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Me largo

 


Somos un reflejo de nuestros políticos y viceversa. La sociedad está condenada cuando al mando tiene un conjunto de imbéciles bien organizados cuya aspiración máxima es el poder a cualquier precio y percibir un salario de mando intermedio en una empresa digna, sabedores que no superarían el período de prueba en ninguna de ellas. A duras penas una carrera, sin idiomas ni experiencia en el mundo real como perfil general, han entregado su alma a cambio de ampliar sus tragaderas. Son hijos de la gran mentira vestida de cambio de opinión y del trilero de la bolita, eso sí, con traje a medida.

Somos la nueva América, en la que todo el mundo sin escrúpulo ninguno puede llegar a presidente. En la que todo delincuente puede ocupar el piso de otro y vivir de una paga y donde el que la hace, habitualmente no la paga. Un mundo en el que un portero de puticlub analfabeto puede llegar a asesor de dos ministerios y en el que una cajera de súper puede llegar a ninistra, sí, sí, con “n”. Incluso, si no te queda otra que la prostitución, puedes llegar a vivir en un piso a coste cero en zona pija de Madrid con un curro tan de trabajo a distancia que no te haga falta ni ir a currar. Puede que incluso te den un curro que ni sepas deletrear en un sitio que ni sepas encontrar. Recuerda, “no es magia: son tus impuestos”.

Y mientras tú, interesadamente lobotomizado por las Redes Sociales, buscas cobijo en noticias fake (o fuck) de tu Pantone favorito que te evitan pensar y te agarras con fuerza a la carta del “y tu más” para, con la nariz tapada, tratar de sobrevivir a discusiones que te superan con esa suerte del “rebota, rebota y en tu culo explota”.

Nos han abocado a la guerra de colores y a decidir entre ultraderecha o ultraindigencia, sin que nadie sepa definir qué es lo primero mientras nos han acostumbrado a lo segundo con ese marketing de la pobreza al servicio del “no tendrás nada y serás feliz”, que se ha inventado términos como “coliving”, “coworking” o “copropiedad” que hace que mole no tener un duro mientras te piensan (por ti) que tienes mayor libertad.

Estos son quienes, en definitiva, rigen nuestros designios.

Pues bien, he decidido que me llevo el 73% que el Estado me confisca cada año (sí, has leído bien, el 73% - entre impuestos directos, indirectos, tasas, etc.-), a otro sitio donde crea que se invierte mejor que en España. Lo reconozco, no es un reto muy difícil. Me di cuenta cuando leí que el proyecto de “Control y utilización del Prosopis juliflora en la zona de Liba integrados con la mejora de los medios de subsistencia y la protección del medio ambiente” había recibido del Gobierno 598.900€, a través de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), precisamente, el mismo día en que una persona muy cercana me explicaba, entre lágrimas, que su centro de salud le denegaba la medicación que necesitaba para el estado grave de su Pénfigo  “porque era muy cara”, así, en su puta cara dicho y tras meses y meses de esperas e intenso dolor. Y en ese momento pensé: será que el Prosopis juliflora bien vale que una persona que lleva más de 40 años cotizados lleve meses entre horribles espasmos de dolor provocados por sus enormes llagas y ampollas abiertas en todas las mucosas de su cuerpo.

Me voy con la música a otra parte porque el otro día fui al teatro un domingo a las 12h del mediodía en Barcelona y cuando salí del parking aquello parecía un zoo en el que nadie estaba ahí ni por casualidad ni precisamente para pasar la mañana, y porque no hay día en la que no me levante con la lista de nuevos apuñalamientos por reyertas o por simplemente robarte un móvil. Y si ya tienes amigos en la policía y te cuentan lo que te cuentan, pues apaga nene y vámonos y, si puede ser, mejor no lo hagas en tren por si faltan 42 metros de vía.

No hay ninguno bueno. Los voté a todos (ya tengo una edad) y me arrepentí siempre. Por que la historia se repite “urna” y otra vez.

Me voy. Y si de verdad queréis hacerme un favor, como diría aquella, “irsus”.

sorber y soplar



Es imposible sorber y soplar a la vez. Pruébalo. Es imposible. Por mucho que los gurús del  "todo a cien" te engañen con el "si quieres, puedes". No se puede. Así, en absoluto.

Tampoco se puede tener una vida cómoda sin haber tomado decisiones incómodas, salvo que te toque la lotería o circunstancia similar (e incluso así). Vivir cómodo a largo exige vivir incómodo a corto. Y aquí la Psicología ya nos ha demostrado que resulta muy difícil diferir la recompensa pero, a la vez, que quienes son capaces de hacerlo en pro de un bien mayor postergado tienen una mayor probabilidad de éxito.

Conseguir cualquier cosa mínimamente relevante exige tiempo. Y esfuerzo. Y paciencia. Y resiliencia. Y tolerancia a la frustración...y otras chicas del montón. Porque tener lo que tiene Juanita es tan simple como hacer lo que hace Juanita, en especial, comprometerse con sus mismas renuncias. Y, salvo que todo te haya venido dado o negado en esta vida, comprar sin mirar el precio exige trabajar sin mirar el reloj. Y eso ya no mola tanto...sobre todo cuando la primera clase de la asignatura de Relatividad siempre empieza con la frase "yo trabajo muchísimo".

Tampoco resulta fácil ir en busca de la felicidad enfundado en un pesado traje de queja. El otro día tuve que coger varios taxis en una misma mañana. La primera carrera la hice con un taxista que tenía el taxi casi tan sucio como iba él, que conducía a tirones y que no paraba de despotricar contra todo y contra todos, haciendo especial hincapié en lo mal que estaba el trabajo. La segunda carrera la hice con un taxista que iba impecablemente vestido y con un taxi que, aún no siéndolo, parecía nuevo de lo cuidado que estaba. El segundo taxista se mostró amabilísimo y, antes de irme, me agradeció la conversación y me dio su tarjeta por si lo necesitaba. Mismo contexto laboral (lo que pasa) pero diferentes enfoques (lo que haces con lo que te pasa): probablemente resultados diferentes.

