. Al primero le ciega el dolor ajeno. Al segundo, la vanidad y la avaricia. Es un “quiero y no puedo”. Mientras que, como decíamos, el primero te mata con un escalpelo, éste lo hace con un cuchillo de cocina de sierra y sin afilar. Una carnicería, vamos.

Por ello, si tienes la suerte de trabajar en una empresa capaz de detectar (algunas) y extirpar a cánceres emocionales (muchas menos), lo siguiente que debe ocuparte es identificar mediante el escáner, la radiografía, el PET o TAC de turno, quiénes son y dónde habitan los esbirros del cáncer principal. Las garrapatas del pecado original. Y extírpalas también. Cuanto antes. Créeme que te corre prisa.

Chapter 2: Crack Units of Dopamine

 


In my last post I talked of bombs. Bombs raining down everywhere. I talked of the futility of believing you could control the uncontrollable. That those bombs would get you sooner or later. But maybe, just maybe, we don’t have to always be on the receiving end. Maybe we are not so alone as we think… Maybe we can call in our own artillery.

You see, we have our own weapons: a smile, an unexpected gift to give, a hug, a timely message of support or just the unleashing of the most powerful battery of words ever, such as: “thank you”; “please”; “I am sorry”; “I forgive you”; “what can I do for you”; “you’re great”; “I love you”. All these are free of charge, easy to manufacture and readilly available in order to set off an unstoppable chain of peak dopamine explosions. These words have the power to light up the world around us. These really are game changers.

Dopamine, the hormone/neurotransmitter is well known across popular culture and the media, as the main chemical underlying the experience  pleasure (though current opinion in pharmacology is that dopamine instead confers motivational salience). But little is said of our ability to manufacture and distribute this amazing drug, it’s centrality for collective well-being; or that it is free at the point of use and available to all.

We all have all this amazing firepower in our grasp. We have all these self-loading automatic rifles spreading dopamine shots everywhere. And we can do all this good for free!. With satellite technology we can even launch dopamine rockets across the world. Imagine a world with all these dopamine guns firing. Sounds sexy, right?

We should, therefore, set up crack units of dopamine marines: shooting indiscriminately because the more we shoot, the more we will be shot by others, boosting our own levels of dopamine ammunition. We can light up the skies with our smiles, blow away all types of obstacles with a timely piece of praise and gratitude – when the dopamine marines arrive there are no defences in the world which can resist us.

Chapter 1: Saving private Ryan

 


Life is far from being a Disney movie. I get it!! Life is more like Saving Private Ryan than Frozen. Life is pretty much like disembarking in Normandy during the 2nd World War. Most of the time you’re feeling completely alone, naked, and absolutely scared, while the sky is raining down bombs everywhere you look. Life continues to bombard you, dropping plenty of bombs all around you. Some of them hit you directly, some just partially hit you. Or maybe you hear the screech of bombs and explosions from afar. In any case, it is just bombs. bombs and more bombs, every single day. And this is not a movie scene you can control; turn down or switch off. This is life.

Of course, depending on the decisions you make, you can influence a little the number of times you are hit and the damage incurred, but sorry, this is life. And life is a real rain of bombs and you will get hit and hit badly sooner rather than later.  Accept it and Move On.

The most important thing is not really what is happening but what you do in response to what is happening. The only thing you can really control is your emotional reactions, your approach, your decision to move towards a certain direction or even just to stand still. Bombs will fall down anywhere at any time and anyway. Do not even try to explain why. In life, shit happens. So simple. So real.

Don’t flinch, cower or look longingly towards where others seem to be safe. The bombs will get us all in the long run. Be assertive in your decision making, be brave and be bold. Live every moment and stay true to yourself knowing the only real futility is to believe you can control the uncontrollable. Shit happens – get on with it.


WoW People: The Magnificent Seven

 


I have been fortunate enough in life to meet a fair number of "special" people. People who leave you "wanting more." People who make your day better. So what do these people have which marks them out from the rest?

