Ying Yang recruitment


Érase una vez un niño que una vez aprendió que lo último que hay que hacer en un proceso de selección es correr. Que el peor KPI es el famoso "recruitment process time", porque al final del día uno puede encontrarse trabajando para el KPI, con independencia de lo bueno que sea el candidato.

Érase una vez el mismo niño, que también aprendió que si uno tiene identificada a una persona a la que "hacer feliz en otra compañía", que tiene que hacerlo cuanto antes.

Ying Yang recruitment es, para mí, lo que reiteraba mi querido Miquel Lladó cuando decía "Ficha lento y despide rápido". Y no como normalmente se hace en las compañías. De hecho, siempre digo que puedes medir la calidad directiva de una empresa (también) por la velocidad con qué se ejecuta una y otra cosa, porque las peores consejeras siempre son las prisas. 

No hay viento bueno para el que no sabe adónde va. Da igual el camino que cojas si no sabes adónde quieres llegar, decía el famoso gato de Chesire, en "Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas". Y porque una cosa es moverse y, otra muy distinta, avanzar.

Os dejo otro vídeo, en esta pequeña escaramuza que perpetro, como es vídeo bloguear en pocos minutos sobre un tema muy concreto en relación a la Gestión de Personas.

Del FEO al CEO


Hay diferencias abismales entre CEOs (léase: Chief Executive Officer. O sea, el jefe máximo). Tantas como personas. Pero también es cierto que, haciendo un esfuerzo podríamos clasificarles en tres grandes grupos: FEOs, NEOs y CEOs, siendo esta última una pequeña variante de la primera definición enunciada. Vamos al lío:

FEO: Fuck Executive Officer. Un profesional del joder la vida ajena. El tipo ha decidido que, si él no tiene vida, los demás tampoco. Rey del micromanagement. Enamorado de sí. Dios del egomemeimimecum. Príncipe del todo pa' mí. El de "yo Tarzán y tú Chita". El que gusta de cambiarle la letra al Liderazgo Emocional para adaptárselo a Liderazgo Emocianal, o aquel que se comanda desde la parte donde la espalda pierde su nombre. El que saca lo mejor de sí, sólo cuando va al baño. Y ya creo que el concepto ha quedado claro.

NEO: Neutral Executive Officer. El ni pa' lante ni pa' tras. El ni fu ni fa. Ni blanco ni negro, ni todo lo contrario. El que nunca se sabe ni se le espera. Aquel del que nunca se acuerda nadie, a los cinco minutos de marchar, porque hay quien duda que nunca estuvo presente. El que siempre va seco por la vida, porque no se moja ni bajo la ducha. El que no sirve ni para esconderse. 

CEO: Chief Emotional Officer. El que te enamora. El tipo que es mejor que tú y que te hace mejor persona. Aquel que no tiene nada para sí y todo para los demás. El que vive para ti. El que te necesita porque te quiere y no al revés. El que cuando te abraza, te carga el móvil. El que te deja huella, en lugar de mella. Al que siempre está ahí.

Hay muchos FEOs y NEOs por cada CEO, así que si tienes la suerte de pillar un CEO como los del cuento, hazme caso y no lo sueltes!

Feliz viernes! 

Títulos


La semana pasada me hicieron una preposición. Sí. Una preposición. Lo habéis leído bien.

Y para los pensáis que se escribe proposición, deciros que me han ofrecido añadir, a mis funciones actuales como Director de Personas en Otsuka España y como Responsable de Talento para toda Europa, las de ser el Director de personas PARA la filial de Otsuka DESDE Italia. Y en italiano, claro está. El reto es mayúsculo y mi ilusión es máxima. Y sí, por supuesto que he aceptado.

Pero es que no basta con eso. En poco más de una semana he terminado la carrera de Derecho; me han confirmado que voy a dar mi primera clase de MBA nada menos que en IESE Business School y APD me ha contactado para colaborar con ellos para impartir sesiones de formación. 

Me siento muy afortunado. Feliz. Y con mucho agradecimiento que repartir. A todas las personas que siempre me habéis ayudado y lo hacéis hoy en día. Por vuestra generosidad. Por habérmelo enseñado todo. Por estar junto a mí. Por darme todo cuanto sois. Porque no sé bien bien cómo he ido a parar al centro de un montón de gente mejor que yo. Porque a veces creo que no me lo merezco. Soy incapaz de listar a todos a quienes quiero reconocer, por la enorme lista que supondría y por terror a dejarme a nadie. 

Siempre he defendido que el nivel de valor añadido es inversamente proporcional a la longitud del cargo que aparece en tu tarjeta de visita, así que espero ser una excepción a mi norma.

Me siento responsable y no quiero defraudar a nadie, pero también es verdad que, llámale experiencia, llámale edad, llámalo qué sé yo, voy a vivirlo con intensidad pero con liviandad (ah!...liviandad, qué gran descubrimiento). 

Y porque, con el tiempo, he descubierto que los títulos más importantes de mi vida, aquellos que de verdad importan, son los títulos de "papá", "hijo", "hermano", "marido" o "amigo", todos hijos de la misma empresa: "familia".

Hoy, de nuevo, no va de mí. Mi tiempo ya pasó. Hoy y siempre va de vosotros. Siempre fue de eso. Que nadie se equivoque. Yo intentaré no hacerlo.

En definitiva, gracias a los buenos por estar y a los malos por no molestar.

La vida mártir



Vivir mal una compañía tiene que ser muy fastidiado. Mucho. 

Pensar que una compañía te está jodiendo como práctica deportiva me recuerda a aquello, ya famoso, de "el universo está cuatrocientos mil años buscando marrones y, cuando los encuentra, los concentra en el noroeste de Coruña para joder a Pepe" del genial Emilio Duró.

Cada vez que veo a un/a profesional joven, con buena formación y sólida experiencia profesional, renegar de manera habitual e improductiva de la empresa que le sustenta, no puedo dejar de pensar; ¿pero por qué continua aquí? ¿será que no lo quieren en ningún otro lado?. Y es que este tipo de personas son como las meigas: que haberlas, haylas.

Hablo de traficantes del rumor; de los yonkies de la conjetura; de los del soneto fácil; de los que visten su día a día de miseria emocional, mientras juegan entre las ruinas de la queja. Y es que, como dice el sabio, "lo que crees es lo que creas", aunque no lo creas; si bien parece que estos han dejado ya de creer y automáticamente de crecer, mientras se menguan.

Me refiero a los que sufren las compañías a gritos; a los fanáticos del altavoz, sobre los que recae siempre la duda de si tiene más morro o hemorroides; a los que se creen Dios, mientras se ponen el vestido de monaguillo del revés. Me refiero a los guerrilleros de lo tóxico que, inexorablemente,  acaban explicándole la injusticia ante el funcionario del SEPE, mientras le piden la prestación, curiosamente por no haberla prestado ellos anteriormente. Y, de nuevo, me viene Duró. 

En estos casos, la función de la compañía debe ser precisamente esta, la de acompañarles...a la puerta. Idealmente, a la puerta de la competencia, que allí seguro que están mejor, al menos para tu empresa. Debes ayudarles a ser felices...en otra compañía. Debes hacerles entender, que fuera se está estupendo y que por las tardes llueven nubes de golosinas fabricadas con pasión por líderes que les amarán por encima de todas las cosas. Y que no deben preocuparse, que no les vamos a echar de menos. Les echaremos de más.