También está el del lamento crónico, esa suerte de rey del "pero" que suele sufrir de "esquerosis múltiple". Ya sabes, ese que no para de dar la turra en contra de la empresa mientras no hace nada para mejorarla y/o que cuando prueba a optar a puestos en otras empresas, todas a coro le dicen que no. "¿Qué hago mal en las entrevistas?", me preguntan. Pues "ser tú mismo", pienso yo muchas veces, aunque eso reconozco que no lo digo. Y es que si, tras insistir, ves que no te quieren en ningún otro lado, deberías ser consciente que estás en el único lugar que te soportan o, como mínimo, en la empresa que te quiere más para, al menos, no dar tanto por el saco. En esos casos, es una verdadera putada que no tengas ningún amigo de verdad que te recuerde que, contigo, la empresa está haciendo un acto que raya la beneficencia. 

Aceptémoslo: todo a la vez no se puede. Elige. Prioriza. Focalízate...y acepta el compromiso con una larga lista de renuncias sin mirar atrás, porque, si eliges sorber, no vas a poder soplar. 

La Agenda

 


Lo del “Calentamiento Global”, agujero de la capa de ozono mediante, no acabó de cuajar. De ahí que desde hace algún tiempo los de la Agenda han redoblado esfuerzos y lo están probado con lo de “Cambio Climático” a ver si así…

También los de la “Responsabilidad Social Corporativa”, viendo que estaban corriendo la misma suerte que los primeros, se apuntaron al carro del rebranding y, además, se dijeron que juntos les iría mejor, creando así una especie de hermanamiento con esteroides al que ahora le llaman ESG.

No me malentiendas: soy un firme defensor de las causas arriba indicadas y, precisamente por eso, me muestro tan crítico con el circo de la incongruencia que se ha montado para llevarlo a cabo. Lamentablemente, creo que son temas con claros síntomas de agotamiento. Y, de nuevo a lamentar, creo que se nos rompió el ESG de tanto manosearlo. Y por ese tufillo a que los que pueden trincar, trincan lo que pueden y, cuando ya no queda nada más por trincar, cambian el concepto y vuelta a empezar.

Mientras, los datos de verdad de la buena no suelen comunicarse de manera objetiva ni transparente, a la vez que nos atiborran con datos sesgados por el interés de unos y otros. Y lo digo desde mi enfermedad de haber analizado (junto con la inestimable ayuda de ChatGPT, seamos justos) datos disponibles de fuentes independientes sobre lluvias, inundaciones, terremotos, etc. en los últimos 100 años y en diferentes partes del mundo y todo para entender que a lo que hoy llamamos DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), hace 50 años mi abuela llamaba “llover fuerte”.  Porque ahora lo del “toldo” de toda la vida ya no vale, que ahora se llama “refugio climático”. Porque el juego necesariamente necesita acojone nivel Dios.

Y mientras, en las organizaciones se plantean un montón de cosis chupis pero siempri con dineri de los otris. ¿Donaciones? Guay, si es con el dinero de la empresa. ¿Acciones que mejoran el planeta? Guay, si es en día laborable. Todo listo para el show off de LinkedIn, mi capitán.

Lo que digo es que a tope con todo lo que pueda hacer cada organización, pero que la congruencia y consistencia nos obliga también a empezar por nosotros mismos dando ejemplo.

A ti, que vas a tope de power con lo del ESG; ¿cuánta de tu pasta a título particular estás entregando a proyectos solidarios o a organizaciones benéficas cada año? ¿cuántos días – no laborables – dedicas al año para proyectos sociales?. Porque lo de plantar árboles en día laboral si quieres sí, pero también molaría que no nos limitáramos a eso.

Congruencia y credibilidad son tener en tu casa placas solares y/o grifos de apertura en frío y/o luces led y un largo etcétera.  Y recoger los plásticos de la playa que te encuentras en el agua o en la arena. Y que lo hagas sin necesidad de contarlo. Hacerlo, simplemente, porque es lo correcto.

A esto yo le llamo desde hace años en este humilde blog  “Responsabilidad Social Personal”, primer paso esencial y complementario al corporativo.

Al ESG le queda lo que los socios de las consultoras y otros lobbies consideren (la vía legal lo alargará), salvo que – y si es así, lo daré por bien empleado – es efecto colateral deseado como es el de la concienciación deje huella (que no sea de carbono) en las generaciones venideras.

Esperemos que así sea.

Palabra de un romántico.

El programa 13 de tu lavadora

 


Admítelo. No sabes ni cuántos programas tiene tu lavadora. Y eso que la compraste, gastándote una pasta,  porque te sedujeron sus 13 programas de lavado especial, entre otras destacadas características técnicas. 

Admítelo. Sólo usas el programa rápido y el normal. Y normalmente lavas en frío si la cosa no está muy mal. Hoy han pasado apenas unos meses desde que te compraste el Ferrari de las lavadoras y ahí estás tú, sin poder recordar más allá del programa rápido y el programa que tú le llamas "normal". Que te imaginas que habrá uno para ropa delicada y algún otro que seguramente puedes inventarse sin quedar muy mal, pero si te pregunto por ese programa 13, la verdad es que ni idea. De hecho, ni recuerdas cuántos programas tiene tu lavadora.

Admítelo. En tu empresa pasa lo mismo: venga programas, procesos y plataformas tan ingenierilmente impecables como complejamente vírgenes para el usuario final. Sí, tú. 

Muchas pequeñas empresas se gastan dinerales en softwares top o implementan complejísimos procesos, válidos para manejar la NASA.."para cuando crezcamos", dicen, mientras cruzan la pasarela del sentido contrario. Plataformas complicadas, llenas de posibilidades y análisis que nadie nunca utilizará y que, de hacerlo, serán destinados a cajones de rango superior. 

Como decía el sabio: "no hace falta hacer bien lo que, para empezar, no hace falta hacer". O, lo que es lo mismo, si algo no es jodidamente necesario, lo último que debes hacer es invertir tiempo y recursos en refinarlo. Que, traducido a personas, viene a ser aquello ya famoso de "al tonto con iniciativa, de todo menos motivarle".

Y es que nos encanta invertir recursos en guantes de última generación para gente que es manca. Nos encanta sofisticar lo inútil, aunque bonito. Nos encanta complicar lo fácil viendo lo fácil que es complicarlo y cuando lo más difícil siempre es precisamente lo contrario: hacerlo fácil.

Es mucho más rentable para cualquier organización saber cuándo no empezar proyectos zombie que hipotecarse en hacerlos parecer vivos. Esto va de hacer muy muy bien muy muy pocas cosas. Y si el emperador va desnudo, hay que decírselo y no pedir un crédito para vestirle de Gucci. Cuando un proyecto parece una castaña, normalmente es una castaña. No te engañes.

