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sorber y soplar



Es imposible sorber y soplar a la vez. Pruébalo. Es imposible. Por mucho que los gurús del  "todo a cien" te engañen con el "si quieres, puedes". No se puede. Así, en absoluto.

Tampoco se puede tener una vida cómoda sin haber tomado decisiones incómodas, salvo que te toque la lotería o circunstancia similar (e incluso así). Vivir cómodo a largo exige vivir incómodo a corto. Y aquí la Psicología ya nos ha demostrado que resulta muy difícil diferir la recompensa pero, a la vez, que quienes son capaces de hacerlo en pro de un bien mayor postergado tienen una mayor probabilidad de éxito.

Conseguir cualquier cosa mínimamente relevante exige tiempo. Y esfuerzo. Y paciencia. Y resiliencia. Y tolerancia a la frustración...y otras chicas del montón. Porque tener lo que tiene Juanita es tan simple como hacer lo que hace Juanita, en especial, comprometerse con sus mismas renuncias. Y, salvo que todo te haya venido dado o negado en esta vida, comprar sin mirar el precio exige trabajar sin mirar el reloj. Y eso ya no mola tanto...sobre todo cuando la primera clase de la asignatura de Relatividad siempre empieza con la frase "yo trabajo muchísimo".

Tampoco resulta fácil ir en busca de la felicidad enfundado en un pesado traje de queja. El otro día tuve que coger varios taxis en una misma mañana. La primera carrera la hice con un taxista que tenía el taxi casi tan sucio como iba él, que conducía a tirones y que no paraba de despotricar contra todo y contra todos, haciendo especial hincapié en lo mal que estaba el trabajo. La segunda carrera la hice con un taxista que iba impecablemente vestido y con un taxi que, aún no siéndolo, parecía nuevo de lo cuidado que estaba. El segundo taxista se mostró amabilísimo y, antes de irme, me agradeció la conversación y me dio su tarjeta por si lo necesitaba. Mismo contexto laboral (lo que pasa) pero diferentes enfoques (lo que haces con lo que te pasa): probablemente resultados diferentes.

También está el del lamento crónico, esa suerte de rey del "pero" que suele sufrir de "esquerosis múltiple". Ya sabes, ese que no para de dar la turra en contra de la empresa mientras no hace nada para mejorarla y/o que cuando prueba a optar a puestos en otras empresas, todas a coro le dicen que no. "¿Qué hago mal en las entrevistas?", me preguntan. Pues "ser tú mismo", pienso yo muchas veces, aunque eso reconozco que no lo digo. Y es que si, tras insistir, ves que no te quieren en ningún otro lado, deberías ser consciente que estás en el único lugar que te soportan o, como mínimo, en la empresa que te quiere más para, al menos, no dar tanto por el saco. En esos casos, es una verdadera putada que no tengas ningún amigo de verdad que te recuerde que, contigo, la empresa está haciendo un acto que raya la beneficencia. 

Aceptémoslo: todo a la vez no se puede. Elige. Prioriza. Focalízate...y acepta el compromiso con una larga lista de renuncias sin mirar atrás, porque, si eliges sorber, no vas a poder soplar. 

Hoy lo dejo.


La realidad de perder 16 de las últimas 20 partidas de Ajedrez sentía que me gritaba una y otra vez "déjalo, que está claro que el Ajedrez no es lo tuyo". Hechos que reforzaban la idea de mi inmunidad al aprendizaje y del tener que afrontar que quizás no era el lápiz más afilado del estuche. En paralelo, me emborrachaba de videos de Youtube viendo campeonatos online del genio argentino y Maestro Internacional de 11 años Faustino Oro en los que el pequeño bromea y comenta online sus partidas a ritmo Blitz (de tan solo 3 minutos con dos segundos de incremento por jugada) al mismo tiempo que las juega y va destrozando uno tras otro a grandes maestros como si fuera - y nunca mejor dicho - un juego de niños. Sobrado de recursos y con un cálculo prodigioso, aquello todavía acrecentaba la distancia entre mi deseo de llegar a jugar decente algún día y mi nivel de juego actual.

Y así, hecho unos zorros a nivel de motivación y con la idea de darme unos meses de reflexión, comencé mi clase diciéndoselo así a mi profe de Ajedrez, un Maestro Internacional con grandes dotes para la pedagogía. Y lo que me dijo para reflotar al muerto fue lo siguiente, que os resumo:

1. Perspectiva: "Has bajado 150 puntos en los últimos 90 días. Cierto. Pero si te fijas bien, estas 16 partidas y los 150 puntos los has perdido todos en sólo dos días concretos. Dos días malos en los que te obsesionaste en seguir jugando cuando no estabas para jugar y que explican todo el retroceso.". Y continuó con una visión más general, con "empezamos hace tres años y tenías 700 puntos. Hoy, tres años más tarde, tienes más de 1000, lo que hace indiscutible que has mejorado y, por cómo juegas, hoy haces jugadas desde conceptos que nunca antes te hubieras planteado". 

Tres años para mi era una vida, cuando para el aprendizaje del Ajedrez es nada, máxime porque el tiempo no es una unidad métrica útil (imagínate que juegas 1 partida al año. En 3 años de "aprendizaje" lo habrás hecho con solo 3 partidas) sino la "densidad de partidas", esto es, las partidas analizadas que juegas por unidad de tiempo (más allá del entrenamiento, base de todo). Y yo, que en 3 años he jugado apenas 3000 partidas, pensando que era mucho, me puse a comparar y vi que mis contrincantes habían jugado un promedio de más de 20.000. La perspectiva es clave. Y también ser consciente de que la recompensa (aprendizaje) suele ser progresiva al esfuerzo (3000 vs 20.000).

2. Aprendizaje no lineal: Conforme vas mejorando, te van emparejando con rivales más fuertes, por lo que es normal que vayas perdiendo más partidas al comienzo. Ello explica por qué el gráfico de mejora no es lineal y habitualmente presenta un perfil de sierra creciente.

3. El error es para todos: enseñándome una partida en la que un Gran Maestro perdía una partida clave de un campeonato cometiendo un error de bulto.

4. Lo que cuenta es el cómo, más que el resultado (a mi nivel y para mis fines): esto es, me comentó que analizó mis partidas y en ninguna me "machacaban" sino que conseguía posiciones mejores que mis rivales con más tiempo en el reloj (que es un buen indicador de nivel de cálculo y conocimiento) pero que la partida la acababa perdiendo yo por "colgarme" alguna pieza (que quiere decir que te la capturan por dejarla desprotegida). "Las partidas las has perdido tú, más que te las han ganado los demás, lo que debe mantenerte optimista con tu evolución".

5. Adaptación inmediata: viendo mi estado de humor, adaptó los contenidos para que fueran más amenos y sencillos (eso lo intuí) para "recuperarme" a nivel de motivación.

6. Despresurizar: "Si quieres tomarte un tiempo de descanso, genial. Lo importante es que te diviertas".

Y así que, al final, mi obstinación (que me encantaría dulcificar diciendo resiliencia o persistencia) hizo que agendáramos una nueva clase dentro de poco tiempo. Cuenta la leyenda que el dolor de bajar los brazos era superior al del propio aprendizaje.

