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sorber y soplar



Es imposible sorber y soplar a la vez. Pruébalo. Es imposible. Por mucho que los gurús del  "todo a cien" te engañen con el "si quieres, puedes". No se puede. Así, en absoluto.

Tampoco se puede tener una vida cómoda sin haber tomado decisiones incómodas, salvo que te toque la lotería o circunstancia similar (e incluso así). Vivir cómodo a largo exige vivir incómodo a corto. Y aquí la Psicología ya nos ha demostrado que resulta muy difícil diferir la recompensa pero, a la vez, que quienes son capaces de hacerlo en pro de un bien mayor postergado tienen una mayor probabilidad de éxito.

Conseguir cualquier cosa mínimamente relevante exige tiempo. Y esfuerzo. Y paciencia. Y resiliencia. Y tolerancia a la frustración...y otras chicas del montón. Porque tener lo que tiene Juanita es tan simple como hacer lo que hace Juanita, en especial, comprometerse con sus mismas renuncias. Y, salvo que todo te haya venido dado o negado en esta vida, comprar sin mirar el precio exige trabajar sin mirar el reloj. Y eso ya no mola tanto...sobre todo cuando la primera clase de la asignatura de Relatividad siempre empieza con la frase "yo trabajo muchísimo".

Tampoco resulta fácil ir en busca de la felicidad enfundado en un pesado traje de queja. El otro día tuve que coger varios taxis en una misma mañana. La primera carrera la hice con un taxista que tenía el taxi casi tan sucio como iba él, que conducía a tirones y que no paraba de despotricar contra todo y contra todos, haciendo especial hincapié en lo mal que estaba el trabajo. La segunda carrera la hice con un taxista que iba impecablemente vestido y con un taxi que, aún no siéndolo, parecía nuevo de lo cuidado que estaba. El segundo taxista se mostró amabilísimo y, antes de irme, me agradeció la conversación y me dio su tarjeta por si lo necesitaba. Mismo contexto laboral (lo que pasa) pero diferentes enfoques (lo que haces con lo que te pasa): probablemente resultados diferentes.

También está el del lamento crónico, esa suerte de rey del "pero" que suele sufrir de "esquerosis múltiple". Ya sabes, ese que no para de dar la turra en contra de la empresa mientras no hace nada para mejorarla y/o que cuando prueba a optar a puestos en otras empresas, todas a coro le dicen que no. "¿Qué hago mal en las entrevistas?", me preguntan. Pues "ser tú mismo", pienso yo muchas veces, aunque eso reconozco que no lo digo. Y es que si, tras insistir, ves que no te quieren en ningún otro lado, deberías ser consciente que estás en el único lugar que te soportan o, como mínimo, en la empresa que te quiere más para, al menos, no dar tanto por el saco. En esos casos, es una verdadera putada que no tengas ningún amigo de verdad que te recuerde que, contigo, la empresa está haciendo un acto que raya la beneficencia. 

Aceptémoslo: todo a la vez no se puede. Elige. Prioriza. Focalízate...y acepta el compromiso con una larga lista de renuncias sin mirar atrás, porque, si eliges sorber, no vas a poder soplar. 

Exagerada - Mente




Tu mente te trolea. Que lo sepas. Y la Ciencia es muy tozuda al respecto. Los recuerdos que tenemos apenas son un dibujo de la realidad vivida; jamás una foto. La mente es cinturón negro tercer dan en rellenar la información que le falta para generar falsos recuerdos una y otra vez. Recuerdos, que defenderás como exactos hasta la muerte. Pobrete.

Además, tu mente es exagerada a más no poder. Porque...


Lo bueno siempre es mejor en tu mente

Ves una foto de una playa paradisíaca y te dices: mataría por estar allí. No puede haber lugar mejor. Aquello sí es vida y no aquí, haciendo papeles en la oficina...

...pero en realidad, querid@, tu mente te engaña parcialmente porque te "esconde" parte de la información relevante. Te esconde la información contraria al deseo. Aquella que desluce la fantasía. Me refiero a que en esa fantasía de estar en esa playa maravillosa, probablemente, tu mente no te incluye una temperatura de 38 grados y una humedad superior al 90%. No te incluye sudando como un pollo. Probablemente no te incluye arena abrasándote tus pies o las típicas avispas que te revolotean sin cesar. No te incluye al niño gritando "medusas!" o esa familia que más que ubicarse, se desparrama en la playa, colocándose a dos metros de ti (da igual que la playa esté vacía, esta es una ley universal) para que puedas oir bien ese radio cassette con lo último de Camela. Esos pequeños detalles sin importancia, pues no, no te los incluye.