Mentes complejas, organizaciones complejas. Desterrémoslas. O, mejor aún, recomendémoslas a nuestra competencia, haciendo que parezca un accidente :)

Una de mis citas favoritas es "La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando ya no queda nada más que quitar" (Antoine de Saint - Exupery) y me obsesiono con practicarlo salvajemente como fuente de eficiencia y rentabilidad. Eliminar, Reducir o ni siquiera empezar lo inútil es mucho más rentable que perfeccionarlo.

Y ponte que hoy hablo de lavadoras... o de empresas...o de nuestras vidas.

Rotación y los pollos


¿Tener una alta rotación de personal es bueno?

Popularmente tendemos a contestar un NO rotundo con demasiada alegría, alegando que una alta rotación atenta contra la estabilidad, los costes de reemplazo y otras tantas cosas. Y hay que reconocer que al argumento, lógica no le falta. No obstante, tal y como lo veo yo, la respuesta seria la preferida en Recursos Humanos: "depende".

¿De qué depende, pues?

Pues del tipo de persona o incluso del aire fresco que necesites para ventilar la empresa. Es decir, que tan bueno es tener una "alta rotación de personas tóxicas" (léase, personas chungas que se piran de un modo u otro  / plantilla) como una "baja rotación de personas guay".  El problema es que habitualmente se habla y se marcan índices de referencia para la Rotación como un total que mezcla salidas de todo tipo de personas, en un ejemplo magnífico de la famosa cita en Estadística por la que "si tu te comes un pollo y yo ninguno, ambos nos hemos comido medio pollo". Y la cifra así calculada, en realidad, no sirve para darte una información útil.

Y entonces; ¿qué hacemos?

Identificar a las personas "tóxicas" y marcarnos como empresa un objetivo del 100% de rotación para ellas y de un 0% para el resto. Siempre he defendido que a los "infelices por deporte" hay que ayudarles "a ser felices en otra empresa" librándoles así del mal de permanecer en la misma. Y a este punto, otra reflexión:

Si estás todo el día quejándote de la empresa para la que trabajas pero, curiosamente, no te piras, esto es por una delicada regla universal: o no te quieren en ningún otro lado o, como mínimo, no te quieren "más" de lo que te quiere la empresa para la que trabajas (no me imagino a alguien rechazando continuamente ofertas desorbitadas para puestos mucho mejores...). Por ello, (a) sé consciente de ello y (b) no digo yo que beses por donde pisas pero, al menos, no des el coñazo por la vida, que la tristeza deportiva es incómodamente pegajosa.

Ser responsable de nuestras decisiones y asumir que trabajamos, bien donde queremos, bien donde nos quieren más, resulta un ejercicio altamente recomendable para convivir mejor con nosotros mismos.




Copias verticales y horizontales


Tratar de ser otra persona que no seas tú es un mal negocio, porque a lo máximo a lo que aspiras es a ser una mala copia del original. Y recuerda que siempre es mejor un mal original que una buena copia. Esto es lo que yo llamo una copia o simulación horizontal de ti.

Pero hay otra forma de copia, menos grosera pero igualmente bochornosa, que es tratar de ser tú en una versión extemporánea. Es lo que yo llamo una copia o simulación vertical. Y me explico: Si uno tiene cincuenta tacos (por poner un ejemplo), tratar de aparentar veinte es forzar la máquina. No te equivoques, si tienes cincuenta "tacos", igual tú no te los ves, pero te aseguro que los demás te los detectan con precisión quirúrgica. Por ello, igual vestirte y comportarte como un adolescente hace que lo padezcas más que lo parezcas. Al revés funciona igual: si tienes veinte años y quieres aparentar cuarenta, a la que abras la boca se acabó la magia, Harry Potter.

Y es que uno puede ser libre para tratar de ser otro u otro versión más joven/vieja de si mismo como remedio hueco a la inseguridad. Cosa distinta es que a ojos de los demás la mentira cuele.

Así que yo voto por evitar ingenuidades y tratar de ser 100% genuinos en todo lo que hagamos y seamos. Que igual te sale más a cuenta tirar menos de cuento ;)

El rincón del churrasco


El rincón del churrasco es ese lugar, oscuro e inhóspito, que puedes encontrar en la mayoría de organizaciones. Ese rinconcito emocional patrocinado por una congregación de gente tóxica y más quemada que el palo de un churrero que, reconociéndose entre ellos (Dios los cría y...), acaban afiliándose en una especie de partido de la queja deportiva.

El rincón del churrasco es el club de la gente con quemaduras de tercer grado que no para de dar la brasa. Es un lugar con olor a cerrado, a gato mojado, a ideas rotas y a un "yo sí sé de qué hablo". Es un llorómetro lleno de evangelistas de la reclamación nimia. Un lugar huérfano de alternativas. 

El rincón del churrasco es una estirpe a extirpar. Devotos de la colonoscopia ajena sin anestesia y amos del perro del hortelano, estos sin padre, normalmente comparten sus frustraciones personales con vestido de reivindicación populista con maquillaje de todo a cien.

Pero fíjate bien que el churrasquito normalmente no se pira nunca. Que digo yo; si no estás bien en un lugar; ¿por qué no te vas a buscar otro mejor?. Y es que la pregunta se responde sola porque la realidad es muy tozuda: porque no le quieren en ningún otro lugar. Y uno debe ser consciente de esta circunstancia. No hacerlo, puede suponer una miopía fatal, para uno mismo.

Lo de menos es de quién es la culpa. Lo de menos es el "no eres tú, soy yo". Creo que el 1% de churrasco tiene la misma culpa que el kamikaze que va en contradirección en una autopista de cuatro carriles en hora punta. ¿Acaso todos los demás están equivocados?. Posible, pero poco probable.

¿Culpa de unos o de otros? Acaso del jefe de la brasa, el que la aviva, el que no la acalla. El churrasco maestro. Y ya se sabe, churrasco escoge churrasco. Y así es como se escribe proliferar. Porque el churrasquito será muchas cosas, pero tonto del todo no y sabe que si se arrima a ascua tóxica, aunque tóxica, suyo será el cielo de las brasas. 

Si te quejas de dónde estás pero no te quieren en ningún otro lado, sé consciente y da gracias por la acción social que probablemente esté haciendo tu empresa contigo. O, como mínimo, no dés por el feedback. Que no haya cola de ofertas en tu casa es una señal. Aprende a leerlas.

Una vez me dejaron claro la santísima trinidad del Hecho - Pagado - Olvidado, y que el contador cada día vuelve a ponerse a cero. Que aquello de "con lo que yo he hecho" se anula con aquello de "con lo que la empresa ha pagado" y que el único derecho adquirido es el de la pataleta improductiva. Suena todo lo duro que es, pero ya sabéis que este blog no es para románticos.