El Ajedrez debería ser una asignatura obligatoria en todos los colegios por todo cuanto te da (cálculo, estrategia, toma de decisiones bajo presión - del tiempo -, resiliencia, memoria, concentración, tolerancia a la frustración, gestión de estrés...) pero, sobre todo, por todo cuanto hace que aprendas sobre ti.

Palabra de principiante.

Esa montaña



Hubo una vez en el que una persona sabia, rodeada de misticismo, me dijo que tenía que aprender a ser esa montaña. 

Esa montaña que, sabiendo quién es y con qué objetivos y prioridades se ha comprometido, se mantiene inamovible ante modas y presiones que huelen a inútil y que hoy soplan por el Sur, pero que mañana lo harán por el Norte. Impasible al desgaste de su corteza, resiliente siempre a fuegos, plagas e inundaciones. 

Esa montaña que se esfuerza al máximo en aquello que forma parte de su ámbito de control e influencia y que, a la vez, acepta con sereno estoicismo todo aquello que le acontece y que queda fuera de dicho ámbito. Esa que persiste, firme, tras cada fracaso. Esa que se perdona y que busca el legado a largo plazo en pro del postureo a corto. 

Esa montaña sujeta por raíces y ajena al qué dirán, que vive en paz consigo misma sin perder de vista nunca el horizonte y que asume la crítica de su camino por parte de aquellos que nunca se han puesto sus zapatos. Esa que no pone excusas que sus amigos no necesitan y que a sus enemigos no les importan. Esa que no se queja. Esa montaña que, pase lo que pase, va a seguir estando ahí: en hacer lo correcto por el simple hecho de ser lo correcto.

Quizás no supe verlo en aquel momento y tan sólo me faltaran esos veinte años de nada para asumirlo, pero, en definitiva; ¿qué son veinte años para una montaña?


Vasos comunicantes - Employer Satisfaction?

 



Ríos de tinta sobre Employee Engagement o el Employee Satisfaction pero poco sobre el Employer Satisfaction, como si no fueran los padres quienes sostuvieran a sus vástagos. Que no digo yo que no se deba velar por el bien del peque, pero qué poco dura éste en los lares profesionales sin el cobijo de sus padres que son, en definitiva, quienes se juegan el tipo para pagar la fiesta. 

Satisfacción del Empresario; sí, me refiero a ese vade retro Satana de los alérgicos al esfuerzo en pro de la dádiva divina y/o de los caídos en la marmita sindical llena de Eau de Naphtaline.

Entenderlo es fundamental para pasarse el juego, así que voy a tratar de explicarlo fácil tal y como lo entiendo yo:

Imagina tres vasos comunicantes llenos de líquido como los del dibujo chusquero que ves y que está hecho a medias por una IA (justo hoy ha salido ImageGen para chat GPT que da un salto cualitativo, aixx):

a) En el tubo de la izquierda tienes el "Valor" que aporta el empleado, con absoluta independencia de su esfuerzo, horas invertidas o lo simpático que sea. El tubo tiene un émbolo que empuja el líquido hacia abajo cuanto mayor es el valor aportado por el trabajador.

b) En el tubo de la derecha tienes el "coste" de mantener al empleado. Y no me refiero sólo al económico. Si el trabajador es un imbécil integral eso es también un coste (y un coste hundido, dicho sea de paso). Este tubo también tiene un émbolo que presiona el líquido hacia abajo cuanto menos coste representa mantener a ese trabajador.

c) Finalmente, tenemos el tubo central que no tiene émbolo y que se llena más o menos a consecuencia de las presiones de los émbolos de los tubos adyacentes. Este tubo refleja la verdadera Satisfacción del Empresario. Así de simple. Así de crudo. Así de real.

Cuanto más valor aportas y menos cuestas, más satisfacción generas y más lunas de vida te garantizas. 

¿Que quieres ganar más pasta y eso hace que el émbolo del tubo de la derecha se levante? ningún problema, siempre que seas capaz de presionar el tubo de la izquierda aportando mayor valor, de modo que el nivel del tubo central -como mínimo - no baje. Lo llaman dinámica de fluidos o también...sentido común. 

En mi barrio también lo conocen por "quien quiere mayor premio tiene que pagar mayor precio".

¿A que parece simple?, pues igual no te lo crees pero es una de las cosas que más rápidamente se olvidan en las organizaciones...









Quítate

 


 A partir de una cierta edad la vida va de quitar en lugar de añadir. Va de vivir con menos y no de vivir con más.

Va de quitarte conocidos con ínfulas de amigo que te hurtan este tiempo que se merece el amigo de verdad.

Va de quitarte la importancia que nunca has tenido y de quitársela también a los demás; de quitársela a ese monstruo del qué dirán. Quitarte de ti mismo. Del pensar que tus problemas son mayores que los del resto y que, por tanto, requieren de mayor atención. 

De quitarse la presión de equivocarse y el miedo a intentarlo. De quitarse de la justificación que un amigo no necesita y que no le importa al enemigo más que para reciclarla.

Quitarse del exceso tóxico del comer y beber e incluso del no estar.

Quitarse de hablar mucho para que te escuchen más o de rellenar silencios preciosos con un ruido que nadie te pide.

Va de quitarse de la ecuación, siendo consciente que tu tiempo ya va pasando y que ahora va siendo el de otro. 

Quitarte de acumular cosas para dejar paso a esos momentos. Quitarte de modas estúpidas y de seguir corrientes empujadas por incapaces con intereses.

Quitarte de enfadarte, de no perdonar o incluso de no perdonarte. Quitarte de recordar lo negativo para acordarte de lo significativo. De quitarte años de la cabeza. Quitarte lo que no pudo ser para dejar espacio a lo que podrá ser. De cambiar el "si hubiera" por el "y si hago...?"

De quitarte de obstinarte en tus opiniones o creencias, de quitarte de lodazales digitales, de bajar a discutir con imbéciles o de incluso quitarte de pensar que quien está ahí es porque se lo merece. Quitarte de pensar que el Pueblo es sabio o de que cada vez estamos peor.

Quítate silenciosamente del ruido. Porque en el arte de quitarse, el artista, sólo puedes ser tú.


PLANIFICA COMO UN IMORTAL. VIVE COMO UN TERMINAL


En Menorca decimos "totes ses deixades són perdudes" para una resaltar una obviedad que obviamos: que oportunidad que dejas pasar, oportunidad que pierdes.

Y es que hacerse mayor tiene algunas ventajas, como que el disfrute ya no lo demoras indefinidamente como antes. Progresivamente aprendes a cambiar el "igual más adelante" por el "saca la agenda y cerramos fecha". 

Rondar la cincuentena significa que has vivido ya varios tanatorios inesperados y que empiezas a oír el rumor del disparar de ese Hundir la Flota en el que, de momento y por suerte, vas gritando "agua!".

Rondar la cincuentena significa "dar la vuelta a la paletilla" y comenzar ya la parte más reseca. Esa parte en la que tu mente te engaña pensando que llegarás a ese balón como cuando tenías veinte años, mientras tu cuerpo se ha quedado clavado en el suelo, a quilómetros del balón, descojonándose de la risa. Esa parte en la que tu mente te engaña pensando que sigues siendo un adolescente y que esas Nike Air Max Plus que te estás probando realzan tu segunda juventud, mientras el adolescente insiste en equivocarse llamándote repetidamente "señor". Esa parte en al que tu mente te engaña y te pone a correr vestidito de fosforito.