Y es que, lo bueno, siempre es mejor en tu mente.

Funciona igual con ese affaire extramatrimonial con el que nunca has fantaseado o con ese trabajo que te ofrecen y que pinta a mierda vestida de escapatoria de tu trabajo actual (que es incluso hasta más mierda). Mente y realidad acaban haciendo bueno el famoso meme de Aliexpress: "cuando lo pido vs cuando me llega a casa". Que tu te imaginas un affaire tipo película americana y, de darse, te das cuenta que aquello está más cerca de Torrente que de Miami Vice. Con el pequeño detalle que el mal ya está hecho. Y no hay vuelta atrás. Y la cara de bob@, pa' siempre. Que, para estas cosas, más vale bueno conocido que malo por conocer. Porque nuestra ingenuidad asume que la situación deseada mantendrá todo lo bueno de la situación actual y que lo malo desaparecerá. Todo muy de primero de Inventada. 

Todo cuanto fantaseas en positivo, la mente te lo tunea, sacándose matrícula de honor en packaging.

Lo malo siempre es peor en tu mente

La mayoría de catástrofes que imaginas nunca se producirán. Y la minoría restante lo hará en una versión mucho más light de lo que imaginaste. Porque vivimos siempre en el peor caso. Además, el humano es el único animal que vive con similar angustia el evento imaginado que su homólogo real. Y por si te faltaba poco, cualquier preocupación (da igual su importancia) se expande en tu mente hasta ocupar todo el espacio, por lo que, todo sumado nos convierte en una máquina perfecta de autojodernos la vida.

La mente no conoce la Liviandad (esto es, conferir la importancia justa a cada evento), porque vive entre la Gravedad y la Banalidad. Porque la mente es cosa de extremos. 

Moraleja: ni lo malo será tan malo, ni las fantasías serán tan buenas. Valoremos lo que tengamos y seamos conscientes del troleo de nuestra propia mente. Todo lo demás puede acabar resultando carísimo!


Justis por pecadoris

Quien demoniza pensamientos es porque no tiene muy claros los suyos. Como en la sexualidad. Porque punibles, en todo caso los actos que lo sean, pero jamás una sola idea, pues supondría una especie de fascismo ideológico que maniataría mortalmente la libertad de pensamiento.

Opino que "discriminación positiva" es un oxímoron y los akelarres binarios me dan grima. Que servidori no niega que empresis de mierdi con jefis de mierdi sean todavía legión y que algo hay que hacer pero la realidad es que muchis justis pagan por pecadoris cuando insistimos en matar mosquis con cañonazis. 

Y mientras, me pregunto por qué "machismo" y "feminismo", todos hijos de Julio Iglesias, corren suertes opuestas en sus connotaciones populares. Y me respondo que, quizás, la respuesta esté en sus correspondientes jefes de marketing. Y, a veces, cuando lo expongo, a lo que me expongo es a la demente virulencia de mentes más cerradas que sus esfínteres y me debato entre verlo como un contrasentido o verle todo el  sentido.

Creo que el Talento no tiene edad, ni género, ni raza, ni forma, ni color, ni política (a la vista está), ni religión. Y que la única cuota tiene que ser 100% Talento. Cualquier otra cosa es hacerse un Froilán. Y estoy convencido que nadie quiere ser escogido por una cuota por encima de su capacidad: os imagináis un "si, la verdad es que es medio tonti, pero necesitábamos cubrir la cuota de gitanos pelirrojos bajitos riojanos cojos, que de eso andábamos flojos". Menuda fórmula y fórmula menuda para el éxito (sic). 

O en el lenguaje de moda: creo en un Talento no binario, sin ningún género...de dudas.




12 monos


"Si pagas cacahuetes, sólo puedes aspirar a contratar monos" es lo primero que me ha venido a la cabeza cuando, repasando portales de empleo para pulsar la situación de Mercado, mi mirada se ha fijado en una oferta de trabajo.

No recuerdo para qué era el puesto (también sintomático de muchas cosas) pero lo cierto es que la descripción era de una extensión y densidad que ni los Pilares de la Tierra. Madre mía, que si más carreras que Fernando Alonso; que si más idiomas que el Google Translator; que si más experiencia que Jordi Hurtado presentando el Saber y Ganar; más agilidad que un puma; percepción extrasensorial; visión nocturna; la fuerza de Superman, la gracia de Berto Romero y hasta la inmunidad de un autónomo. Y todo por mierdamil euros al año. 