Que si "la cosa está muy mal" (seguramente para ti, sí, churrasquito), que si "no es el momento", que si "la abuela fuma", que "si la crisis" o "el perro se ha comido mis deberes". Y es que los caminos de la excusa son inexcrutables.

Lo que digo es que no podemos olvidar ni por un instante todo lo que de bueno tenemos. Cosas. Personas. Momentos. Hoy más que nunca, en este loco mundo, hay que valorarlo todo y no dar por descontado nada. Todo cuesta y cada vez hay que correr más para mantenernos en el mismo sitio. Seamos conscientes que lo que realmente aportamos y lo que recibimos y que, si sentimos inequidad, es hora de dar las gracias sonriendo y marchar en búsqueda de vientos más favorables.

Justis por pecadoris

Quien demoniza pensamientos es porque no tiene muy claros los suyos. Como en la sexualidad. Porque punibles, en todo caso los actos que lo sean, pero jamás una sola idea, pues supondría una especie de fascismo ideológico que maniataría mortalmente la libertad de pensamiento.

Opino que "discriminación positiva" es un oxímoron y los akelarres binarios me dan grima. Que servidori no niega que empresis de mierdi con jefis de mierdi sean todavía legión y que algo hay que hacer pero la realidad es que muchis justis pagan por pecadoris cuando insistimos en matar mosquis con cañonazis. 

Y mientras, me pregunto por qué "machismo" y "feminismo", todos hijos de Julio Iglesias, corren suertes opuestas en sus connotaciones populares. Y me respondo que, quizás, la respuesta esté en sus correspondientes jefes de marketing. Y, a veces, cuando lo expongo, a lo que me expongo es a la demente virulencia de mentes más cerradas que sus esfínteres y me debato entre verlo como un contrasentido o verle todo el  sentido.

Creo que el Talento no tiene edad, ni género, ni raza, ni forma, ni color, ni política (a la vista está), ni religión. Y que la única cuota tiene que ser 100% Talento. Cualquier otra cosa es hacerse un Froilán. Y estoy convencido que nadie quiere ser escogido por una cuota por encima de su capacidad: os imagináis un "si, la verdad es que es medio tonti, pero necesitábamos cubrir la cuota de gitanos pelirrojos bajitos riojanos cojos, que de eso andábamos flojos". Menuda fórmula y fórmula menuda para el éxito (sic). 

O en el lenguaje de moda: creo en un Talento no binario, sin ningún género...de dudas.




Hijos de fruta

 


Hace poco visité una empresa que me hizo pensar: "no hay fruta en la cantina que compense convivir con tanto gilipollas". Lo digo por si te lo quieres ahorrar, querido colega de RRHH. Y no me entiendas mal: la fruta siempre luce, o sea que mejor con que sin, ahora, tampoco te flipes pensando que vas a ser muy guay si la frutería la acabas poniendo en la plaza central de Mordor. 

Pienso que para concursar en estas listas de mejores empleadores (la empresa de la que te hablo lo es) debería tenerse más en cuenta la lista de personas con las que uno trabaja en lugar de la lista de cosas que las empresas dan o de los folclores que rentabilizan en LinkedIn. Cambiaría el tener por el ser. Porque lo importante no es el qué, sino el con quién. Definitivamente, mucho más higiénico. ¿Te imaginas que la lista de beneficios fuera emocional y se presentara como una lista de nombres?

- Nosotros tenemos futbolín y yacuzzi y hacemos pilates y salidas de boy scouts (imagínatelo con voz de pijo) [Aunque después tengamos que tomarnos un Fortasec el domingo por la tarde].

- Pues yo tengo la suerte de trabajar con Álvaro, Anna, Lluïsa, Miguel, José Manuel, con Paula, con Tati, con Mercè, con Inma, etc. y, la verdad, no te lo cambio por tus chupicosas.

Y es que de poco sirven los beneficios sociales para compensar los perjuicios emocionales. Como cuando papá o mamá ausentes "compran" a sus hijos con regalos para compensar (?). Porque en cualquier organización siempre es  mucho más barato (que no rentable) comprar máscaras antigás para todos que cerrar el grifo de las fugas tóxicas. Porque el tonto tropieza sin querer, pero el tóxico te hace la zancadilla.

Está bien lo de las mejores empresas en las que trabajar, pero yo propondría crear la lista de  las peores personas con las que trabajar, así, rollo lista Robinson. A medio camino entre la responsabilidad social, la ética y la salud pública. ¿Os imagináis la lista? (ojo, imaginémonos una lista con todas las cautelas y verificaciones, si eso fuera posible. Que fuera realmente una lista indubitable). El precio de esta lista sería realmente incalculable, pues el impacto negativo de una manzana podrida es mucho peor que el impacto positivo de cien manzanas excelentes o, lo que es lo mismo: mucho talento necesitas para neutralizar a una persona tóxica.

En definitiva, que todos podemos ser considerados tóxicos (o tener conductas tóxicas) para una persona tóxica, pero de los cumplidos te hablaré otro día.

Manolo, no me jodas

Hay kilos y kilos de literatura sobre la motivación de las personas en las organizaciones. Que no digo que esté mal, lo que pasa es que el cuento normalmente pasa por alto una parte fundamental: que antes de motivar a la gente, lo primero que hay que hacer es no desmotivarla. A mí, con eso, me valdría.

Y digo que me valdría porque, no nos engañemos, cuando iniciamos un nuevo proyecto lo hacemos ilusionados y motivados (salvo que seamos raritos o que estemos necesitados y no tengamos otra opción), por lo que bastaría que (fundamentalmente) nuestr@ jef@ no nos jodiera vivos. A mí, con eso, de verdad que me valdría. Y date cuenta que, a la vista de la realidad, lo que pido no es cualquier cosa. 

Porque es mucho más importante no desmotivar que motivar. Y dificilísimo, como hemos comprobado todos alguna vez. Todavía hay demasiado jef@ a quien robaron demasiados bocadillos en el recreo y que ahora se vengan dando patadas a destiempo. Verdaderos profesionales de la jodienda ajena a quien te encantaría espetar un "Manolo, no me jodas". Y todos hemos sufrido a ese "Manolo" alguna vez. Hay incluso empresas de "Manolos" con despachos chapados de premios de la mejor empresa para trabajar, cuando yo lo que crearía es el premio a la empresa "Manolo free".