Rondar la cincuentena significa vivir estando de vuelta, ver pasar las modas desde un globo y aprender a invertir mejor lo único que no recuperas: tu tiempo de vida. Significa querer en tu vida sólo a aquellos que te quieren en la suya. Significa vivir en la época del Carpe Diem y del Memento Mori. En la época de cambiar pongos que no te llevarás por experiencias que te generarán esos dividendos emocionales hasta que puedas. Denzel Washington tiene razón al decir que "nunca verás un camión de mudanzas tras un coche fúnebre".

Error tan mentalmente higiénico como pretencioso el asumir que viviremos hasta los 80 y que, de hacerlo, lo haremos sin calzarnos un pañal todos los días. Como diría Emilio Duró "esto a mejor, no va". Así que, si puedes, te apetece y no dañas a nadie entonces pregúntate: ¿Qué te lo impide? y afronta la respuesta.

Y no, desde luego que no hablo de locuras ni de quemar naves. Hablo de planificar como un inmortal pero de vivir como un terminal, comiéndote la vida a bocados gordos saboreando las pequeñas cosas y, así, hasta que la Muerte te pille habiendo vivido. 

Recuerda, vivimos en una sala de espera temporal. 

Feliz verano, tropa.

Mantener (from screen to screen to skin to skin)

 


Estamos en la loca era de vital donde los verbos top suelen ser "ampliar", "incrementar", "crecer", "escalar" y otras chicas del montón. El mundo ya no es suficiente y si no vives en la expansividad pintas a rara avis.

Pues yo me bajo aquí, junto a uno de mis verbos favoritos al que se le está poniendo cara de antiguo (llamémosle vintage). El verbo "mantener" o ese cada vez más extraño superpoder al que quiero poner en valor hoy y siempre.

La capacidad de mantener. Joder qué bonito suena pero qué jodidamente difícil es, a veces, conseguirlo.

Llegar y Conseguir son siempre más amables que Permanecer y Mantener, ambos cinturón negro de la resiliencia vital, sobre todo cuando las cosas se ponen feas. Mantener esa sonrisa ante la adversidad, reflejo inequívoco de "seniority" o mantener esa calma y esa ecuanimidad ante las grandes mareas, qué remedio tan bueno y a la vez escaso para no contagiar el desánimo.

Mantener esa mirada que altera bioquímicas mientras te lo dice todo sin decir. Esa mirada cómplice que estrecha vínculos y brota de empatía, en el polo opuesto a la luz azul de las pantallas que inocula extrañeza social entre nuevas generaciones, cada vez más ajenas al "piel con piel".

Y aunque en inglés sea más pegadizo, no es menos cierto que deberíamos pasar del "screen to screen" al "skin to skin". Un abrazo de más de ocho segundos es terapéutico y no debería suscitar más allá de un balsámico agradecimiento. 

Mantener a tu pareja. Mantener unida a la familia. Mantener a tus amigos de la infancia. Mantengamos en nuestras vidas para siempre a los de siempre. Que eso no significa hacerlo de manera tóxica ni a cualquier precio, pero probablemente sí a un precio mayor del que nos estamos desacostumbrando a pagar. Mantener tus cosas y tus gentes y arreglarlas cuando se rompen en lugar de reemplazarlas. 

Empeñémonos en ser merecedores de ser mantenidos en las vidas de quienes nos importan. Hagamos lo que decía Oscar Wilde y queramos en nuestra vida a quien de verdad nos quiera en la suya.

Mantener la salud. Unos buenos hábitos de vida. Mantener aficiones y lugares comunes.

Mantener tu trabajo, tu esfuerzo, tu generosidad, tu foco, tu prioridad, tu generosidad, tu tiempo de vida intacto, tu dignidad y esas tantas otras cosas buenas por mantener. Mantener el recuerdo de los que ya no están y merecieron seguir estando.

Y mantener también ese sano hábito de dejar de mantener lo que no te sostiene. Mantenerte firme (que no rígido) en tus convicciones. Mantenerte siempre en tu palabra como el más sólido contrato que puedas establecer contigo mismo.

Cuenta la leyenda que "no merecemos aquello que no somos capaces de conservar", sin que ello sea necesariamente bueno o malo (a veces se hace necesario), de ahí que resultará esencial discernir aquello que merece ser conservado y aquello que no lo merece para mantenernos firmes en ambos frentes. ¿Has hecho nunca este ejercicio?.

Mantengámonos pues en lo que valga el esfuerzo para perdurar de la mejor manera posible cuando ya no estemos: en el recuerdo de aquellos que nos quisieron.

Participación en la cuarta prueba del VII Circuito Blitz Illa de Menorca de Ajedrez.

 


El pasado 16 de agosto participé (por segundo año consecutivo) en la cuarta prueba del VII Cirtuito Blitz Illa de Menorca de Ajedrez. 

Los que me conocéis sabéis de mi afición al Ajedrez, con absoluta independencia de mi pésimo nivel aficionado. Llevo un año "entrenando" lo mucho o poco que mis prioridades me dejan al lado de un brillante Maestro Internacional que se carga de paciencia en cada clase para verme mejorar a duras penas, pero aún así yo empeño y voluntad le pongo a tope! :)

La cuestión es que, sin ser consciente del nivel real, me decidí a participar como aficionado en una prueba donde la mayoría son participantes de club federados y donde el jugador federado de menor nivel duplicaba (literalmente) mi nivel (en ajedrez, la "fuerza" de un jugador se mide en un rating llamado ELO). El resumen: el año pasado gané 1 partida de 9 y este año gané 3 de 9. Y no veas lo feliz que me fui a casa.

A destacar:

  • La gran afición que en Menorca hay por el Ajedrez; el enorme nivel de participación (82 jugadores!) y preparación de los ajedrecistas (por citar uno, destacar al Maestro Fide Joan Cubas, 8 veces campeón de Baleares). De hecho, de Menorca es el mejor ajedrecista español de todos los tiempos: Paco Vallejo, número 34 del mundo, lo que es una auténtica animalada.
  • La fantástica organización a cargo de Llorenç Cardona, el hombre orquesta que se encarga de montar, desmontar, dar premios, organizar las rondas, jugar, arbitrar, etc. Poco se habla de Llorenç Cardona y de su impagable labor de fomento del Ajedrez en Menorca, siempre con una enorme sonrisa y actitud imbatible.
  • El gran ambiente que siempre genera el ajedrez
  • El nivel de competitividad, viendo a jugadores repasar mentalmente a posteriori victorias y, sobre todo, derrotas.
  • Algunos curiosos perfiles de personalidad, que los hay. Un botón, como muestra: en mi primera partida, jugué (digámoslo así) con una persona de nivel infinitamente superior al mío que a las pocas jugadas ya me había machacado y, de repente, él tipo considera la partida acabada mientras me musita un comentario sobre la partida a lo que yo, con ganas de seguir alargando la sangría para aprender y sin entender mucho lo que me estaba diciendo, decido seguir jugando y presiono mi reloj para darle paso a su turno a lo que él, visiblemente molesto, sigue jugando a regañadientes hasta que me rindo a la evidencia. Que igual digo yo que rompería alguna regla de caballerosidad no escrita en Ajedrez (si es así, lo siento) pero lo que sí me pareció es que la partida acabó en Ajedrez 1 - Empatía 0. 
  • La importancia del Ajedrez a todos los niveles: concentración, resiliencia, memoria, cálculo mental, foco, estrategia, manejo de emociones, toma de decisiones bajo presión (el campeonato se jugaba en la modalidad de Blitz a 4 minutos + 2 segundos de incremento por jugador, en total) y un largo etcétera, suficiente como para que debiera ser incluído en el curriculum académico de todos los colegios.
Os dejo el enlace al interesante blog de Llorenç Cardona sobre este circuito y otros temas de Ajedrez.