El único sentido que no tenía el anuncio era el sentido de realidad, para luego sustentar un "el mercado está muy mal", nos ha jodío. Es como irte al Burguer King y quejarte porque no te han servido por la derecha, o montar una barbacoa para un evento de networking entre veganos.

Con este nivel o desnivel, según se mire, lo que seguro va a pasar es que nos vamos a hacer pupita, si antes no nos pilla el Coronavirus! 


La isla de las tentaciones



"No merecemos aquello que no somos capaces de conservar". Tan duro como cierto.

Nos falta prudencia. Nos falta paciencia. Nos falta análisis en perspectiva. Somos víctimas de decisiones emocionales que, en ocasiones, emiten facturas que nuestro bolsillo no puede pagar. "Pensar en grande" es sexy, pero peligroso si no va de la mano de "analizar en grande". 

En Menorca suele decirse "més val menjar poc i païr bé" (más vale comer poco y digerir bien) y recuerdo un comentario ácido que un colega de profesión y persona a la que admiro tiempo atrás dijo: "cuando mi empresa se fusionó con otra, mi homólogo en la otra compañía tenía un Audi A6 y yo un  A4. Siempre se reía de mi conservadurismo. Hoy, él va en un Seat Panda y yo continúo con mi A4". A veces hay que saber parar, respirar y pensar en perspectiva, para decidir que ya está bien. Que no hace falta más. Y luchar por conservarlo y disfrutarlo, más allá de seguir alimentando al monstruo del "nunca es suficiente".

Conformarnos. Tan difícil como necesario. Concepto tan denostado públicamente como rentable a nivel personal. A partir de un nivel mínimo, resulta mucho más económico conformarse con lo que uno tiene, que embarcarse en grandes hazañas, preludio de grandes dramas. 

No existe ser feliz, sino estar feliz en cada momento. La felicidad duradera viene de la mano de la generosidad; de compartir con los demás; de estar con los que quieres. Viene de saber disfrutar de las pequeñas cosas y momentos que te regala la Vida. Pocas veces viene de nada que venga con factura.

En las compañías también se observa este patrón, cuando la rentabilidad viene más de la mano de la eficiencia que de la grandilocuencia: "esto no va de hacer nada extraordinario, sino de hacer algo ordinario, extraordinariamente bien". Steve Jobs hay pocos, así que, de apostar, yo apostaría mi dinero por hacer algo simple de manera extraordinariamente eficiente, en lugar de buscar el pelotazo. 

Y hasta en las relaciones de pareja. Si uno tiene una buena relación de pareja con una persona a la que quiere, se hace imprescindible recordarlo cada día y valorarlo con la perspectiva a largo plazo, que no jugártelo todo al rojo por una noche de ensueño que puede llevarte a una vida sin poder pegar ojo. Y valga como ejemplo el programa que está batiendo todos los récords y al que llegué alentado por la recomendación de un gran amigo, primero, y luego por el morbo máximo: "La isla de las tentaciones" (que tantos tópicos está rompiendo, dicho sea de paso). Ver para creer mientras no te crees que lo estés viendo. Pero ahí estás viendo cómo cuando haces pop, ya no hay stop.

Y es que todos vivimos, permanentemente, en una isla de las tentaciones, la diferencia está en que no todo el mundo acaba gritando Estefaníaaaaaaaaa!!!




La noche de los proyectos zombie

Un proyecto zombie es un proyecto que tiene apariencia de proyecto normal o incluso hasta ilusionante pero que, en el fondo, ya ves que pinta a muerto. Sí, sí, ese mismo en el que estás pensando y al que tantas y tantas veces has destinado tantos y tantos esfuerzos que al cabo de poco acaban en un cajón olvidados.

Un proyecto zombie, se mueve y respira como uno normal, lo ves un poquito raro, pero más o menos tiene todos los elementos para engañarte. Tiene toda la apariencia de estar vivo. Y la prueba del algodón es cuando se lo explicas a alguien que no está familiarizado con la historia y te pregunta aquello tan lapidario de: pero esto: ¿para qué sirve?. Y si tiene duda, es que no hay duda: para nada.

A veces, los proyectos zombie también pueden llamarse "la cosa" de alguien que lo necesita para justificar su puesto de trabajo y que, su única habilidad, es "vendérselo" a alguien con capacidad de compra...y de mantener al tipo con vida mientras el proyecto zombi se menea. El problema de "la cosa" de alguien es que, en muchas ocasiones, necesita parasitar tu energía y tu trabajo para sobrevivir, mientras tú dejas de dedicarte a lo importante.