El impacto positivo del la motivación es muy inferior al impacto negativo de la desmotivación. 

Es como lo de las ventas y los gastos en una cuenta de resultados. Las empresas matan por vender más sin darse cuenta que se desangran por los gastos. Con la motivación pasa lo mismo.

Y ahí es donde entra la contribución inestimable de lo que llamo los "Aspiradores". Y no, no me refiero a gente que aspira a cosas. Bueno, en cierto sentido sí podríamos decir que lo que parece es que a lo que aspiran es a joderte hasta allá donde el viento da la vuelta. Me refiero a los Aspiradores como esa raza, opuesta a los "Inspiradores". Aspiradores porque "aspiran" toda la energía positiva de cualquier entorno. Son agujeros negros del buen rollo, tragándose todo lo deseable en una especie de bulimia tóxica. A un Aspirador normalmente lo detectas por lo mucho que habla sobre la importancia de la motivación y la importancia de las personas. Un producto de los creadores del "dime de lo que presumes y te diré cuánto aspiras". Normalmente lo de aspiradores les va como anillo al dedo, pues su carrera normalmente ha ascendido a golpe de comerse más "sapos" de los que son capaces de contar. Aspiradores son los que se procuran una carrera a costa de la tuya. Son los que -ni medio lleno ni medio vacío - jamás no han visto ni el vaso. Negativos por deporte. El reverso tenebroso de los Inspiradores.

De ahí que una habilidad clave de una organización sea contar con un "sistema inmunitario" fuerte (le suelen llamar Cultura) capaz de generar los "anticuerpos" necesarios para extirpar al "huésped" tan pronto como un aspirador se cuela en cualquier organización. De nuevo, otra analogía: la selección debe tener una prioridad máxima, pero nunca superior a los esfuerzos que deben dedicarse para erradicar aspiradores.

Porque, si una organización no contrata inspiradores y, además, no elimina aspiradores...normalmente acaba "expirando".

El nerviosete zigzagueante.


La típica mañana de atasco en la autopista y el típico "fitipaldi" que, nerviosa y peligrosamente, va adelantando en zig zag. Y todo para, supuestamente, llegar antes a su destino. Hasta aquí, nada nuevo.

Mientras tanto, vas tú por tu carril, tranquilo y seguro, a velocidad inferior, sabiendo adonde vas y, sobre todo, cómo quieres llegar allá donde vas.

Pues bien, incontables son las veces en las que, siguiendo cada uno el proceder escogido, acabas dejando atrás al nerviosete zigzagueante. Y habiéndome pasado en ocasiones suficientes y teniendo tiempo yo para pensar durante tanto y tanto atasco en la autopista, la verdad es que me he dado cuenta que éste no deja de ser un ejemplo perfecto para lo que también pasa en las empresas o en las relaciones de pareja. 

¿O acaso no tenéis ejemplos de compañeros "nerviosetes" que, sin poderosas motivaciones más allá de la "erótica del cambio", van cambiando de empresa cada dos por tres para, en muchas ocasiones, acabar en posiciones extrañas en sitios extraños al cabo de unos años?.

O el Peter Pan que cambia de pareja como el que lo hace de serie en Netflix y que te lo encuentras con cincuenta añazos y lamentándose sobre su mala suerte con el amor...sin atisbo ninguno de autocrítica.

Y es que vamos faltos de paciencia. Preferimos cambiar a arreglar. Lo queremos todo ya sin ser conscientes que tampoco estamos dando todo ya. Incapaces de diferir la recompensa. Porque conocer bien las cosas requiere dedicación, tiempo, calma. Profundizar y conocer bien a personas y empresas lleva su tiempo. Un tiempo que es mucho mayor del que consideramos darnos.

Cuántas veces hemos oído excusas como "me marcho porque la compañía no me ofrece un proyecto atractivo" o "siento que el proyecto se ha agotado", cuando en realidad deberíamos decirnos "me marcho porque yo soy incapaz de construir un proyecto en el marco actual" o "siento que yo no puedo ofrecer más de mí". Porque la culpa, siempre es del otro. De la empresa que "no me da lo que necesito" sin reparar en el paternalismo que supone dicha reclamación.

Creo que, en ocasiones, deberíamos cambiar nuestro papel de víctimas y dejarnos de excusas para abordar de manera madura las verdaderas motivaciones de un cambio. Deberíamos importar más el famoso "no eres tú, soy yo" como fórmula clásica del ahora cada uno por su lado. Siento que nos falta autorresponsabilidad. 

Autorresponsabilidad es también pirarte si no estás contento con tu proyecto actual y/o crees que puedes ser más feliz en otra empresa. Muévete!, que no eres un árbol. Si, por contra o cobardía, no estás contento o no das más de ti y decides quedarte porque no encuentras adonde ir o porque no te quieren en ningún otro lado, pues coño, sé consciente y agradecido. O, como mínimo, "no des por saco" intoxicando con tus mierdas al resto. 

Paciencia y consciencia. Tan necesarias como tantas veces ausentes.

Esbirros

 


El psicópata empresarial es un profesional del dolor emocional ajeno, incapaz todo él de sentirlo. Te mata limpio y fácil. Muchas veces ni te enteras. Acaso cuando notas tierra en la boca el día que te entierran. En “orientación a resultados” es imbatible. A foco, no le ganas. Por eso resulta uno de los cánceres más difíciles de extirpar. Se trata de un asesino silencioso con una expresión en formato PowerPoint brillante y digna de repetida admiración pública por parte de jefes que normalmente lo evalúan desde sus sillones ubicados a miles de kilómetros. Jefes que les leen, pero que no les huelen. Jefes que no les sufren ni ven el reguero de cadáveres al paso de brillantes resultados. Cáncer del chungo.

Pero a veces pasa que ciertas torpezas inesperadas, llámale si quieres serendipias, hacen que estos cánceres puedan ser eliminados. Para ello, hace falta un buen puñado de condiciones que, sin embargo, cuenta la leyenda que en ocasiones se han dado en organizaciones “sanas”, con “anticuerpos” necesarios (léase cultura fuerte) como para acabar extirpándoles de la organización.

Pero hoy no hablo de la amenaza principal, sino de sus metástasis en forma de pequeños cánceres que, una vez extirpado el principal que les ha alimentado y visto crecer, permanecen en el cuerpo, reproduciéndose y siendo capaces de llegar a más órganos que el original. Tumores malignos adyacentes con margen para el daño, pues la organización, distraída, se da por “sanada” al haber expulsado al maligno huésped principal. Se ocultan y aprovechan de la relajación postoperatoria ajena.

