Ajedrez


Muy de tanto en tanto, la Vida suele regalarte uno de esos momentos que recuerdas para siempre. A mí me pasó el otro día. Verás, soy un aficionado de algunos juegos de estrategia y, de entre ellos, el que más me gusta es el Ajedrez. De pequeño solía jugar y no se me daba mal aunque hoy difícilmente llegaría a los 1600 puntos ELO (nivel aficionado). 

La cuestión es que me he decidido a recuperar esta pasión, por lo que fui a comprarme un buen juego de ajedrez en Ajedrez21 (muy recomendable!). Ahí estaba: una pequeña maravilla de Staunton 6 "German Knight" de madera plomada con su tablero de 50 x 50. Un capricho que me compré al grito interior de "qué caray; ¿por qué no?". Y mientras me lo envolvían, justo ahí, la Vida me estaba esperando para hacerme el verdadero regalo: coincidir con Don Miguel Illescas, Gran Maestro Internacional y mejor jugador español de todos los tiempos (llegó a los 2640 puntos ELO, una auténtica animalada).  El resultado: llevarme un tablero dedicado por él que lo convierte en una pieza única y una foto para el recuerdo. Un tipo fenomenal, con quien estuve hablando el rato suficiente como para convencerme a pasarme algún día por su escuela de Ajedrez para probar. Seguro que voy a hacerlo.

Y es que el Ajedrez exige inteligencia, memoria, atención focalizada, estrategia, táctica, mucha psicología y un sinfín de cosas más, aparte de ser un fiel reflejo de la realidad, donde confluyen una suerte de piezas de diferente valor en la que incluso el peón (la pieza de menor valor) puede acabar convirtiéndose en la pieza de mayor poder (cuando se "corona" y se transforma en Dama). 

El Ajedrez es un juego que, a niveles similares, no siempre lo gana quien más sabe. Como en la Vida. Y también como en la Vida, no importa el valor que tengas y cómo hayas jugado: al final de la partida, todas las piezas, acaban siempre en la misma caja.

Os dejo un vídeo del gran Miguel Illescas:


The walking dead - season 2 -



Han pasado cuatro años desde la última vez. Montones de moribundos furibundos bajan por las calles tirados por la fuerza de los Medios, recién lobotomizados, mientras se cruzan memes y se repiten mantras y clichés, ninguno suyo. Tan seguros. Tan desvalidos todos.

Moribundos físicos, unos. Moribundos mentales, el resto. Pero moribundos todos ellos.

Los observo desde el mundo extraño de la desconexión de las Redes Asociales, país de ciegos logorreicos, donde el Fakebook fue un día rey. Desconexión de telepredicadores del régimen de Primero de Demagogia, no vaya a ser que a uno le dé por pensar.

Y es que en la Política se cobra poco y hace bueno aquello de "si pagas cacahuetes, acabarás contratando monos". Si no, de qué que iban a estar los que están (romanticos aparte). Los más preparados ganan mucho más en el Sector Privado (sí, aquel en el que si lo haces mal, te haces mal); ¿Para qué uno iría a perder tiempo y dinero en discutir con imbéciles que, a su nivel, resultan imbatibles?.

Hoy, en el Colegio Electoral, un señor de entrada edad proclamaba en alto que "la gente que no votaba a [...] eran mezquinos ignorantes" y lo hacía con formidables dificultades por pronunciar palabras de más de tres sílabas. Porque entre todos los que he contado allí, sumados no hacían una EGB. Todo en orden.

Los políticos se dividen hoy entre aquellos a quien les das un canuto y te piden instrucciones para hacer una "o", de aquellos a quien les das un canuto y se lo fuman. El resto sólo te las hacen pasar canutas. Algunos, incluso piensan que son de una raza superior, más cercana Jesucristo, mientras que a los demás nos cuesta diferenciarles del restaurado Ecce Homo.

Y es que las cosas se ven muy diferentes desde un chalé. Llámale chalé, llámale una casta grande en las afueras. Mientras, allá donde las coles, ya no quedan bogavantes  por decir que por pensar te meten en la trena. ¿Quién está en qué carcel, realmente? me pregunto yo. ¿Quién es más culpable? ;¿el que vende un argumento o el que lo compra?.