A seguir mejorando (con paciencia y visión a largo plazo) y seguir intentándolo el próximo año. 



De a muchitos y de a poquitos



Creemos que innovar sólo es inventar el Iphone y así nos obsesionamos en comprar garajes a ver si eso. Creemos que mejorar el mundo es crear una nueva máquina que elimine el plástico de los océanos o crear un nuevo biocombustible limpio. Piensa a lo grande!, nos cuentan normalmente los grandes pasadores de diapositivas. Así es como pasa la Vida y así es como no pasa nada en ella.

Cuando el reto es mayúsculo, mayores son las fuerzas de sentido contrario, léase la pereza o las excusas tipo "es imposible", especialistas en el no hacer. De ahí que mi propuesta hoy sea que nos centremos, en lugar de provocar grandes cambios, en ir acumulando pequeños cambios positivos de manera sostenida en el tiempo. De hecho, los japoneses ya tienen una palabra para este concepto: Kaizen.

Cuando voy a la playa me gusta recoger y tirar los pequeños plásticos que a veces me encuentro flotando en el agua, mientras veo a muchos otros simplemente apartándolos de manera indiferente. Cuando voy a tirar la basura y me encuentro una lata en el suelo la recojo y la tiro, donde otros la han dejado caer o bien la han tenido que sortear para ir a tirar su basura en el mismo contenedor donde la estoy tirando yo. Que no voy a ponerme yo ahora como ejemplo de nada, pero lo que digo es que ese imperceptible "qué más da" interior es lo que acaba resolviendo el asesinato. 

Si todos incorporáramos pequeños hábitos seríamos una sociedad mejor habitando en un planeta mejor: esto es Kaizen.

Ir a un restaurante y, si has quedado contento, acércate al responsable y díselo. Si vas a una excursión y el guía hace su trabajo de manera excelente, díselo también. Le alegras el día y te lo alegras también a ti. Si ves algo en una tienda que le puede gustar a algún amigo, regálaselo por sorpresa. Existe una suerte de ley universal de la reciprocidad te hace recibir aquello que das, si lo haces de manera sostenida, genuina y sin esperar jamás nada a cambio.

El cambio positivo en la vida viene más por muchos poquitos que por pocos muchitos. Viene por muchas personas haciendo poco más que por pocos haciendo mucho. Viene por hacer lo correcto por el simple hecho que es lo correcto. Hacer lo correcto, no porque nadie te lo reconozca o porque nadie te esté mirando. Hacerlo porque quien realmente te estás mirando eres tú.

Hacerlo al propósito


Sin un propósito, la vida es un deambular. Porque no hay viento bueno para el que no sabe adónde va, cuenta la leyenda.

Me gusta revisar mis porqués de vez en cuando. Declararlos y hacerlos públicos, como si con ello reforzara todavía más mis compromisos y sus correspondientes renuncias.

Y si es cierto que con el nacimiento de mis hijas entendí cuál era mi verdadero propósito en la vida, lo que quiero hoy es dejarlo por escrito con algo más de detalle. Para mí y por si alguna vez lo leen mis hijas (llámame optimista).

Así pues, largas listas de deseos y obviedades aparte, si tuviera que centrarme, diría que mi propósito vital es:

a) Dejar un Legado cuando ya no esté. Trascender. Que para mí significa:

  • Dejar un bonito y duradero recuerdo de ser buena gente y un tipo divertido en la mente de familiares y amigos.
  • Que mis padres me consideren un buen hijo, mi mujer un buen marido, mis hijas un buen padre y mis amigos un buen amigo.
  • Procurarles a mis hijas los recursos económicos, intelectuales y experiencias vitales necesarias para que tengan la posibilidad de pensar y decidir libremente lo que van a ser en sus vidas.
  • A la Sociedad, devolverle parte del conocimiento que habré acumulado en mi vida para evitar que se desperdicie (en una especie de economía circular intelectual)

  

b) Disfrutar del viaje con liviandad, ayudando y haciendo sonreír a quien lo merezca y no haciendo daño al resto. Aprovechar cada instante sin pensar ni en el ayer ni en el mañana y aprovechar las oportunidades de pasarlo bien sin postergarlas innecesariamente. 

Obvio que la lista podría ser mucho más larga, pero en aras de buscar en foco en lo esencial, estas dos serían mis dos prioridades.

Para mí siempre ha sido muy importante saber el propósito de mi vida. Mucho. Porque me ha ayudado siempre a tomar decisiones. Es decir, para cada decisión importante en mi vida me pregunto; ¿me aleja o me acerca a mi Propósito? ¿contribuye a mi Propósito o no?. Porque si no me acerca o no influye de manera positiva a mi Propósito, lo descarto para evitar invertir tiempo de mi vida en causas erróneas.

De ahí el juego del título, para pasar de hacer simplemente las cosas a propósito a pasar a hacerlas AL Propósito.

Y tú; ¿tienes claro el Propósito de tu vida?


Contratamos por Talento y despedimos por Talante (Marcos Urarte dixit)


Se nos acabó el
War for Talent de tanto usarlo. Entre todos lo matamos y el solito se murió.

Y es que poquito a poco vamos desterrando el concepto del Talento como esa señora o señor con túnica blanca que, desde su pedestal de capacidad nos alumbraba al resto que, medio tontos, lo admirábamos como un todo indivisible.

El Talento no es un rasgo sino más bien un estado. Un estado volátil, más bien diría yo. Porque no creo en el Talento persona sino en los talentos que cada uno de nosotros tenemos. Creo más en los cien gramos de cinco jotas que no en el lechón entero.

Todos tenemos talentos por encima de la media. Y eso es precisamente lo que debemos aprovechar y lo que, también, las empresas necesitan para sobrevivir. No necesariamente la concepción de que una persona es talento y lo será para siempre. Que esta es otra.

Todos tenemos talentos en un momento dado y en otro no. Muchos de ellos vienen y se van, como algunas alergias. Ejemplo tonto: a mí se me daba realmente bien programar en Pascal, pero; ¿acaso recuerdas qué era el Pascal?.

Lo que digo son dos cosas: uno, que las empresas deberían dejar de gestionar el talento por piezas completas y, en lugar de nombres en las Talent Grid, lo que deberíamos diseñar es el mapa de talentos. Y dos, que si Fulanito tiene un don para la comunicación, pues que utilicemos ese don para cuando el proyecto lo necesite, pero no necesariamente esclavizar a Fulanito desde el inicio de un proyecto en el que sólo aportará valor cuando deba desplegar su talento, quizás en la fase final.