A los proyectos zombies puedes identificarlos porque suelen llevar nombres rimbombantes y/o estrambóticos; por su complicada jerga llena de spanglish y por estar trufados de diapositivas de colorines llenas de datos con mucho lío y tufo a "control + c y control + v" de primero de consultoría. Están diseñados para generar esa sensación mixta de "uf, qué complicado y cuánto trabajo como para hacerlo yo + menos mal que lo hace este consultor". Alta ingeniería. Mucha mili

En ocasiones, estos proyectos zombies provienen de personas que están en roles zombie, que son aquellas posiciones que brotan como setas en épocas de bonanza y que tienen nombres larguísimos y/o complicados y que, en el fondo, nadie sabe para qué sirven. De nuevo, la prueba es que cuando llegan las malas épocas son los primeros puestos en desaparecer. Y no quiero mencionar ninguno por no herir sensibilidades, pero apuesto a que ahora mismo tienes dos o tres nombres de posiciones zombie en tu empresa rondándote por la cabeza. Si te fijas bien, todo es muy coherente: los roles zombie generan proyectos zombie...que normalmente te acaban dejando a ti también muerto, pero de verdad.

Finalmente, los resultados: devastadores. Un montón de gente iniciando con máxima energía un proyecto zombie que normalmente no acaba en absolutamente nada y que genera un rastro de frustración mayúsculo. Para entonces, la credibilidad ya hace tiempo que se marchó y la energía ni está, ni se le espera.

Muchas veces, las empresas se esfuerzan en incrementar "la línea de arriba" de su cuenta de resultados (ventas) cuando ganarían mucho más optimizando "la línea del medio" (gastos), sabiendo identificar proyectos muertos zarandeados por roles zombie, evitándolos y evitándose así un gasto innecesario. Y todo sin contar con el coste de oportunidad de dejar de hacer aquello que sí redunda en el negocio. Aquello que sí tene sentido.

Saber identificar proyectos zombies sí es una competencia clave que marca diferencias, así como el ser firme diciendo: "gracias, pero yo me bajo del muerto". Que es que, en el fondo, no es más que aplicar el minimalismo o un pensamiento Lean, si quieres refinarlo, para preguntarte de manera brutalmente honesta: ¿de verdad, de verdad de la buena, necesito yo este proyecto para mejorar mi estado actual de compañía?. ¿En serio?.

Muchas empresas penden de un hilo, mientras que otras están fuertemente hilvanadas con proyectos muertos. Y si no saben verlo, lo de muerto puede acabar siendo premonitorio.

13, Rue del Percebe



Hoy me ha llamado el Administrador del bloque de pisos en el que vivo. Me ha dicho que Joaquín Torres, el vecino del quinto, le había comunicado su intención de separar su piso del resto para montar en él un club de alterne, para lo que necesitaría pintar la fachada exterior de su piso de color rosa y poner un cartel de reclamo en neón, así como muy llamativo, para atraer clientes a su nuevo negocio. También ha comunicado que deja de pagar a la Comunidad de Vecinos, como primera consecuencia de su voluntad de separar su piso del resto de los vecinos, si bien la estructura del bloque de pisos no sufriría ningún tipo de cambio adicional. 

Joaquín lleva viviendo en su piso durante toda su vida. Un piso muy bonito y de los más grandes de todo el bloque de viviendas, que cuenta diecisiete pisos en total. Al ser más grande que el resto y suponer un mayor gasto de mantenimiento, tiene un coeficiente de contribución más alto que el resto. Lo que durante cuarenta años no había pasado de un lamento, hoy era una negativa a contribuir a los gastos de escalera, sin reparar (o haciéndolo) que tanto Joaquín como su familia continuaban pisando el suelo comunitario, encendiendo las luces del rellano y utilizando el ascensor.

El Administrador me ha explicado que, para ser eso posible, deberían cambiarse primero diversas leyes, como la Ley de Propiedad Horizontal, de modo que acogieran esta posibilidad. También los estatutos de la propia Comunidad deberían adaptarse para habilitarse esta opción. Y, tras ello, todos los vecinos, afectados todos ellos, deberían tener la posibilidad de votar sobre esta posibilidad. Sólo así se consigue preservar la seguridad jurídica y evitamos que la ley se convierta en un menú, en el que uno cumple las leyes que le van a favor y no cumple aquellas que no le apetezcan.

Al parecer, esto no ha convencido al Sr. Torres, quien le ha dicho que, dado que su piso era suyo en propiedad y que en su casa vivían él, su mujer y sus siete hijos, pues que tenían derecho a decidir por sí mismos lo que aconteciera en su casa. Y que, además, cuatro de los nueve estaban a favor de montar el club de alterne. Que sí, que quizás no eran mayoría en número, pero que el voto favorable de él y de su mujer constituían una mayoría cualificada que hacían que, para él, fuera suficiente. Y que votar estaba por encima de cualquier cosa. Incluso por encima de la ley.