Las cárceles ideológicas son las menos lógicas pero las más rentables, donde la condena suele ser perpetua. Y hablando se entiende la gente, pero hay que saber hacerlo, pues a veces ni la lengua materna parece uno saber usarla.

En definitiva, que si hemos dado el poder a estos para que escriban la Historia, debemos asumir que lo van a hacer, sí, pero con graves faltas de "orcografía".

Mateo 27: 3-5


Machista, clasista, homófobo, vago, maltratador, chulo, engreído, estafador y ladrón. Así es como le recuerdo. Lo de ser analfabeto, quizás, fue lo único que no fue del todo mérito suyo. Y borracho. Eso también. Que yo creo que más que incinerarle, lo flambearon. Un auténtico miserable que no merecía ni el viaje para mearte encima de su tumba. Capaz de falsearle la firma a su hijo y robarle todo cuanto había construido a fuerza de esfuerzo. Setenta y cinco motos, trece coches y una furgoneta. Todo un negocio de alquiler de vehículos y taller. Le robó la vida entera, cuando todavía un garabato y gente de mala fe te permitía hacer esto.

Su mujer no era mucho mejor. Mientras su marido se dedicaba a falsear cartas, ella se encargaba de tirarlas. Sí. Era vidente y evidente que se dedicaba a engañar a pobres incautos. Porque, desde luego, vista tenía mucha.

En definitiva, dos verdaderos despojos humanos o lo que, desde un punto de vista meramente técnico, se conoce como dos hijos de la gran puta. Dios los cría y ellos se juntan.

La genética hizo el resto: los demás hijos, en lugar de reprobar los hechos, se dedicaron a re probar los resultados de su propio hermano, aprovechándose de todo lo que no era suyo durante décadas. Sin preguntar. Mirando siempre para otro lado. Con la mano siempre abierta y la boca siempre cerrada. Sin querer saber de dónde venían todas esas gracias. Ni puta gracia. Alimañas capaces de demostrar que un coche bien vale empujar a un muerto. Simples pirañas de bidé.

Una vez leí que había dos tipos de personas: los que prefieren comer bien y los que prefieren dormir bien. Y yo que pensaba que dormir bien no tenía precio, mira tú por dónde, para determinadas personas sí parece tenerlo. Y, la verdad, acaba siendo un precio de mierda.

Judas Iscariote traicionó a Jesús por treinta piezas de plata. Hoy en día, por poco más, resulta que hasta tu propio hermano podría hacerte lo mismo. Al menos Judas, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, “devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? !!Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó” (Mateo 27: 3-5)

La noche de los proyectos zombie

Un proyecto zombie es un proyecto que tiene apariencia de proyecto normal o incluso hasta ilusionante pero que, en el fondo, ya ves que pinta a muerto. Sí, sí, ese mismo en el que estás pensando y al que tantas y tantas veces has destinado tantos y tantos esfuerzos que al cabo de poco acaban en un cajón olvidados.

Un proyecto zombie, se mueve y respira como uno normal, lo ves un poquito raro, pero más o menos tiene todos los elementos para engañarte. Tiene toda la apariencia de estar vivo. Y la prueba del algodón es cuando se lo explicas a alguien que no está familiarizado con la historia y te pregunta aquello tan lapidario de: pero esto: ¿para qué sirve?. Y si tiene duda, es que no hay duda: para nada.

A veces, los proyectos zombie también pueden llamarse "la cosa" de alguien que lo necesita para justificar su puesto de trabajo y que, su única habilidad, es "vendérselo" a alguien con capacidad de compra...y de mantener al tipo con vida mientras el proyecto zombi se menea. El problema de "la cosa" de alguien es que, en muchas ocasiones, necesita parasitar tu energía y tu trabajo para sobrevivir, mientras tú dejas de dedicarte a lo importante.