Yes, they are all #1 good people and yes they are  all #2 role models for important values ​​(integrity, honesty, responsibility ...). This is obvious. If they are not good people you admire and respect, then they are not special. But still, they have something more…

Everyone will have their own take on this. Mine, after reflecting deeply on it for a while, is the following:

#3 Generosity: WoW people are generous. They give without expecting to receive, just for the simple pleasure of giving. And I'm not just talking about details that matter at important times. I'm talking about being generous with their personal time, generous with what they have. Generous because they listen (a rare ability indeed). Because generosity is when they make you feel that "the important person at this particular moment is you, not them". Generosity is when you are the first to raise your hand when something goes wrong and the first to applaud the success of others, when things go right. In an executive world where individual performance reigns supreme and harvests most rewards, generosity rises above the melee of self-aggrandizement.

 

#4 Serenity,  Deftness and Perspective. WoW people normally fight fires with a fire extinguisher instead of a fuel tank. They are people who favour peace and solutions to war and conflict. They are people who look for alternatives instead of someone to blame. They are people who propose rather oppose. People who place the right importance on everything at all times. People who never lose the sense of what is important and what is not important, even if it seems so. People who move rapidly when necessary and cautiously when required, instead of just running around incessantly in order to appear busy all the time. People who ask you why you are running rather than why you don't run. People who enjoy life; slowly savouring it instead of eagerly and obscenely gobbling it up.

 

#5. Minimalist, Pragmatic and Widely Focussed in order to make important syntheses . “Perfection is achieved not when there is nothing more to add, but when there is nothing more to take away” (Antoine de Saint-Exupéry). "A synthesis is worth ten analyzes." (Eugeni d’Ors). Because, It is not necessary to do well what, in reality, it is not necessary to do in the first place. WoW people are able to identify the essentials and stand their ground, without succumbing to the latest fads that ultimately lead to yet more unnecessary work. Brave and ready to spot and reject those energy draining zombie projects others are so drawn to. Ready and brave enough to politely inform the emperor that he is indeed naked. Ready and brave enough to say "no thanks" to what everyone knows is going nowhere but to afraid to say it.

 

#6 Meaningful Storytellers with Emotional impact. WoW people have an assertiveness, empathy and the art of building something inspiring in everything they do. People who make you see both beyond and within. They create meaning by connecting the possible with the essential. The stories they tell reverberate deeply. Emotional Troubadours. Creators of positive and lasting emotional impact. WoW people understand that we are all us stories and that we all move through interlocking stories in grand metanarratives. The best and worst of humanity has been at the mercy of a story. Think wisely yes, but WoW people understand that the correct viscera is the heart and not the brain.

 

But above all, WoW people #7 have fun and make you have fun. They even having fun storming the castle. WoW people enjoy seeing the bright side of life. Spreading positive energy, they are passionate and their passion is as contagious as their laughter. And while they laugh heartily, they also smile serenely. Wow!!

Playmaker



Cuando pienso en un símil futbolístico para explicar el Liderazgo que me pone, jamás pienso en el típico delantero centro estrella de un equipo. Jamás. Que no digo que no lo tenga sino que a mí, el Liderazgo que realmente me pone. es otro.

El Liderazgo que admiro es el del playmaker. El del tipo que está por delante de la defensa y que tiene la perspectiva de todo el campo. Del que domina en silencio todo el juego. Del que siempre pide el balón. Del que te saca de un apuro antes de que ni tú sepas que lo tienes. Del que reparte juego y que lo hace siempre fácil, jugando cortito y al pie.

El playmaker decide cuándo acelerar, cuándo frenar, cuando jugar bonito, cuando contemporizar. Es el que maneja los tempos. El que juega y te hace jugar. El que te hace mucho mejor. El que te hace brillar. Es el croupier, pero no el que gana la mano.

El playmaker es el que da el último pase para que la estrella remate a gol y sea éste quien reciba la ovación, los abrazos, las fotos y las entrevistas en la sala de prensa. El playmaker no sale en las portadas. No lo busca porque no lo necesita, porque su seguridad se comió a su ego hace ya mucho tiempo.  El playmaker lo observa todo desde una prudente distancia, feliz por haber hecho feliz. 

Y me lo imagino, justo al acabar el partido, sentado en el banco de madera del vestuario, absolutamente exhausto, oyendo el rumor de la celebración en el mismo vestuario cuando, de repente, se le acerca el goleador para, poniéndole una mano sobre el hombro y mirándole cómplicemente a los ojos, decirle: "gracias".

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Nota: si quieres disfrutar de una experiencia emocional más completa, prueba a leer este artículo mientras escuchas la canción: "First" de Cold War Kids. 