El Administrador le ha replicado que si bastara con eso, nada impediría que los vecinos votaran si quedarse con su piso o no y que, el resultado de dicha votación pudiera poner en entredicho su derecho a la propiedad. Imagínese -siguió el Administrador - que doce de los diecisiete propietarios deciden votar por su cuenta sobre si van a quedarse con su piso o van a dejar que usted continúe con su piso en propiedad. ¿Verdad que suena muy loco?. Pues bien, imagínese ahora que, de los doce que deciden votar por su cuenta, siete acaban votando que sí, que al final se quedan con su piso. Y que lo van a hacer en aras a la democracia. Porque no hay nada por encima de la democracia. Si eso fuera así - cerró el Administrador - el Sr. Torres podría - siguiendo el mandato popular - perder su vivienda en propiedad. 

La seguridad jurídica es, precisamente, lo que evita situaciones como estas. 

El Sr. Torres insistía en el mandato de las votaciones y en que votar es lícito, a lo que el Administrador le clarificó que la Ley va mucho antes que la Democracia. Que eso lo explican en primero de Sentido Común y el primer día de la Carrera de Derecho. Que no se puede votar algo que es ilegal. Porque lo que es ilegal es ilícito por definición.

Y cuenta la leyenda que todavía siguen discutiendo en plan "no me chilles que no te veo" mientras las nóminas van cayendo, inexorables y tan calladas...

La vida mártir



Vivir mal una compañía tiene que ser muy fastidiado. Mucho. 

Pensar que una compañía te está jodiendo como práctica deportiva me recuerda a aquello, ya famoso, de "el universo está cuatrocientos mil años buscando marrones y, cuando los encuentra, los concentra en el noroeste de Coruña para joder a Pepe" del genial Emilio Duró.

Cada vez que veo a un/a profesional joven, con buena formación y sólida experiencia profesional, renegar de manera habitual e improductiva de la empresa que le sustenta, no puedo dejar de pensar; ¿pero por qué continua aquí? ¿será que no lo quieren en ningún otro lado?. Y es que este tipo de personas son como las meigas: que haberlas, haylas.

Hablo de traficantes del rumor; de los yonkies de la conjetura; de los del soneto fácil; de los que visten su día a día de miseria emocional, mientras juegan entre las ruinas de la queja. Y es que, como dice el sabio, "lo que crees es lo que creas", aunque no lo creas; si bien parece que estos han dejado ya de creer y automáticamente de crecer, mientras se menguan.

Me refiero a los que sufren las compañías a gritos; a los fanáticos del altavoz, sobre los que recae siempre la duda de si tiene más morro o hemorroides; a los que se creen Dios, mientras se ponen el vestido de monaguillo del revés. Me refiero a los guerrilleros de lo tóxico que, inexorablemente,  acaban explicándole la injusticia ante el funcionario del SEPE, mientras le piden la prestación, curiosamente por no haberla prestado ellos anteriormente. Y, de nuevo, me viene Duró. 

En estos casos, la función de la compañía debe ser precisamente esta, la de acompañarles...a la puerta. Idealmente, a la puerta de la competencia, que allí seguro que están mejor, al menos para tu empresa. Debes ayudarles a ser felices...en otra compañía. Debes hacerles entender, que fuera se está estupendo y que por las tardes llueven nubes de golosinas fabricadas con pasión por líderes que les amarán por encima de todas las cosas. Y que no deben preocuparse, que no les vamos a echar de menos. Les echaremos de más.

 

El efecto Pili



En contra de lo que crees, hoy en día tenemos mucha más memoria que antes. Sí. En serio. Lo que pasa es que la tenemos de manera diferente a cómo normalmente la definimos. “Memoria es la capacidad de recordar”. “Es la capacidad que tiene la mente de acceder a una información determinada en un momento determinado”. “Es el conjunto de información que somos capaces de retener para hacerla accesible a lo largo de nuestra vida”. Si mantenemos esta definición tal cual, la discusión está servida.

Lo central siempre ha sido poder acceder a la información necesaria en el momento en que la necesitamos, no la vía a través de la que accedemos a esa información; lo que pasa es que hace años, si necesitábamos una información en un momento dado, o bien la tenías en tu cabeza o bien tenías que preguntarla a alguien o bien tirar de enciclopedia si estabas en casa y tenías una. De ahí la importancia que se daba en la educación de antes a aprenderte las cosas de memoria (incluso así, nunca vi la bondad de aprenderte los reyes Godos, la verdad).