Identifiquemos los talentos específicos de cada persona y utilicémoslos sabiamente solo cuando sean necesarios.

Y ahora que pienso, el otro día leía un interesante artículo de mi querido Pau Guarro I Oliver, CEO de referencia en BETWEEN Technology, sobre el concepto de “Talent Centric” a incrustar en las empresas. Y obviamente nada que objetar, pero sí me gustaría aportar otra mirada y hablar mejor de “Attitude Centric”. Porque talento hay. Mucho. Y tengo la suerte de verlo en cada entrevista que hago. Gente realmente capaz. Tanto es así que creo que el Talento es hoy, más que nunca y por razones diversas, una commodity. A poco que aciertes, talento – salvo algo muy extraordinario en algo muy específico – no te da la ventaja competitiva, si no tiene la Actitud adecuada. Y eso sí me cuesta mucho más detectarlo.

Para mí la clave está en la Actitud. Siempre. Un talento sin actitud es un jarrón chino. Una persona sin talento pero con Actitud aportará mucho más que un talento sin Actitud. Y claro que lo ideal es cuando coinciden ambos. Lo que digo es que el talento está sobrevalorado y la actitud infravalorada. Lo que digo es que encontremos un mejor balance.

Al fin y al cabo, tal y como mi admirado Marcos Urarte me enseñó una vez: contratamos por Talento y despedimos por Talante.

El porqué de la lectura y mis libros favoritos.



Esta es la lista actualizada de algunos de mis libros favoritos, a modo de recomendación y recordatorio personal (no están ordenados)
  • "El psicoanalista" (John Katzenbach)
  • "El hombre en busca del sentido" (Viktor Frankl)
  • "Reglas para un caballero" (Ethan Hawke)
  • "21 lecciones para el siglo XXI" (Yuval Noah Harari)
  • "Tu llave a la libertad financiera" (Esmeralda Gómez)
  • "La semana laboral de cuatro horas" (Tim Ferriss)
  • "Patologías de las organizaciones" (Marcos Urarte, Javier Fernández Aguado y Francisco Alcaide)
  • "Cultiva tu memesfera" (Sergio Parra)
  • "Independízate de papá estado" (Carlos Galán Rubio)
  • "La historia interminable" (Michael Ende)
  • Trilogía de la Reina Roja (Juan Gómez-Jurado)
  • "Los 88 peldaños del éxito" y "La inteligencia del éxito" (Anxo Pérez)
  • Trilogía "Aprendiendo de los mejores" (Francisco Alcaide)
  • "Cómo la vida imita al Ajedrez" (Garry Kasparov)
  • "La nueva fórmula del trabajo" (Lazlo Bock)
  • "El fin del mundo tal y como lo conocemos" (Marta García Aller)
  • "El arte de la guerra" (Sun Tzu)
  • "¿Realmente lo necesitas?" (Pierre - Yves Mcsween)
  • "Goodbye things" (Fumio Sasaki)
  • "La magia del orden" (Marie Kondo)
Seguro que me dejo muchos, pero prometo ir actualizándola conforme me vaya acordando o vaya leyendo libros que me atrapen.

Y no sé si te habrá pasado a ti, pero a mis 45 primaveras he descubierto que, en realidad, yo no era un mal lector, sino un mal lector de libros que no me gustaban. Antes libro que empezaba, libro que acababa, con independencia de si me gustaba o no. Me los acababa (algunos) como si fuera un jarabe. Y así me iba. Pero eso se acabó: si el libro me encanta, a tope. Si me aburre, ciao.

Pero hay una pregunta que me ha atormentado toda mi vida. Libro que leo, libro que al poco olvido en su gran mayoría. Acaso un vago recuerdo a algún aprendizaje que incorporo o que se me queda en mi memoria de saldo. Resumen: frustración total. Es decir, guay leerlo por lo que te distraes y aprendes en ese momento, pero al poco...mucho olvido. Mucha rabia; ¿no?. 

¿Por qué entonces leer?. ¿Vale más la pena leer muchos libros o pocos bien escogidos e irlos releyendo hasta "aprendérmelos"?. Todo preguntas hasta encontrar el regalo de Robert Karro en este enlace.

A continuación os reproduzco igualmente dicho regalo, porque de verdad que me hace ilusión que forme parte de este humilde blog:

He leído muchos libros, pero me he olvidado de la mayoría. Pero entonces, ¿cuál es el propósito de la lectura?.

Esta fue la pregunta que un alumno le hizo una vez a su Maestro. El Maestro no respondió en ese momento. Sin embargo, después de unos días, mientras él y el joven alumno estaban sentados cerca de un río, dijo que tenía sed y le pidió al niño que le trajera un poco de agua con un colador viejo y sucio que había en el suelo.

El alumno se sobresaltó, porque sabía que era un pedido sin lógica.

Sin embargo, no pudo contradecir a su Maestro y, habiendo tomado el cedazo, comenzó a realizar esta absurda tarea.

Cada vez que sumergía el colador en el río para traer un poco de agua para llevar a su Maestro, ni siquiera podía dar un paso hacia él, ya que no quedaba ni una gota en el colador.

Lo intentó y lo intentó decenas de veces pero, por mucho que trató de correr más rápido desde la orilla hasta su Maestro, el agua siguió pasando por todos los agujeros del tamiz y se perdió en el camino.

Agotado, se sentó junto al Maestro y dijo: "No puedo conseguir agua con ese colador. Perdóname Maestro, es imposible y he fallado en mi tarea”.

“No – respondió el anciano sonriendo – no has fallado. Mira el colador, ahora brilla, está limpio, está como nuevo. El agua, que se filtra por sus agujeros, la ha limpiado".

“Cuando lees libros – prosiguió el viejo Maestro – eres como un colador y ellos son como agua de río. No importa si no puedes guardar en tu memoria toda el agua que dejan fluir en ti, porque los libros, sin embargo, con sus ideas, emociones, sentimientos, conocimientos, la verdad que encontrarás entre las páginas, limpiarán tu mente y espíritu, y te convertirán en una persona mejor y renovada. Este es el propósito de la lectura ”.


No sé tú, pero a mí me vale a tope. Como dice mi admirado profesor y amigo Miquel Lladó (autor del también muy recomendable "Enamorarse del Futuro"): "No es lo que sacas de un libro. Es lo que un libro saca de ti".

Manolo, no me jodas

Hay kilos y kilos de literatura sobre la motivación de las personas en las organizaciones. Que no digo que esté mal, lo que pasa es que el cuento normalmente pasa por alto una parte fundamental: que antes de motivar a la gente, lo primero que hay que hacer es no desmotivarla. A mí, con eso, me valdría.

Y digo que me valdría porque, no nos engañemos, cuando iniciamos un nuevo proyecto lo hacemos ilusionados y motivados (salvo que seamos raritos o que estemos necesitados y no tengamos otra opción), por lo que bastaría que (fundamentalmente) nuestr@ jef@ no nos jodiera vivos. A mí, con eso, de verdad que me valdría. Y date cuenta que, a la vista de la realidad, lo que pido no es cualquier cosa. 