El psicópata de segunda es peor que el de primera. Tiene mucha menos clase y suele ser mucho menos listo. Al primero le ciega el dolor ajeno. Al segundo, la vanidad y la avaricia. Es un “quiero y no puedo”. Mientras que, como decíamos, el primero te mata con un escalpelo, éste lo hace con un cuchillo de cocina de sierra y sin afilar. Una carnicería, vamos.

Por ello, si tienes la suerte de trabajar en una empresa capaz de detectar (algunas) y extirpar a cánceres emocionales (muchas menos), lo siguiente que debe ocuparte es identificar mediante el escáner, la radiografía, el PET o TAC de turno, quiénes son y dónde habitan los esbirros del cáncer principal. Las garrapatas del pecado original. Y extírpalas también. Cuanto antes. Créeme que te corre prisa.

Chapter 1: Saving private Ryan

 


Life is far from being a Disney movie. I get it!! Life is more like Saving Private Ryan than Frozen. Life is pretty much like disembarking in Normandy during the 2nd World War. Most of the time you’re feeling completely alone, naked, and absolutely scared, while the sky is raining down bombs everywhere you look. Life continues to bombard you, dropping plenty of bombs all around you. Some of them hit you directly, some just partially hit you. Or maybe you hear the screech of bombs and explosions from afar. In any case, it is just bombs. bombs and more bombs, every single day. And this is not a movie scene you can control; turn down or switch off. This is life.

Of course, depending on the decisions you make, you can influence a little the number of times you are hit and the damage incurred, but sorry, this is life. And life is a real rain of bombs and you will get hit and hit badly sooner rather than later.  Accept it and Move On.

The most important thing is not really what is happening but what you do in response to what is happening. The only thing you can really control is your emotional reactions, your approach, your decision to move towards a certain direction or even just to stand still. Bombs will fall down anywhere at any time and anyway. Do not even try to explain why. In life, shit happens. So simple. So real.

Don’t flinch, cower or look longingly towards where others seem to be safe. The bombs will get us all in the long run. Be assertive in your decision making, be brave and be bold. Live every moment and stay true to yourself knowing the only real futility is to believe you can control the uncontrollable. Shit happens – get on with it.


El bueno, el Feo y el Malo


Estamos viviendo una película de terror. Terror por las pérdidas. Terror por lo que vamos a perder. Terror por ver lo que pasa cuando le das la navaja a un mono.

No obstante, siguiendo con el símil peliculero, me gustaría pensar que, queriéndolo o no, estamos también construyendo las bases para lo que hoy (desgraciadamente) todavía es ciencia ficción, pero que seguro que mañana será lo habitual para aquellas empresas que hayan decidido sobrevivir y prosperar. 

Y ya puestos, por nombrar tres claves, que sea también recuperando uno de los clásicos del Western: "El Bueno, el Feo y el Malo", a saber:

El Bueno

Recuperemos el concepto de organizaciones líquidas (obligados hoy, tras entender lo de entornos volátiles). Aquellas donde "el trabajo no es un lugar". Aquellas en las que la Flexibilidad Digital es el medio de elección. ¿Para qué limitar el Teletrabajo?. ¿La oficina que tenemos cubre en tamaño y funcionalidad las necesidades que tendremos post COVID19?. Oye, que igual sí; lo que yo digo es que repensémoslo, porque estamos afrontando (desgracia mediante) una de las "pruebas piloto" más bestias que veremos en nuestras vidas: buena parte de la población, currando desde casa y, en muchos casos, los números siguen saliendo (o incluso mejorando). Visto así; ¿acaso no hay que replantearse el modelo de negocio?; ¿acaso no hay que pensar que lo que era un coste necesario (oficinas) puede pasar a ser un coste (total/parcialmente) discutible?. ¿Las vacaciones tienen sentido, tal y como las concebimos, en un entorno flexible de los de verdad?, que no digo que no tengamos (imprescindibles) períodos prolongados de desconexión; hablo del modelo actual, tal y como no lo discutimos. Y la guinda: ¿Os acordáis de aquello de el Registro de la Jornada Laboral y la Desconexión Digital?...aquí, mi hija pequeña haría....Booooooom!


El Feo

Habilidades que hasta ahora habían sido el patito feo o tan siquiera se habían ganado el dudoso honor de aparecer en los antiguos diccionarios de competencias (negocio tan prolífico para quien lo vendía como inútil para quien lo compraba), ahora se han vuelto tremendamente sexy. ¿O acaso no es sexy ver como alguien mantiene la calma/aplomo/empaque/serenidad/llamalocomoquieras ante el estrés locomotor colectivo?. ¿Acaso no es sexy que alguien te enseñe a convivir mejor con la incertidumbre en lugar de mentirte con un "tranquilo que la Seguridad está aquí, que me dice que ahora viene...". O la importancia de mostrar Cercanía Objetiva, en un momento en el que la Emocionalidad parece haber cogido el mando.


El Malo

Pues "el bicho", claro. El puto COVID19, que nos ha dado una hostia de realidad y nos ha dicho en toda la cara: "chaval, pensáis que controláis el mundo y no controláis nada". Fragilidad. Fragilidad máxima que nos ha de conducir a la Humildad y al concepto de Liviandad, esto es, darle la importancia justa a cada cosa, en especial a las cosas que no son importantes, que aunque suene extraño decirlo así, sé que me has entendido perfectamente.

Fíjate bien: millones de personas han perdido sus empleos. Centenares de miles de muertes. Crack bursátil. Debacle del PIB. El petróleo a mínimos históricos. En Italia hay saqueos de supers y espérate en EEUU, que allá se pasean pistolas... y todo, porque al parecer un tipo se zampa un murciélago Wuhan. Toma globalización. Toma macabro Efecto Mariposa (¿o deberíamos llamarle el "efecto del maldito murciélago"?.

¿Qué aprender?, pues que somos irrelevantes en el juego global. Que no tiene sentido creernos importantes para quien no lo somos. Que no eres tu tarjeta de visita. Que uno de los liderazgos más trascendentes es el Liderazgo Emocional. Que la vida es un suspiro, de verdad. Que, como decía aquel, nos obsesionamos con tontadas mientras lo Esencial nos espera, incrédulo. Y porque lo único que no podemos permitirnos es no aprender de lo que está pasando y que, sin duda, volverá a pasar. La primera vez, será culpa del "bicho". La segunda, será culpa nuestra.

