Caranchoa

Que con 42 tacos igual ya tenía que saberlo. Que podía haberlo preguntado ya, me digo. Pero la conclusión a la que llego es que quizás nunca lo había preguntado por miedo a la respuesta.

20:45. Falta un cuarto de hora para cerrar. Me apresuro a entrar en un supermercado de marca muy conocida para comprar las cuatro cosas que necesitaba. De pronto, mi atención se desvía a la zona de la pescadería donde, a quince minutos para cerrar, todavía lucía espectacular con decenas de kilos de pescados variados de pinta estupenda. Y le hago la pregunta maldita al pescadero: 

- Perdone señor: ¿qué hacen ustedes con el pescado del día que no venden?
- Lo tiramos
- ¿Cómo dice?
- Si señor, a mí también me duele en el alma. Cada pescado tiene su caducidad, tras la cual, estamos obligados a tirarlo. Hoy, por ejemplo, me ha llegado anchoa fresca y la voy a tener que tirar toda  hoy mismo, pues sólo la podemos tener un día.
- ¿Y no pueden los trabajadores o bien organizaciones benéficas beneficiarse antes que se produzca tal pérdida?
- Lo están mirando, pero deberían poder tener camiones frigoríficos para mantener el producto en condiciones.
[...]

Y la cosa no está en que yo ya entienda lo de la cadena de frío; lo de la seguridad alimentaria; los temas legales u otros que se derivan, etc. Que yo lo entienda o que me parezca perfectamente lógico no lo convierte en menos injusto, ni en menos frustrante, ni en menos paradójico: a pocos metros de donde, cada día, miles de establecimientos de estas cadenas dilapidan (cada uno) decenas de kilos de pescado perfectamente consumible (o de pan caliente recién hecho; fruta, etc. según me confiesa también) hay personas pasando hambre. 

Francamente, me rebela pensar que la hambruna ajena no es suficiente aliciente como para que empresarios de éxito no puedan ponerse de acuerdo y arreglar papeleos mientras destinan una ínfima parte de sus generosos beneficios a la compra del camión frigorífico de turno. Eso sí es Responsabilidad Social Corporativa. 

Me parece increíble que en una era donde los coches conducen solos; la era del machine learning; del Big Data; de la Inteligencia Artificial; una era en la que incluso nos planteamos que la muerte sea un pocos años una enfermedad crónica...que en esta misma era nadie haya querido (porque querer es poder) solucionar este asunto. 

Y ya lo voy a dejar aquí, porque cuando parece que no puede empeorar, resulta que lo hace exponencialmente: me pongo a investigar y me enfrento a lo que se llaman descartes pesqueros. Os lo traduzco: aproximadamente la mitad de los peces que se pescan en el Mar del Norte (pero también en Europa) se vuelven a arrojar muertos al mar, lo que supone desperdiciar un millón de toneladas de peces comestibles al año. Sí, lo habéis leído bien. 

Como digo, lo voy a dejar aquí, porque hoy tengo que confesaros que a mí, también, se me ha puesto caranchoa.

Rico


Hoy mi hija de siete años me ha dado la enésima lección: 

- Papá, ¿somos ricos, no?
+ No cariño, nosotros no somos ricos. Podemos pagar la comida, y el agua y la casa y el cole para ti y para tu hermana, pero no somos ricos. ¿Por qué lo dices?
- Pero papá, en la familia estamos sanos y estamos juntos y nos queremos mucho; ¿eso ya es ser rico, no?...

Tal cual.

Así que, tan pronto como la vergüenza me permitió articular palabra, le dije que tenía razón. Que tenía toda la razón.

Porque ser rico es levantarte sin dolor por las mañanas. Es recibir un abrazo que no esperabas. Es un cuento de buenas noches. Ser rico es trabajar de lo que te gusta. Es estar rodeado de buenas personas. Es una barbacoa con tus amigos. Ser rico es admirar el mar y las estrellas. Es poder dormir por las noches. Ser rico es poder mirarte al espejo y reconocerte, porque nunca renunciaste a ti. Ser rico es encontrar a alguien que quiera envejecer a tu lado. Es poder querer a alguien más que a ti mismo. Ser rico es amar hasta que te duela. Es ir al Súper sin tener que mirar tu cuenta bancaria antes de comprar algo que te apetezca. Porque si puedes hacer eso, recuerda que todo lo que ganes de más será sólo para comprar lo que ya tienes, pero más caro. Piénsalo. 

Si tus ingresos cubren tus gastos, ser rico se convierte en una cuestión de actitud. La actitud de disfrutar de las pequeñas cosas. Entender que esto va de "ser" y no de "tener". Entender que hay gente tan pobre que sólo tiene dinero. Entender que lo que más vale no tiene precio.

Y pensé para mí: rico. claro que sí. Asquerosamente rico.

Del odiontólogo al Patiente Experience



Ir al dentista siempre fue un dolor de muelas para mí. Yo le llamaba ir al odiontólogo. Experiencias infantiles desafortunadas con técnicas de otra época se encargaron de procurarme un miedo que ahora se multiplicaba porque el paciente no era yo, sino mi hija.

Pues bien, debo reconocer que hoy apenas han bastado treinta minutos para modificar completamente mi meme mental. Lo de hoy no ha sido un empaste, ha sido una obra de arte. Una coreografía de artistas. Un engranaje perfectamente engrasado en el que cada pieza sabía perfectamente qué hacer y sin ningún movimiento de más. Un ejemplo de empatía máxima con el paciente (una niña de siete años) a quien no han parado de anticiparle de manera cuidadosamente pedagógica todo cuanto iba a pasar, consiguiendo reducir enormemente su ansiedad anticipatoria. Excelencia profesional y maestría emocional. Máximo cariño y pasión en lo que uno hace para procurar una experiencia única. Una clase magistral de Customer Experience. Y mi hija saliendo de la consulta diciéndome "estoy encantada con este doctor. Me cuenta todo lo que va a hacerme y así no tengo nada de miedo" 

Y todo ello provoca que pases del "qué caro" previo a un "qué barato" en sólo treinta minutos. Y provoca que no me plantee ir a ningún otro médico. Y provoca que lo vaya a recomendar tantas veces como pueda. El resultado es que el precio pasa a ser irrelevante y el valor, incalculable.

Hoy compruebo con optimismo que cada vez más son las empresas que entienden la importancia de procurar experiencias positivas a sus clientes, máxime cuando estos clientes son pacientes y, en este caso, niños.