Recuerdo una fantástica entrevista (que no he podido recuperar para poder compartirla, lo siento) en la que el titular era algo así como “cuando muere nuestra pareja, perdemos parte de nuestra memoria con ella”. Asombrado, devoré esa entrevista para darme cuenta de que, en realidad, hacía una referencia muy ingeniosa a la distribución asuntos que en cada pareja solemos tener asignados cada uno y a la información que, o sabe bien uno o se la sabe el otro, pero difícilmente los dos. Os pongo un ejemplo: mi amiga Pili me cuenta que ella se encarga de todo el tema del cole de sus hijos y, por tanto, que es ella quien tiene todos los teléfonos, e-mails, contactos y calendarios. Ella se encarga por completo. Tanto es así, que si algún día falleciera (Dios no lo quiera), su marido “perdería” toda esa parte de “memoria” de qué dispone actualmente la pareja (técnicamente, su pareja no perdería algo que nunca ha tenido, pero sí la perdería en términos de pareja). El marido de Pili es quien se encarga de los suministros, gestorías, etc. De ahí que, si falleciera él, la “pérdida” de toda esta información la sufriría mi amiga Pili.

Hoy en día, en plena era digital, el “efecto Pili” se multiplica. Nuestra memoria está más descentralizada que nunca. De otra manera sería imposible sobrevivir en estos tiempos de “infobesidad” (me encanta el término que le oí por primera vez al gran David Comí, fantástico formador que no deberíais perderos). Y cuando digo descentralizada, me refiero a que tenemos muchos repositorios digitales a los que podemos acceder si simplemente disponemos de conexión a Internet. “Droppox”; “Google Drive”; “Google Photos”; “Hotmail/Gmail/etc”; apps de notas digitales; apps de recordatorios (p.ej. “Wunderlist”, etc.) y un sinfín de alternativas que sustituyen o complementan la clásica libreta o el papel arrugado en el bolsillo cuando vas a comprar (las plataformas digitales de los hipermercados ya te guardan las listas de la compra).

Pero no solamente se han multiplicado los espacios en los que hoy guardamos la información. Una de las consecuencias de esto es que nuestra “memoria” también se ha multiplicado hasta límites insospechados. Hoy tienes acceso inmediato a gigabites y gigabites de información gracias a Internet y a la capacidad de estos nuevos repositorios de información. Por esto, una de las grandes ventajas es que nuestro cerebro ya no tiene por qué almacenar información a la que podemos acceder mediante pocos clics. ¿Y qué me dices de tu smartphone?. Mi admirado Luis Soares (otro imprescindible) se refiere a él para poner de relieve el maravilloso concepto de “Digital Cortex”. Este “segundo cerebro” digital en qué se ha convertido nuestro Smartphone ayuda a nuestro “cerebro analógico” a concentrarse en otros asuntos, a veces, hasta de mayor valor añadido :D. Déjame hacerte una pregunta: ¿Cuántos números de teléfono te sabes de memoria hoy y cuántos te sabías antes de tener un teléfono móvil?. Y está bien porque, volviendo a David Comí, “el cerebro está mejor diseñado para decidir que para almacenar información”. De hecho, somos muy malos recordando. Los que hemos estudiado con cierto interés el funcionamiento de la memoria, vemos que somos capaces de recordar con precisión una ínfima parte de la realidad, “rellenando” en inventando gran parte de la información que nos falta. Otra pregunta: ¿Has jugado nunca al juego del teléfono?

La bondad de la tecnología también está en mejorar nuestras capacidades. Tener acceso a mucha más información fidedigna y de manera inmediata mejora nuestra capacidad y, como digo, debe ser objeto de reflexión en las escuelas. De la misma manera y como ejemplo, la tecnología hará innecesario el estudio de idiomas. De hecho, en la escuela que ha creado Elon Musk (a la que va su hijo y otros pocos elegidos) no se enseñan idiomas, pues en pocos años todos dispondremos de un botón auricular que traducirá simultáneamente cualquier lengua que escuchemos. ¿Para qué tantos años para chapurrear mal una lengua?.

La tecnología mejora nuestras capacidades intelectuales. Nos hace más inteligentes. Tener una memoria extraordinaria y más rápida; capacidad para poder comunicarse con precisión en cualquier lengua o poder resolver cálculos de manera inmediata cuando, hace pocos años y sin tecnología eran impensables, son sólo algunos ejemplos (sin ir más lejos, el otro día, revisando uno de los famosos casos del IESE pude calcular amortizaciones de maquinaria, edificios, etc. y, por tanto, elaborar una cuenta de resultados si mayor problema. Sin un móvil con acceso a Internet, ni de broma).