Porque es mucho más importante no desmotivar que motivar. Y dificilísimo, como hemos comprobado todos alguna vez. Todavía hay demasiado jef@ a quien robaron demasiados bocadillos en el recreo y que ahora se vengan dando patadas a destiempo. Verdaderos profesionales de la jodienda ajena a quien te encantaría espetar un "Manolo, no me jodas". Y todos hemos sufrido a ese "Manolo" alguna vez. Hay incluso empresas de "Manolos" con despachos chapados de premios de la mejor empresa para trabajar, cuando yo lo que crearía es el premio a la empresa "Manolo free".

El impacto positivo del la motivación es muy inferior al impacto negativo de la desmotivación. 

Es como lo de las ventas y los gastos en una cuenta de resultados. Las empresas matan por vender más sin darse cuenta que se desangran por los gastos. Con la motivación pasa lo mismo.

Y ahí es donde entra la contribución inestimable de lo que llamo los "Aspiradores". Y no, no me refiero a gente que aspira a cosas. Bueno, en cierto sentido sí podríamos decir que lo que parece es que a lo que aspiran es a joderte hasta allá donde el viento da la vuelta. Me refiero a los Aspiradores como esa raza, opuesta a los "Inspiradores". Aspiradores porque "aspiran" toda la energía positiva de cualquier entorno. Son agujeros negros del buen rollo, tragándose todo lo deseable en una especie de bulimia tóxica. A un Aspirador normalmente lo detectas por lo mucho que habla sobre la importancia de la motivación y la importancia de las personas. Un producto de los creadores del "dime de lo que presumes y te diré cuánto aspiras". Normalmente lo de aspiradores les va como anillo al dedo, pues su carrera normalmente ha ascendido a golpe de comerse más "sapos" de los que son capaces de contar. Aspiradores son los que se procuran una carrera a costa de la tuya. Son los que -ni medio lleno ni medio vacío - jamás no han visto ni el vaso. Negativos por deporte. El reverso tenebroso de los Inspiradores.

De ahí que una habilidad clave de una organización sea contar con un "sistema inmunitario" fuerte (le suelen llamar Cultura) capaz de generar los "anticuerpos" necesarios para extirpar al "huésped" tan pronto como un aspirador se cuela en cualquier organización. De nuevo, otra analogía: la selección debe tener una prioridad máxima, pero nunca superior a los esfuerzos que deben dedicarse para erradicar aspiradores.

Porque, si una organización no contrata inspiradores y, además, no elimina aspiradores...normalmente acaba "expirando".

El nerviosete zigzagueante.


La típica mañana de atasco en la autopista y el típico "fitipaldi" que, nerviosa y peligrosamente, va adelantando en zig zag. Y todo para, supuestamente, llegar antes a su destino. Hasta aquí, nada nuevo.

Mientras tanto, vas tú por tu carril, tranquilo y seguro, a velocidad inferior, sabiendo adonde vas y, sobre todo, cómo quieres llegar allá donde vas.

Pues bien, incontables son las veces en las que, siguiendo cada uno el proceder escogido, acabas dejando atrás al nerviosete zigzagueante. Y habiéndome pasado en ocasiones suficientes y teniendo tiempo yo para pensar durante tanto y tanto atasco en la autopista, la verdad es que me he dado cuenta que éste no deja de ser un ejemplo perfecto para lo que también pasa en las empresas o en las relaciones de pareja. 

¿O acaso no tenéis ejemplos de compañeros "nerviosetes" que, sin poderosas motivaciones más allá de la "erótica del cambio", van cambiando de empresa cada dos por tres para, en muchas ocasiones, acabar en posiciones extrañas en sitios extraños al cabo de unos años?.

O el Peter Pan que cambia de pareja como el que lo hace de serie en Netflix y que te lo encuentras con cincuenta añazos y lamentándose sobre su mala suerte con el amor...sin atisbo ninguno de autocrítica.

Y es que vamos faltos de paciencia. Preferimos cambiar a arreglar. Lo queremos todo ya sin ser conscientes que tampoco estamos dando todo ya. Incapaces de diferir la recompensa. Porque conocer bien las cosas requiere dedicación, tiempo, calma. Profundizar y conocer bien a personas y empresas lleva su tiempo. Un tiempo que es mucho mayor del que consideramos darnos.

Cuántas veces hemos oído excusas como "me marcho porque la compañía no me ofrece un proyecto atractivo" o "siento que el proyecto se ha agotado", cuando en realidad deberíamos decirnos "me marcho porque yo soy incapaz de construir un proyecto en el marco actual" o "siento que yo no puedo ofrecer más de mí". Porque la culpa, siempre es del otro. De la empresa que "no me da lo que necesito" sin reparar en el paternalismo que supone dicha reclamación.

Creo que, en ocasiones, deberíamos cambiar nuestro papel de víctimas y dejarnos de excusas para abordar de manera madura las verdaderas motivaciones de un cambio. Deberíamos importar más el famoso "no eres tú, soy yo" como fórmula clásica del ahora cada uno por su lado. Siento que nos falta autorresponsabilidad. 

Autorresponsabilidad es también pirarte si no estás contento con tu proyecto actual y/o crees que puedes ser más feliz en otra empresa. Muévete!, que no eres un árbol. Si, por contra o cobardía, no estás contento o no das más de ti y decides quedarte porque no encuentras adonde ir o porque no te quieren en ningún otro lado, pues coño, sé consciente y agradecido. O, como mínimo, "no des por saco" intoxicando con tus mierdas al resto. 

Paciencia y consciencia. Tan necesarias como tantas veces ausentes.

¿Cuánto tiempo es mucho tiempo?

 


¿Cuánto tiempo es mucho tiempo?. Pues depende de lo a gustito que estés (que es como me he quedado yo al responder a la pregunta 😊)

Y es que 3 meses en el infierno pueden hacerse tan eternos, como efímeros 10 años en el cielo. Porque es muy paradójico cómo el bienestar modula la sensación del paso del tiempo. “Se me ha pasado volando” o “parece que no acababa nunca” pueden ser expresiones de una misma unidad de tiempo.

Recientemente he tenido varias conversaciones con personas que se extrañaban por el hecho que no hubiera cambiado de empresa, “porque ya hacía mucho tiempo que…” o porque “ya sería hora que probara a hacer nosequé desde nosedónde”. Y mi réplica era “y todo esto, ¿para qué?”.

¿Para qué cambiar proyecto cuando el que disfrutas te hace feliz?. Hacerlo sería cambiar por cambiar. Cambiar por el hecho de ver “otras cosas”, sin pensar que “ver otras cosas” significa, a su vez, “dejar de ver otras cosas”. Porque uno puede ser tremendamente curioso y probar mundos diferentes, sin necesidad de instalarse cada semana en ellos. Y porque querer estar en todos los lados es una fórmula infalible para acabar no estando en ninguno.  

La Paciencia es la trufa blanca de nuestros días. Ese bien escaso que, junto con la Escucha y la Síntesis, forman un trío que cada vez actúa en menos plazas. Por el contrario, la Impaciencia es ese asesino silencioso de carreras profesionales, al servicio de las ansias que no distinguen entre correr y avanzar.