Mientras tanto, vayamos desterrando expresiones como "business as usual" o incluso la pura denominación de "teletrabajo", apellido que esta coyuntura ha convertido en superfluo.

Obviamente, a estas alturas ya te habrás percatado que mucho de todo esto poca aplicación tiene para puestos ligados a fabricación / distribución; tampoco en determinados entornos, pero no así a tantos otros. A aquellos a quienes va en realidad dirigida esta reflexión. 

Porque esta película está rompiendo mantras e inercias mentales del pasado y obliga a revisitarlo todo, no para resquebrajar nada por deporte, sino para confirmar qué cosas siguen siendo válidas, qué otras no y qué otras son necesarias que antes no lo eran. 

Señoras y señores, disfruten adecuadamente de la película.

Director, Manager or Technician? Knowing the Difference, Makes the Difference




If you judge a fish by its ability to climb a tree, you will spend your whole life disappointed with our shiny slippery wet friend.

The same thing happens when we evaluate executives, managers or technicians and get confused about their real main responsibilities. We claim to know what their responsibilities are, but the way we act, suggests we don't really know them at all, causing all sorts of problems.

Indeed, the more these roles tend to overlap, the more confusion exists; resulting in a lack of efficiency,  lost revenue, and a negative impact on P&L.

The difference between the three is so basic, yet so many people either miss it or forget it, so let me share my vision (at least) on what the core responsibilities of each role should be:

a) Directors/Executives

l  Be aware and anticipate future trends likely to impact on the business/company, in order to adapt the organization in a timely manner (“timely manner” meaning neither before nor after, as such mistiming is just another example of failure to correctly anticipate the future).
l Ensure alignment, between functions, companies, partners, headquarters, and other stakeholders in the Market.
l  Create an inspiring Long-Term Vision. Build a powerful story of transcendental purpose.
l Challenge initiatives. Coach key people via meaningful conversations.
l Ensure sustainable growth by consistently exceeding business targets and stakeholder expectations.
l Values and Compliance role model, embodying and promoting the right behaviour across the organization.

b) Managers
l  Foster values, compliance and agreed behaviours, ensuring the right cascading down of the same across the organization.
l  Ensure alignment inside the function and also across closely connected functions.
l  Key link between strategy and operative, through tactics design. Act as the principal transmission chain from top level to bottom levels and vice versa.
l Maximize resources available in order to exceed agreed targets.
l  Coach teams via meaningful conversations.

c) Technicians
l  Make things happen from a technical point of view. Propose the way to put into operation all the actions described in Tactics.
l Execute and track technical activities, always being up-to-date with the latest knowledge in the field.
l  Suggest alternative or new ways of working to optimize any implementation.


Most of the time quality performance is not about doing extraordinary things, but doing ordinary things extraordinarily well. This also applies to the clear definition of roles and expectations.

Ask yourself whether your organization (and especially each relevant person) has a clear definition of who exactly should do what.

Remember that doing the job of an under-performer has a double negative impact: we are doing someone else's job (undermining their chances of personal development) and we are not doing our own job, the one for which we are being paid. This is a huge source of inefficiency across organizations. When this happens (because we are reluctant to see / admit /act against low performance), we tend to think we are helping someone but, in the end, we are not helping anyone, we are only reducing the competitiveness of the organization (which may well have a significant negative impact, mid to long term, on all staff).

My suggestion, therefore, would be to: clearly define roles and responsibilities (without overlapping and grey zones) and stick to them religiously. This way, you will avoid a considerable amount of disappointment and enjoy a whole lot more success.


(special thanks to Andrew Dodd, for English corrections. Thanks, my friend :)

Nuestros héroes


El qué era inevitable. El cuándo y el cómo, impredecibles. Era, en definitiva, mi vocación. Era el momento. Sin lamentos. Lo viví todo y me voy sereno, sabiendo que ayudé a tantos. Sabiendo que este mundo es hoy, un poquito mejor. He aquí mi único legado. 

Este maldito virus se ha llevado tanto, pero ha dejado otro tanto que debes valorar y disfrutar, aunque sólo sea en memoria de los que se fueron.

He aprendido que lamentarnos sí, pero sólo de aquello que no hacemos. De nada más. Aprendí que la vida hay que vivirla de manera salvajemente respetuosa, con medida desmesura, siendo feliz en cada momento. Aprendí que no tiene sentido “esperar a “, porque a lo mejor no llegas.

He aprendido a valorar las pequeñas grandes cosas: el primer trago de una cerveza helada; el abrazo de un amigo; la magia de ver salir agua de un grifo; un te quiero que no esperas; levantarte de la cama sin dolor; un guiño furtivo; una ducha de agua caliente o simplemente levantar la vista y admirar un cielo estrellado. Ver el hipnótico mecer de las olas del mar; el crepitar de una chimenea mientras lees un libro que te encanta; recuperar una foto familiar antigua o recibir un regalo que no esperas. Y, por encima de todo, te he querido más que a mi vida. Tanto, que me dolía. He sido, sin duda, afortunado por tenerte en mi vida.

Este virus nos ha enseñado que es posible vivir en un planeta limpio. A que pueden hacerse las cosas de manera diferente. A romper tabúes. A reencontrarnos como Familia. A ocuparnos menos y preocuparnos más, por los demás. A que en ocasiones hay que cambiar el reloj por la brújula, para poder encontrar nuestro Norte particular. A que es mucho mejor la interdependencia que cualquier independencia, porque nadie es mejor que todos juntos. Y que la Generosidad es el mejor motor para llegar lejos y encontrar la felicidad verdadera.

Espero que jamás te acuerdes de olvidarlo. Te quiero hoy y siempre, desde allá donde esté.

Mario
Sanitario. Héroe. Padre
1959 – 2020

12 monos


"Si pagas cacahuetes, sólo puedes aspirar a contratar monos" es lo primero que me ha venido a la cabeza cuando, repasando portales de empleo para pulsar la situación de Mercado, mi mirada se ha fijado en una oferta de trabajo.

No recuerdo para qué era el puesto (también sintomático de muchas cosas) pero lo cierto es que la descripción era de una extensión y densidad que ni los Pilares de la Tierra. Madre mía, que si más carreras que Fernando Alonso; que si más idiomas que el Google Translator; que si más experiencia que Jordi Hurtado presentando el Saber y Ganar; más agilidad que un puma; percepción extrasensorial; visión nocturna; la fuerza de Superman, la gracia de Berto Romero y hasta la inmunidad de un autónomo. Y todo por mierdamil euros al año. 