Y es que todo parece positivo, aunque todas estas ventajas tienen un simpático “pero”: como no haya wifi o 3/4G estás muerto o, como mínimo, vas a parecer más tonto de lo habitual (y suerte tienes que la calculadora del móvil no necesita de Internet, que si no el drama sería máximo). Por esto, siempre hago coña (o no) pregonando que la inteligencia actual va ligada a que tengas acceso a Internet. No me digas que no tiene “guasa”. Que al final habrá que decirle a Gardner que añada Internet como la novena inteligencia (“La novena inteligencia”…ya me veo el libro en las estanterías del FNAC). ¿Serán habitantes de los pueblos sin conexión a 3/4G las próximas tribus subdesarrolladas? ¿Será la nueva frontera?

Y por hoy lo dejo aquí, porque no me funciona el corrector y me he quedado sin Internet, así que puedo empezar ha hazer faltas de ortografia lla mismo.

Historias del Más Acá



No sé si hay vida después de la muerte, pero lo que sí sé es que hay vida ANTES de la muerte. Y que no voy a desperdiciar la segunda por saber sobre la primera. De hecho, hay mucha gente preocupada por el Más Allá, mientras se despreocupan por el Más Acá. Yo soy de más de los de Más Acá, lo confieso. Y es que hace ya tiempo que, decidí dejar para más allá lo del Más Allá. Será que el propio nombre me daba una pista o qué sé yo. Allá yo.

Lo de invertir mi vida pensando en la Muerte, francamente, me pintaba a contrasentido, así que decidí vivirla como si fuera a morir cada día. Vivir cada día como si fuera el último. Algún día acertaré seguro. Mi recomendación: “planifica como un inmortal, mientras vives como un terminal”.

Vive intensamente. El no ya lo tienes. Y recuerda siempre que vivir se escribe con personas, jamás con cosas. "Una experiencia memorable antes que mil cosas apilables". Vive para gritarle a la Muerte un “llegas tarde” en lugar de un “todavía no”. Y es que la Muerte te tiene que pillar vivido. Porque no hay peor muerte que el no haber vivido.

Discurso paso de Ecuador IESE PDD - 4 - 2015



Buenas tardes a todos,

Hoy se cumplen 40 años del nacimiento de John Travolta. Sí…[ ]. Para aquellos que no sepáis inglés, John es Juan en castellano y Travolta es Jardón. Los que estuvisteis en la cena de la semana pasada sabéis de lo que os hablo. Y como a Juan le prometí (¿dónde estás Juan?, levanta la mano), hoy le he preparado una sorpresa especial y es que Juan, todo el auditorio te vamos a cantar el Cumpleaños Felíz. Bueno, a ti y a Pedro Kaiser, que también cumple años hoy. (Dado que ambos se lo merecen, os pido por favor a todos que me acompañéis a la de 3…[cantamos el Cumpleaños Feliz]).

A todo esto a qué venia yo…ah sí. El IESE.

Dirigir es decidir. Y en abril de este año 41 aguerridos directivos hemos venido a aprender a hacerlo en la mejor escuela de negocios del mundo, según Finantial Times.

Hoy estamos pasando el ecuador y creo que es un buen momento para repasar lo que hemos aprendido, a modo de homenaje a quienes hacen que el IESE sea una experiencia única. Y voy a empezar por los profes:

Germán Loewe nos enseñó a pintar el árbol para entender mejor el bosque de opciones tras de él; nos enseñó que “para decidir bien, no hay que mirar atrás” e incluso nos dotó de super poderes. Sí, como lo oís. Ahora ya podemos contestar a todas aquellas preguntas sin respuesta que en cenas de amigos se planteaban imposibles, a menos que tuvieras una bola de cristal. Que el otro día a mí me pasó y les dije, tranquilos; yo tengo una crystal ball… y la sé utilizar.

También nos dotó de poderes de adivinación Nuria Mas. Semanas y semanas en las noticias, que si Grecia pagará o no pagará y tú, tan ricamente desde el salón de tu casa en pijama y con un Cola-Cao (o con un L’Arome de Marcilla; o picando un “jamonsito” del bueno de BOADAS) diciendo, qué va a pagar Grecia!...oye!...que hasta propusimos la receta para reducir el paro en este país eh?!.