Recuerdo un jefe que, al comunicarle que dejaba la compañía, se limitó a decirme: “hijo, a ti lo que te pasa es que tienes la erótica del cambio”, aludiendo al subidón de cuando te llaman para ofrecerte un proyecto y que uno también se traduce por “eres sexy”. Y eso siempre gusta. Pues bien, si uno une la “erótica del cambio” con “una impaciencia que flipas”, el drama puede estar servido en forma de “¿pero cómo he acabado yo aquí?”.

No te olvides que en tu mente, siempre es mejor. Que sobrevaloramos lo positivo y obviamos lo negativo de algo, cuando este algo nos hace ilusión. Y que, erróneamente, damos por sentado que lo positivo de lo que tengo lo va también a tener lo que deseo. Que cuando piensas en estar en una playa paradisíaca no nos imaginamos el total de la experiencia, esto es, por ejemplo, la sensación térmica de estar a 40 grados y 90% de humedad; a los incívicos; la arena ardiendo; a la familia que viendo cinco mil metros cuadrados de playa vacía deciden ponerse a metro y medio de ti; a los niños repartiendo arena en tu cornea, cuando no lo hace el viento por iniciativa propia; a las abejas, las medusas y otras chicas del montón; etc. Porque en tu mente, siempre es mejor. Y porque somos cojonudos deformando lo que nos apetece.

No merecemos lo que no somos capaces de conservar (y que dependa de nosotros, obvio). Estar bien y querer cambiar sin preguntarse ¿qué significa es estar mejor? es la mejor manera de acabar entendiendo qué es realmente estar peor y lo bien que estabas antes.

Haber escogido susto.

Carmen

         [Foto de Pepo Pons]


Este escrito va dedicado a ti, Carmen. Seguramente no lo leerás nunca, al ser este un espacio muy minoritario y personalista, pero necesito escribírtelo, más allá de decírtelo siempre que puedo. Necesito hacerlo.

Para quien no la conozca todavía (lo siento por vosotros), deciros que Carmen es una profesional como la copa de un pino que, a través de una empresa externa, nos ayuda con las tareas de limpieza en la oficina en la que trabajo, si bien es, por encima de todo, una heroína anónima.   

Y es que, querida Carmen, pocas veces he visto una profesionalidad tan brutal como la tuya. Profesional en estado puro. Trabajar siempre sola, de noche, en un edificio fantasma y que la calidad de tu trabajo sea motivo de admiración día tras día, sin desfallecer, es digno del mejor de los reconocimientos.

Vas siempre más allá. Jamás te limitas a tu cometido, tratando la oficina como si fuera tu propia casa. Y para muestra, botones mil: me acuerdo que una vez se inundó la oficina y, tras las reparaciones, algunos zócalos quedaron "tocados". Pues bien, fuiste tú quien compró masilla y pintura y los dejaste como nuevo. Sin decirlo a nadie. Sólo admitiéndolo cuando te pregunté. 

Otro ejemplo y lección que me diste: se me estropeó la grapadora y yo, como buen hijo de la abundancia, la tiré y cogí otra. Y tú, siempre tú, la recogiste de la papelera, la arreglaste y me la dejaste encima de mi mesa, con un simpático mensaje, del que aprendí más que en muchos cursos que haya ido. Porque vivimos en un mundo donde, en lugar de esforzarnos en arreglar las cosas rotas, simplemente nos ocupamos de cambiarlas. Gracias por este aprendizaje, mi querida Carmen.

Y haces todo eso y más, doliéndote como te duele el cuerpo: la espalda, el pie, la mano y últimamente cefaleas, todo ello sin ser atendido adecuadamente por unos servicios sanitarios lamentablemente desbordados por la crisis sanitaria en la que, encima, estamos. Te duele. Y mucho. También lo sé yo. Pero jamás quisiste aceptar un "Carmen, déjalo, vete a casa por favor y descansa". Jamás una queja. Tu entereza, resiliencia y sonrisa constante a la hora de afrontar las fatalidades harían enrojecer al más bravo. Deberías ser una asignatura obligatoria en cualquier centro de estudios. Porque si además, cuento la vida que has tenido y a tantos a quienes has ayudado y criado, la traca ya es de fiesta mayor. Realmente, Carmen, no sé cómo lo haces.

Contigo a mi lado, quejarme me da vergüenza. Alabarte es una obligación.

Y sé que te lo digo siempre que puedo, pero no basta con decirlo. Hay que reconocerlo. Y sin duda lo haré, no sin antes dejar por escrito esto que aquí queda.

Qué Talento ni qué leches!


No nos engañemos. Hay talento a punta pala. Cada día me reúno con gente con mucho talento. Cuando entrevisto candidatos veo mucho talento. Lo del War for Talent es tan chulo como pasado de moda, aunque haya gente que quiera seguir estirando del chicle para seguir viviendo del claim. El Talento es hoy, como ayer, la comodity del mañana.

Lo que para mí es diferencial, por lo escaso, es la DETERMINACIÓN, que incluye ineludiblemente elementos tales como el Compromiso; la Persistencia; la Resiliencia o la Actitud, entre otros. La Determinación es el gazpacho que los une a todos y el verdadero Santo Grial.

El Talento sólo es nada. Es como un Ferrari aparcado en un garaje: bonito de enseñar a las visitas pero, al final, sólo te acaba ocupando espacio útil.

Cuando una persona con “talento” (otro día hablamos de esto) pero sin actitud decide pirarse, es una grandísima oportunidad para encontrar a alguien “mejor”, como normalmente suele pasar. En la mayoría de casos es una pena, pero no una putada. Igual que en las relaciones de pareja. Exactamente igual.

Marcos Urarte suele explicar, con gran elocuencia, aquello de “contratamos por Talento y despedimos por Talante”. Qué cierto!.

Al talento sin actitud no hay que retenerlo jamás. Acaso recomendarlo a tus competidores!. Qué entre aire nuevo; ideas nuevas; nuevas miradas. Renovarse o morir.

Porque Al Talento no hay que retenerle, que hay que entretenerle (es que si pongo “inspirarle”, aun siendo más preciso, no me rimaba 😊)

Y la gracia que me hacen los indicadores de rotación “deseables”…para mí, el % de rotación óptimo para gente sin la actitud necesaria debería ser 100%, mientras que la gente con “Talento y Talante” debería ser 0%, lo que pasa que al final se mezcla uno y otro y pasa como cuando el pollo y la estadística: que yo me como uno y tú ninguno y la media escupe que ambos dos nos comimos la mitad.

 

Compromiso. Como aquello del plato de huevos con chorizo: donde la gallina participa, pero es el cerdo quien se compromete de verdad. Compromiso.

 

Y compromiso significa tener claras tus renuncias. Decidir es renunciar, así que imagínate comprometerte!. Decidir a qué no vas a prestar atención, porque la necesita toda tu compromiso. A las personas nos resulta mucho más complejo decidir a qué renunciar que a lo qué desear. Qué difícil!.

 

Idea clara. Foco salvaje. Determinación obsesiva. Ambición. Sin plan B. A tumba abierta. Sin medias tintas ni especulación. Sin la mierda esta de “lo importante es participar”, que digo yo que nadie participaría si, de antemano y seguro, supiera que va a perder, salvo que lo de menos sea el juego en sí.