Y, si lo haces, no olvides regalarme tu feedback!. Mil gracias!!!

El bueno, el Feo y el Malo


Estamos viviendo una película de terror. Terror por las pérdidas. Terror por lo que vamos a perder. Terror por ver lo que pasa cuando le das la navaja a un mono.

No obstante, siguiendo con el símil peliculero, me gustaría pensar que, queriéndolo o no, estamos también construyendo las bases para lo que hoy (desgraciadamente) todavía es ciencia ficción, pero que seguro que mañana será lo habitual para aquellas empresas que hayan decidido sobrevivir y prosperar. 

Y ya puestos, por nombrar tres claves, que sea también recuperando uno de los clásicos del Western: "El Bueno, el Feo y el Malo", a saber:

El Bueno

Recuperemos el concepto de organizaciones líquidas (obligados hoy, tras entender lo de entornos volátiles). Aquellas donde "el trabajo no es un lugar". Aquellas en las que la Flexibilidad Digital es el medio de elección. ¿Para qué limitar el Teletrabajo?. ¿La oficina que tenemos cubre en tamaño y funcionalidad las necesidades que tendremos post COVID19?. Oye, que igual sí; lo que yo digo es que repensémoslo, porque estamos afrontando (desgracia mediante) una de las "pruebas piloto" más bestias que veremos en nuestras vidas: buena parte de la población, currando desde casa y, en muchos casos, los números siguen saliendo (o incluso mejorando). Visto así; ¿acaso no hay que replantearse el modelo de negocio?; ¿acaso no hay que pensar que lo que era un coste necesario (oficinas) puede pasar a ser un coste (total/parcialmente) discutible?. ¿Las vacaciones tienen sentido, tal y como las concebimos, en un entorno flexible de los de verdad?, que no digo que no tengamos (imprescindibles) períodos prolongados de desconexión; hablo del modelo actual, tal y como no lo discutimos. Y la guinda: ¿Os acordáis de aquello de el Registro de la Jornada Laboral y la Desconexión Digital?...aquí, mi hija pequeña haría....Booooooom!


El Feo

Habilidades que hasta ahora habían sido el patito feo o tan siquiera se habían ganado el dudoso honor de aparecer en los antiguos diccionarios de competencias (negocio tan prolífico para quien lo vendía como inútil para quien lo compraba), ahora se han vuelto tremendamente sexy. ¿O acaso no es sexy ver como alguien mantiene la calma/aplomo/empaque/serenidad/llamalocomoquieras ante el estrés locomotor colectivo?. ¿Acaso no es sexy que alguien te enseñe a convivir mejor con la incertidumbre en lugar de mentirte con un "tranquilo que la Seguridad está aquí, que me dice que ahora viene...". O la importancia de mostrar Cercanía Objetiva, en un momento en el que la Emocionalidad parece haber cogido el mando.


El Malo

Pues "el bicho", claro. El puto COVID19, que nos ha dado una hostia de realidad y nos ha dicho en toda la cara: "chaval, pensáis que controláis el mundo y no controláis nada". Fragilidad. Fragilidad máxima que nos ha de conducir a la Humildad y al concepto de Liviandad, esto es, darle la importancia justa a cada cosa, en especial a las cosas que no son importantes, que aunque suene extraño decirlo así, sé que me has entendido perfectamente.

Fíjate bien: millones de personas han perdido sus empleos. Centenares de miles de muertes. Crack bursátil. Debacle del PIB. El petróleo a mínimos históricos. En Italia hay saqueos de supers y espérate en EEUU, que allá se pasean pistolas... y todo, porque al parecer un tipo se zampa un murciélago Wuhan. Toma globalización. Toma macabro Efecto Mariposa (¿o deberíamos llamarle el "efecto del maldito murciélago"?.

¿Qué aprender?, pues que somos irrelevantes en el juego global. Que no tiene sentido creernos importantes para quien no lo somos. Que no eres tu tarjeta de visita. Que uno de los liderazgos más trascendentes es el Liderazgo Emocional. Que la vida es un suspiro, de verdad. Que, como decía aquel, nos obsesionamos con tontadas mientras lo Esencial nos espera, incrédulo. Y porque lo único que no podemos permitirnos es no aprender de lo que está pasando y que, sin duda, volverá a pasar. La primera vez, será culpa del "bicho". La segunda, será culpa nuestra.

