Piensa diferente...pero dilo


Un poco cansado, la verdad, que todo el mundo me diga que no puedo o no debo expresar  mi opinión libremente si quiero montar mi propia empresa. Que eso me va a perjudicar porque la gente o los clientes que no piensen como yo no van a comprar mis servicios. "Sé políticamente correcto siempre" es un mantra que parece que viene en todos los colegios de asesores. Que siendo así, más que asesores cojonudos, para mí que son asesores acojonados. "¿Qué necesidad tienes de hacerlo, sobre todo teniendo en cuenta lo que puede perjudicarte y lo poco que puede ayudarte?", rezan sin parar.

Y yo pienso; ¿en serio una persona que de verdad necesita mis servicios dejaría de contratarlos por el mero hecho de pensar diferente? o, mejor expresado, ¿en serio mis servicios necesitan un cliente que no es capaz de apreciarlos por encima de una mera discrepancia ideológica?

Todo el mundo parece saber qué sería lo que no ingresaría por expresarme en libertad, sin contar con lo que de verdad perdería por no hacerlo: a mí mismo. 

La gracia del tema es que la mayoría de estos asesores te dicen: "Sé auténtico", en un ejercicio de funambulismo esquizofrénico que yo reformularía como "sé auténtico, pero que no se te note mucho". Menuda mierda.

Cada día muere gente a golpes de sus prejuicios que, estos sí, acaban convirtiéndose en perjuicios. Yo niego y reniego de este tipo de frenos mentales. Y que si no lo son, a la postre serán sólo filtros higiénicos para mis asuntos. Si no me compras lo que yo hago porque no compras lo que yo pienso, no me interesa tenerte ni en mi negocio, ni en mi vida. Gracias por ahorrarme el tiempo de darme cuenta.

Creo que un negocio sano debe estar formado de clientes sanos. Igual que uno no puede ser un buen profesional si antes no es una buena persona.

¿Y sabes qué? Que sí voy a jugármela.

¿Rico o afortunado?



El otro día hablábamos de cuánto dinero se necesitaba "para ser rico", para acabar entendiendo que ser rico no va de tener dinero. Aunque, si así fuera, yo lo tendría claro: el necesario para pagar tus facturas, comprar en el súper sin mirar tu cuenta corriente y poderte dar algún pequeño capricho muy de vez en cuando. A partir de este nivel, lo único que consigues es tener lo mismo que tenías, sólo que más caro: un reloj más caro; un coche más caro; viajar más tiempo, más veces o más lejos o ir a restaurantes más caros. Nada nuevo que no hicieras antes, aunque a otro nivel. Y muchas veces pagando un precio mucho más alto de lo que vale todo junto, como puede ser tu libertad, tu salud o, en definitiva, tiempo de tu vida.

La falta de dinero por debajo del umbral que te asegura una subsistencia digna es fuente de infelicidad, mientras que el dinero por encima del nivel que te permite vivir con desahogo no te asegura una mayor nivel de felicidad. Por ello, el objetivo sería luchar por conseguir una vida sin aprietos económicos para, a partir de ese momento, maximizar tu nivel de libertad y disponer del máximo tiempo de vida para reinvertirlo en experiencias que permanecerán en tu memoria, en la de los demás y que son las que te hacen verdaderamente feliz. Porque Felicidad se escribe con el verbo ser o estar, nunca con el verbo tener. Como decía el sabio, las cosas las compras, en realidad, con tiempo de vida (que es el que te cuesta conseguir el dinero con el que lo pagas).

Y porque el trabajo sólo es trabajo. Y no me entiendas mal: el trabajo es fundamental y hacerlo bien es muy importante. Pero el trabajo sólo es un trabajo. Ni más ni menos. Faenar es un trabajo, pero el trabajo no puede ser una faena. No dejes que se apodere de ti. Que te apasione es encomiable. Que te aprisione, una putada: ten presente siempre la diferencia.

El arte está en saber cuándo parar. Y mucha gente no lo sabe/mos. Como el hámster que empieza a correr en su rueda, que cada vez va más rápida y que, a la vez, le obliga a correr cada vez más rápido, para acabar estando en el mismo lugar.

Sentarse a ver cómo rompe el mar en las rocas; tumbarse en la playa sin más luz que la del manto de estrellas; leer un libro frente al crepitar de la chimenea una tarde de tormenta, mientras te tomas un té o un café bien caliente; una mañana de pesca con sabor a sal, con final de caldereta en familia; una velada sin fin con amigos, alrededor de una buena mesa...y todo ello mientras te miras y (te) dices: "queridos... esto es, en realidad, ser rico". Quizás acaso sea la distinción entre ser rico y ser afortunado. O entre coste y valor. O qué se yo.

Y la pregunta, Siempre la pregunta: ¿por qué no. Oscar?

Ready Player One...muy guay.


Ayer fui consciente que la realidad propuesta en Ready Player One estaba más cerca de lo que nunca hubiera imaginado. Ayer probé en profundidad el nuevo sistema de Realidad Virtual para Playstation 4. Ayer vi el mañana.