El único sentido que no tenía el anuncio era el sentido de realidad, para luego sustentar un "el mercado está muy mal", nos ha jodío. Es como irte al Burguer King y quejarte porque no te han servido por la derecha, o montar una barbacoa para un evento de networking entre veganos.

Con este nivel o desnivel, según se mire, lo que seguro va a pasar es que nos vamos a hacer pupita, si antes no nos pilla el Coronavirus! 


La isla de las tentaciones



"No merecemos aquello que no somos capaces de conservar". Tan duro como cierto.

Nos falta prudencia. Nos falta paciencia. Nos falta análisis en perspectiva. Somos víctimas de decisiones emocionales que, en ocasiones, emiten facturas que nuestro bolsillo no puede pagar. "Pensar en grande" es sexy, pero peligroso si no va de la mano de "analizar en grande". 

En Menorca suele decirse "més val menjar poc i païr bé" (más vale comer poco y digerir bien) y recuerdo un comentario ácido que un colega de profesión y persona a la que admiro tiempo atrás dijo: "cuando mi empresa se fusionó con otra, mi homólogo en la otra compañía tenía un Audi A6 y yo un  A4. Siempre se reía de mi conservadurismo. Hoy, él va en un Seat Panda y yo continúo con mi A4". A veces hay que saber parar, respirar y pensar en perspectiva, para decidir que ya está bien. Que no hace falta más. Y luchar por conservarlo y disfrutarlo, más allá de seguir alimentando al monstruo del "nunca es suficiente".

Conformarnos. Tan difícil como necesario. Concepto tan denostado públicamente como rentable a nivel personal. A partir de un nivel mínimo, resulta mucho más económico conformarse con lo que uno tiene, que embarcarse en grandes hazañas, preludio de grandes dramas. 

No existe ser feliz, sino estar feliz en cada momento. La felicidad duradera viene de la mano de la generosidad; de compartir con los demás; de estar con los que quieres. Viene de saber disfrutar de las pequeñas cosas y momentos que te regala la Vida. Pocas veces viene de nada que venga con factura.

En las compañías también se observa este patrón, cuando la rentabilidad viene más de la mano de la eficiencia que de la grandilocuencia: "esto no va de hacer nada extraordinario, sino de hacer algo ordinario, extraordinariamente bien". Steve Jobs hay pocos, así que, de apostar, yo apostaría mi dinero por hacer algo simple de manera extraordinariamente eficiente, en lugar de buscar el pelotazo. 

Y hasta en las relaciones de pareja. Si uno tiene una buena relación de pareja con una persona a la que quiere, se hace imprescindible recordarlo cada día y valorarlo con la perspectiva a largo plazo, que no jugártelo todo al rojo por una noche de ensueño que puede llevarte a una vida sin poder pegar ojo. Y valga como ejemplo el programa que está batiendo todos los récords y al que llegué alentado por la recomendación de un gran amigo, primero, y luego por el morbo máximo: "La isla de las tentaciones" (que tantos tópicos está rompiendo, dicho sea de paso). Ver para creer mientras no te crees que lo estés viendo. Pero ahí estás viendo cómo cuando haces pop, ya no hay stop.

Y es que todos vivimos, permanentemente, en una isla de las tentaciones, la diferencia está en que no todo el mundo acaba gritando Estefaníaaaaaaaaa!!!




Me preocupa


Me preocupa que nos dejamos la salud por conseguir dinero que, cuando conseguimos, tenemos que gastarnos en intentar recuperar nuestra salud.

Me preocupa que a muchas de las personas más influyentes de esta sociedad les cueste deletrear su propio nombre.

Me preocupa que nos gastemos lo que no tenemos para impresionar a gente a quien no le importamos.

Me preocupa que nos creamos quienes somos en lugar de ser quienes creamos.

Me preocupa la gente que defiende que patear bien un balón es mérito suficiente como para gobernar, sin mostrar mayor criterio político que mi abuela, la del pueblo.

Me preocupa que la gente piense que los problemas se resuelven mejor con los estudiantes fuera de las universidades que dentro de ellas.

Me preocupa que la gente crea que Democracia está por encima de la ley, cuando es al revés. Y que no entienda que lo que no es legal no es lícito. Y me preocupa que no entiendan ni siquiera esta frase.

Me preocupa que hay luchas entre gente que no se conoce y se masacra, provocadas por gente que sí se conoce y no se masacra. Luchas de gente que siempre pierde, a costa de gente que siempre gana. Luchas de gente que no sabe, creyendo saber, generadas por gente que lo sabe y hacen que no lo saben.

Me preocupa que la gente se crea que una tierra es más suya que de otro por el simple hecho de haber nacido en ella.

Me preocupa que el sentido común sea el menos común de los sentidos.

Me preocupa que la gente haya dado su voto para gobernar las mayores potencias mundiales a gente a quien no le daría yo ni la hora.

Me preocupa que la gente encienda las teles y apague sus cerebros.

Me preocupa un mundo en el que mueren (más) millones de personas por causas relacionadas con el sobrepeso, mientras que otros tantos lo hacen por no tener qué comer.

Me preocupa que hay más gente con falta de visión que gente con gafas.

Me preocupa que digamos lo que pensamos en lugar de pensar lo que decimos. 

Me preocupa que veamos el mundo no como es, sino como somos.

Me preocupa un país en el que las teles cada vez son más grandes y las bibliotecas más pequeñas.

Me preocupa un país en el que, últimamente, hay muertos que se mueven más que algunos vivos. Un país de muertos más vivos que muchos vivos, muy muertos.

Me preocupa un país donde nos escondemos para hacer el amor y la violencia se practica a plena luz del día. 

Me preocupa un país donde hay gente que se mata por vivir, mientras otros viven para matarse.

Me preocupa que lo más simple sea siempre complicarlo.

Me preocupa que no paremos de hablar sobre escucharnos.

Me preocupa que una suma acabe dividiendo.

Me preocupa que una mentira explicada por millones de personas pueda llegar a dejar de ser una mentira.

Me preocupa que la felicidad se escriba con qué en lugar de con quién

Me preocupa que la gente deje mella en lugar de ocuparse en dejar huella.

Me preocupa que la gente elija comer bien a dormir bien. 

Me preocupa ponerme a pensar, el día menos pensado.

Me preocupa que algún día me olvide de acordarme de todo esto. Y, sobre todo, me preocupa que algún día deje de preocuparme.