Mientras tanto, vayamos desterrando expresiones como "business as usual" o incluso la pura denominación de "teletrabajo", apellido que esta coyuntura ha convertido en superfluo.

Obviamente, a estas alturas ya te habrás percatado que mucho de todo esto poca aplicación tiene para puestos ligados a fabricación / distribución; tampoco en determinados entornos, pero no así a tantos otros. A aquellos a quienes va en realidad dirigida esta reflexión. 

Porque esta película está rompiendo mantras e inercias mentales del pasado y obliga a revisitarlo todo, no para resquebrajar nada por deporte, sino para confirmar qué cosas siguen siendo válidas, qué otras no y qué otras son necesarias que antes no lo eran. 

Señoras y señores, disfruten adecuadamente de la película.

El cisne negro y sus maracas (6 competencias al alza)


Estamos en una situación singular, de Cisne Negro total, donde algunos ven desgracias y otros, oportunidades. Donde unos se comportan y otros se descomportan mientras nos mostramos como somos, desnuditos por la presión, la incertidumbre, el miedo, la infoxicación y la infodemia (gracias @Nekane Rodriguez por el término).

En este contexto, lo que me doy cuenta que valoro más, con diferencia, son las siguientes habilidades que todos tenemos en grado diverso...y que en mi opinión serían las siguientes seis:

#1 Síntesis: Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Menos es más, también cuando hablamos o escribimos, pues la atención ajena se distribuye entre la información que emitimos: demos sólo la información mínima imprescindible que el otro necesita y captaremos al máximo su atención. Si le metes un rollo que tú consideras importante, estás invitando a la desconexión por salud mental. No suelo leerme correos de más de 4 o 5 líneas y procuro escribir e-mails de máximo 2-3 líneas (aunque la gran mayoría son más breves) y siempre digo que la importancia de un e-mail es inversamente proporcional a su extensión. Recuerda: estás transmitiendo una información útil para el otro, no presentándote al Premio Planeta. Escribe bien (sin faltas, que esta es otra) lo que sea esencial.  

#2 Serenidad: llámale empaque, llámale aplomo, calma, livianda o control emocional. Las cosas no son como son, son como somos. Sé consciente y no contagies algo peor que muchos virus: tu descontrol. Puedes ser fuente de buen rollo a cascoporro (ver #4) sin perder nunca el control de ti. No lo confundas: estar sereno no equivale a ser un seta. 

#3 Empatía: entiende desde qué mirada del mundo el otro te está hablando y respétala, porque no es peor que la tuya (si no lo ves así, tienes un problema mayor). Procura que el otro se sienta escuchado para que la conexión aparezca y pueda construirse (junto con otros factores) la confianza necesaria.

#4 Energía positiva: hay gente que da energía (givers) positiva o negativa y otros que te la quitan (takers). Obsesiónate en generar energía positiva en plan salvaje. ¿Que el optimismo resta objetividad?. A la mierda la objetividad en determinados momentos donde la pasión, el buen rollo, la risa ha de ser la emoción útil que nos mueva hacia adelante. Las emociones fluyen por contagio y, al final, todo va de emociones: la felicidad, el amor, la economía, el fútbol, etc. 

#5 Contextualización: No pierdas jamás el marco general en el que cada acontecimiento sucede. No pierdas jamás la perspectiva, ni la visión a largo plazo. Relativiza. Pon números y porcentajes, abandonando por momentos el valor absoluto. Aporta nuevos enfoques que enriquezcan la perspectiva. Levanta la mirada para evitar que nos duela la nuca de mirarnos los pies mientras caminamos. ¿Qué impacto tiene X o Y en el ecosistema mundial?...y tómatelo con #2 Serenidad.

#6 Foco: Que nada te aparte de tus objetivos. Pocos y muy relevantes. Con un porqué y un para qué claros. Inamovibles en lo esencial, flexibles en lo accesorio. Ten claras tus prioridades. Di No (o ahora No). Apártate de la multitarea como de la peste. Una cosa, bien hecha y con el tiempo que requiera antes de pasar a la siguiente. Somos drogadictos del todo a la vez.

Seguramente habrán más, claro que sí, pero desde luego que para mí estos son, hoy más que nunca, competencias al alza en esta situación tan compleja que vamos a superar (otra más) todos juntos.