A los proyectos zombies puedes identificarlos porque suelen llevar nombres rimbombantes y/o estrambóticos; por su complicada jerga llena de spanglish y por estar trufados de diapositivas de colorines llenas de datos con mucho lío y tufo a "control + c y control + v" de primero de consultoría. Están diseñados para generar esa sensación mixta de "uf, qué complicado y cuánto trabajo como para hacerlo yo + menos mal que lo hace este consultor". Alta ingeniería. Mucha mili

En ocasiones, estos proyectos zombies provienen de personas que están en roles zombie, que son aquellas posiciones que brotan como setas en épocas de bonanza y que tienen nombres larguísimos y/o complicados y que, en el fondo, nadie sabe para qué sirven. De nuevo, la prueba es que cuando llegan las malas épocas son los primeros puestos en desaparecer. Y no quiero mencionar ninguno por no herir sensibilidades, pero apuesto a que ahora mismo tienes dos o tres nombres de posiciones zombie en tu empresa rondándote por la cabeza. Si te fijas bien, todo es muy coherente: los roles zombie generan proyectos zombie...que normalmente te acaban dejando a ti también muerto, pero de verdad.

Finalmente, los resultados: devastadores. Un montón de gente iniciando con máxima energía un proyecto zombie que normalmente no acaba en absolutamente nada y que genera un rastro de frustración mayúsculo. Para entonces, la credibilidad ya hace tiempo que se marchó y la energía ni está, ni se le espera.

Muchas veces, las empresas se esfuerzan en incrementar "la línea de arriba" de su cuenta de resultados (ventas) cuando ganarían mucho más optimizando "la línea del medio" (gastos), sabiendo identificar proyectos muertos zarandeados por roles zombie, evitándolos y evitándose así un gasto innecesario. Y todo sin contar con el coste de oportunidad de dejar de hacer aquello que sí redunda en el negocio. Aquello que sí tene sentido.

Saber identificar proyectos zombies sí es una competencia clave que marca diferencias, así como el ser firme diciendo: "gracias, pero yo me bajo del muerto". Que es que, en el fondo, no es más que aplicar el minimalismo o un pensamiento Lean, si quieres refinarlo, para preguntarte de manera brutalmente honesta: ¿de verdad, de verdad de la buena, necesito yo este proyecto para mejorar mi estado actual de compañía?. ¿En serio?.

Muchas empresas penden de un hilo, mientras que otras están fuertemente hilvanadas con proyectos muertos. Y si no saben verlo, lo de muerto puede acabar siendo premonitorio.

Piensa diferente...pero dilo


Un poco cansado, la verdad, que todo el mundo me diga que no puedo o no debo expresar  mi opinión libremente si quiero montar mi propia empresa. Que eso me va a perjudicar porque la gente o los clientes que no piensen como yo no van a comprar mis servicios. "Sé políticamente correcto siempre" es un mantra que parece que viene en todos los colegios de asesores. Que siendo así, más que asesores cojonudos, para mí que son asesores acojonados. "¿Qué necesidad tienes de hacerlo, sobre todo teniendo en cuenta lo que puede perjudicarte y lo poco que puede ayudarte?", rezan sin parar.

Y yo pienso; ¿en serio una persona que de verdad necesita mis servicios dejaría de contratarlos por el mero hecho de pensar diferente? o, mejor expresado, ¿en serio mis servicios necesitan un cliente que no es capaz de apreciarlos por encima de una mera discrepancia ideológica?

Todo el mundo parece saber qué sería lo que no ingresaría por expresarme en libertad, sin contar con lo que de verdad perdería por no hacerlo: a mí mismo. 

La gracia del tema es que la mayoría de estos asesores te dicen: "Sé auténtico", en un ejercicio de funambulismo esquizofrénico que yo reformularía como "sé auténtico, pero que no se te note mucho". Menuda mierda.

Cada día muere gente a golpes de sus prejuicios que, estos sí, acaban convirtiéndose en perjuicios. Yo niego y reniego de este tipo de frenos mentales. Y que si no lo son, a la postre serán sólo filtros higiénicos para mis asuntos. Si no me compras lo que yo hago porque no compras lo que yo pienso, no me interesa tenerte ni en mi negocio, ni en mi vida. Gracias por ahorrarme el tiempo de darme cuenta.

Creo que un negocio sano debe estar formado de clientes sanos. Igual que uno no puede ser un buen profesional si antes no es una buena persona.

¿Y sabes qué? Que sí voy a jugármela.