Jobs, Musk, Bezos, Einstein, Jordan, etc. no hubieran sido capaces de revolucionar sus campos de especialización y, en algunos casos, el mismo mundo hasta la fecha, de no ser por su increíble determinación y capacidad de renuncia.

 

Talento sí, por supuesto, pero con una voluntad extrema, por favor

La isla de las tentaciones



"No merecemos aquello que no somos capaces de conservar". Tan duro como cierto.

Nos falta prudencia. Nos falta paciencia. Nos falta análisis en perspectiva. Somos víctimas de decisiones emocionales que, en ocasiones, emiten facturas que nuestro bolsillo no puede pagar. "Pensar en grande" es sexy, pero peligroso si no va de la mano de "analizar en grande". 

En Menorca suele decirse "més val menjar poc i païr bé" (más vale comer poco y digerir bien) y recuerdo un comentario ácido que un colega de profesión y persona a la que admiro tiempo atrás dijo: "cuando mi empresa se fusionó con otra, mi homólogo en la otra compañía tenía un Audi A6 y yo un  A4. Siempre se reía de mi conservadurismo. Hoy, él va en un Seat Panda y yo continúo con mi A4". A veces hay que saber parar, respirar y pensar en perspectiva, para decidir que ya está bien. Que no hace falta más. Y luchar por conservarlo y disfrutarlo, más allá de seguir alimentando al monstruo del "nunca es suficiente".

Conformarnos. Tan difícil como necesario. Concepto tan denostado públicamente como rentable a nivel personal. A partir de un nivel mínimo, resulta mucho más económico conformarse con lo que uno tiene, que embarcarse en grandes hazañas, preludio de grandes dramas. 

No existe ser feliz, sino estar feliz en cada momento. La felicidad duradera viene de la mano de la generosidad; de compartir con los demás; de estar con los que quieres. Viene de saber disfrutar de las pequeñas cosas y momentos que te regala la Vida. Pocas veces viene de nada que venga con factura.

En las compañías también se observa este patrón, cuando la rentabilidad viene más de la mano de la eficiencia que de la grandilocuencia: "esto no va de hacer nada extraordinario, sino de hacer algo ordinario, extraordinariamente bien". Steve Jobs hay pocos, así que, de apostar, yo apostaría mi dinero por hacer algo simple de manera extraordinariamente eficiente, en lugar de buscar el pelotazo. 

Y hasta en las relaciones de pareja. Si uno tiene una buena relación de pareja con una persona a la que quiere, se hace imprescindible recordarlo cada día y valorarlo con la perspectiva a largo plazo, que no jugártelo todo al rojo por una noche de ensueño que puede llevarte a una vida sin poder pegar ojo. Y valga como ejemplo el programa que está batiendo todos los récords y al que llegué alentado por la recomendación de un gran amigo, primero, y luego por el morbo máximo: "La isla de las tentaciones" (que tantos tópicos está rompiendo, dicho sea de paso). Ver para creer mientras no te crees que lo estés viendo. Pero ahí estás viendo cómo cuando haces pop, ya no hay stop.

Y es que todos vivimos, permanentemente, en una isla de las tentaciones, la diferencia está en que no todo el mundo acaba gritando Estefaníaaaaaaaaa!!!




Tampoco nos flipemos


Los libros de autoayuda han hecho mucho daño. "El poder está en ti"; "Poder ilimitado"; "Tú puedes ser lo que te propongas"; "No limits" y, de aquí, para arriba.

¿Puedes llegar más lejos de lo que crees? Sí. Pero porque en la mayoría de casos nuestras creencias limitantes son sólo imaginaciones bien trabadas. ¿Puedes llegar más lejos de los límites que crees tener?. Sí, pero porque los límites que crees tener son muy austeros. Salvo Cristiano Ronaldo, solemos tener una concepción de nosotros mismos bastante modesta, construida a golpe de inseguridad. 

Ahora bien, una cosa es llegar más allá de lo que tú consideras tus límites (que no son tus límites reales) y cosa distinta es pensar que puedes llegar a ser cualquier cosa. Tampoco te flipes. Por mucho que yo me esfuerce, entrenando a voleibol diez horas al día los próximos diez años, jamás llegaría a jugar ni en tercera regional. Seguramente aprendería a divertirme en pachangas, pero entrenar tanto no me haría crecer veinte centímetros o saltar un metro en vertical. El sabio tenía razón, "lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible". Lo que digo es que "puedes ser cualquier cosa que te propongas, siempre que no te propongas cosas que no puedes ser". O más corto, "puedes ser cualquier cosa que te propongas, pero tampoco te flipes". 

Y es que hay que diferenciar mucho entre conocer tu verdadero potencial (más allá del que te percibes) y no tener un espejo en casa. O un buen amigo. 

En las empresas funciona igual: hay que diferenciar mucho entre invertir para desarrollar el potencial o las habilidades de una persona y tirar el dinero en causas perdidas. Los que trabajan conmigo están cansados de oírme repetir el dicho: "puedes entrenar a un elefante a trepar un árbol, pero mejor te fichas una ardilla". Equivocarnos en la identificación de potenciales, cuando este proceso lleva asignado un presupuesto de formación, puede acabar siendo no sólo una sangría en lo económico sino, sobre todo, en lo emocional, por el drama de una mala gestión de expectativas.

Así que, en resumen, sé ambicioso en tus metas; sé consciente que tus límites están mucho más allá de lo que crees y esfuérzate por alcanzarlos; pero tampoco te flipes.

Vivir bien es caro, pero dormir bien no tiene precio


"Puedes elegir entre comer bien o dormir bien. La mayoría no consigue ninguna de las dos cosas. Algunos, sólo una de las dos. Ambas, nadie". Me encanta esta reflexión que se refiere a tipos de empresarios. Que versa sobre directivos. Que habla de personas.

Se trata de un dilema ético vital al que todos nos enfrentamos todos de manera regular: ganar dinero sí, pero ¿a costa de qué...o de quién?. ¿Estamos dispuestos a asumir un mayor riesgo para asumir un mayor premio o preferimos menos premio en favor de una mayor tranquilidad?. Esto mismo se lo pregunta desde cualquier inversor hasta el que pretende engañar a Hacienda, pasando por el que se plantea pagar "en B" o por aquel que pretende enriquecerse a costa de la ignorancia de otras personas o a sabiendas que estas no disponen de otra alternativa.

Elegir "comer bien" supone a veces "dormir peor", bien por exceso de riesgo, bien por falta de ética. Y al revés. Todo depende de lo que valores...y de tus valores.

Yo elegí dormir bien pues, como decimos en Menorca, "més val menjar poc i pair bé" (más vale comer poco y digerir bien). Elegí una conciencia tranquila como el mejor de los premios. Entendí que "ser rico" es tener salud; es querer y que te quieran; es poder pagar tus facturas; es ser feliz haciendo feliz; es poder ser dueño de tu tiempo o preferir la ética a la estética.

Recuerdo una vez en que un profesor del IESE me enseñó que "ser un señor es caro, pero vale la pena ser un señor". Pues bien, he descubierto que lo mismo pasa con dormir bien: exige pagar el peaje de ciertas renuncias, pero que desde luego pocas cosas ofrecen tal retorno de la inversión.