Me resultaría muy difícil explicar la sensación de estar completamente inmerso en un universo paralelo, preciosista, lleno de detalles y sensaciones "reales" como consecuencia de un cerebro completamente engañado. Trepidante. Maravilloso. Asombroso. Ayer pude entender que, dentro de no mucho, será mucha la gente que entrará para no querer salir. Absolutamente anestesiante. 


Imagínate conduciendo un X-Wing en medio de una batalla contra un destructor imperial y un escuadrón de Tie Fighters. Estar ahí "de verdad", con el sonido envolvente de la música, los láser y la radio con las instrucciones de tu escuadrón... un sueño para cualquier seguidor de la saga Star Wars.

O hasta el juego más simple del mundo: Tetris. Imagínate jugándolo... mientras flotas en el espacio, con una situación de ingravidez increíble.

Poder salir de ti para ser otra persona, o un animal, o lo que sea. Poder volar. Experimentarlo de verdad. Ir a cualquier punto de este mundo o de cualquier otro. A cualquier época pasada o futura. A cualquier realidad alternativa. 

Hasta pude leer un libro mágico, mientras éste me explicaba la historia de manera interactiva que te absorbía completamente. ¿Una nueva manera de leer?.

Como ves, me dejó inquieto de verdad la manera tan accesible en que muchas personas podrán vivir de manera "alternativa", dando esquinazo a frustraciones e insatisfacciones vitales. ¿Una alternativa a afrontar, o no, los problemas?. Una nueva droga. En definitiva, ficción que pronto, muy pronto, superará a la realidad.


13, Rue del Percebe



Hoy me ha llamado el Administrador del bloque de pisos en el que vivo. Me ha dicho que Joaquín Torres, el vecino del quinto, le había comunicado su intención de separar su piso del resto para montar en él un club de alterne, para lo que necesitaría pintar la fachada exterior de su piso de color rosa y poner un cartel de reclamo en neón, así como muy llamativo, para atraer clientes a su nuevo negocio. También ha comunicado que deja de pagar a la Comunidad de Vecinos, como primera consecuencia de su voluntad de separar su piso del resto de los vecinos, si bien la estructura del bloque de pisos no sufriría ningún tipo de cambio adicional. 

Joaquín lleva viviendo en su piso durante toda su vida. Un piso muy bonito y de los más grandes de todo el bloque de viviendas, que cuenta diecisiete pisos en total. Al ser más grande que el resto y suponer un mayor gasto de mantenimiento, tiene un coeficiente de contribución más alto que el resto. Lo que durante cuarenta años no había pasado de un lamento, hoy era una negativa a contribuir a los gastos de escalera, sin reparar (o haciéndolo) que tanto Joaquín como su familia continuaban pisando el suelo comunitario, encendiendo las luces del rellano y utilizando el ascensor.

El Administrador me ha explicado que, para ser eso posible, deberían cambiarse primero diversas leyes, como la Ley de Propiedad Horizontal, de modo que acogieran esta posibilidad. También los estatutos de la propia Comunidad deberían adaptarse para habilitarse esta opción. Y, tras ello, todos los vecinos, afectados todos ellos, deberían tener la posibilidad de votar sobre esta posibilidad. Sólo así se consigue preservar la seguridad jurídica y evitamos que la ley se convierta en un menú, en el que uno cumple las leyes que le van a favor y no cumple aquellas que no le apetezcan.

Al parecer, esto no ha convencido al Sr. Torres, quien le ha dicho que, dado que su piso era suyo en propiedad y que en su casa vivían él, su mujer y sus siete hijos, pues que tenían derecho a decidir por sí mismos lo que aconteciera en su casa. Y que, además, cuatro de los nueve estaban a favor de montar el club de alterne. Que sí, que quizás no eran mayoría en número, pero que el voto favorable de él y de su mujer constituían una mayoría cualificada que hacían que, para él, fuera suficiente. Y que votar estaba por encima de cualquier cosa. Incluso por encima de la ley.

El Administrador le ha replicado que si bastara con eso, nada impediría que los vecinos votaran si quedarse con su piso o no y que, el resultado de dicha votación pudiera poner en entredicho su derecho a la propiedad. Imagínese -siguió el Administrador - que doce de los diecisiete propietarios deciden votar por su cuenta sobre si van a quedarse con su piso o van a dejar que usted continúe con su piso en propiedad. ¿Verdad que suena muy loco?. Pues bien, imagínese ahora que, de los doce que deciden votar por su cuenta, siete acaban votando que sí, que al final se quedan con su piso. Y que lo van a hacer en aras a la democracia. Porque no hay nada por encima de la democracia. Si eso fuera así - cerró el Administrador - el Sr. Torres podría - siguiendo el mandato popular - perder su vivienda en propiedad. 

La seguridad jurídica es, precisamente, lo que evita situaciones como estas. 

El Sr. Torres insistía en el mandato de las votaciones y en que votar es lícito, a lo que el Administrador le clarificó que la Ley va mucho antes que la Democracia. Que eso lo explican en primero de Sentido Común y el primer día de la Carrera de Derecho. Que no se puede votar algo que es ilegal. Porque lo que es ilegal es ilícito por definición.

Y cuenta la leyenda que todavía siguen discutiendo en plan "no me chilles que no te veo" mientras las nóminas van cayendo, inexorables y tan calladas...