Superpoderes. Ah! Y me olvidaba el de supervisión. Sí. Fraguas ya nos dijo: “aquí empezaréis mirando y acabaréis viendo” y tenía razón. Yo digo que el PDD, más que una formación para ejecutivos…es una operación de cataratas.

Y no dejo a Fraguas. De él aprendimos a identificar un negocio “guarrete vendiendo hierro torcido”; aprendimos a “diferenciar lo que es, de lo que parece que es”; entendimos que “ser un señor es caro, pero que vale la pena ser un señor” pero sobre todo, que “hay que pasar a mejor vida, pero en vida”.

Hemos aprendido de cocina. Con Segarra aprendemos a “dibujar el cerdo entero para ver quién acaba comiendo siempre el jamón” o a saber “quién paga las copas” en una fiesta. O incluso que diseñar el Felizómetro es posible!

Y siguiendo con la comida, con Mireia hemos aprendido la importancia de la geolocalización de zanahorias al hablar de incentivos; a detectar un platanero tóxico o incluso quien es Jay en nuestra clase. Jay Cucurell, el rey de la noche. Todo, para hacernos ver que esto, de lo que en realidad va, es de personas.

Con Núria Villaescusa entendimos que “circulante que no circula, pérdida segura”; “que un % jamás paga facturas” o incluso que un coste fijo puede dejar de serlo incluso a pesar de que fijo que acabe siendo un coste. “La Contabilidad es un dibujo, jamás una foto”. Con ella aprendí que mi futuro no estaba en la pintura.

Con Rafael Andreu comprendimos que “el interés general es cuestión de estadística; mientras que el Bien Común es cuestión de principios”. O que “A veces, cuando Marketing habla de “nicho”, puede acabar siendo premonitorio”. 

Aprendimos la importancia de dejar “huella” en lugar de dejar “mella”.

Con Joan Mons, que la Dirección Financiera sí puede explicarse de manera accesible y con una sonrisa permanente. Qué crack.

Con el PDD hemos vuelto a los básicos: ahora en mi casa, cuando quiero hablar (yo estoy casado con dos hijas, supongo que os hacéis una idea), levanto la mano. He aprendido que puedo pasar casi un día sin móvil. He aprendido la importancia de ser puntual…y que la felicidad a veces puede esconderse en el interior de un chucho de crema.

Y todo ello, también se lo debemos a la dirección de programas en general y a nuestro director en particular Fernando Vázquez – Dodero; además de nuestra alma mater que es Juana, que hace que el engranaje funcione siempre como un reloj suizo a base de grandes dosis de paciencia y cariño con estos niños grandes que volvemos al cole tras muchos años.

Pero el PDD también tiene sus cosas malas y es bueno decirlas en alto:

Después del caso de Benihana no puedo ir a un restaurante. Hasta entonces, las botellas solía bebérmelas. Ahora sólo detecto dónde están sus cuellos. Todavía hoy me levanto con sudores fríos por la noche y me imagino volviendo al restaurante, a lo Sabrià, para decirles “¿pero no veis que estáis palmando pasta?; ¿lo veis o no?”.

Tampoco puedo jugar con piezas de Lego con mis hijas. No puedo. Ya sabéis de qué os hablo. Empiezo a jugar y al cabo de un rato, sólo veo stock acumulado por todas partes; entro en trance y balbuceo: “vamos a quebrar, vamos a quebrar!”.

El Juego del Lego es un punto y aparte (que, por cierto, siempre me ha parecido paradójico que “aparte” se escribiera todo junto y que “todo junto” se escribiera siempre aparte…esto lo he visto desde que estoy en el IESE eh?).

Yo, más que el juego de Lego, le llamo ya el juego del Ego; el que nos machacó a todos. Que entras pensando que te vas a dar un baño de masas y lo único que consigues es parecer La Masa, a quien le han dado un baño. Aprendido para siempre!.

Y es que Fede Sabrià merece un capítulo aparte (escrito todo junto). Suyo es lo de “El peor desperdicio es el de Autoridad”, ya sabéis aquello de “Orden + Contraorden = Desorden”. Con él aprendimos a no subestimar el problema, sobreestimándonos a nosotros.

Si Matías Prats tuviera que un mash up resumen de lo que hemos explicado hasta aquí, sería algo así como que “en el PDD me he dado cuenta que pensaba que lo SABRIA todo y, en realidad, no SABRIÀ nada, ante un MONS de conocimientos que poco a poco FRAGUAS y SAGARRAN a ti para cambiar lo que HERAS para siempre. No hay VIL ESCUSA para no aprender. Y será duro un día decir ANDREU. Porque en el PDD, sin duda, hemos ido a MAS. ¿LOEVEIS o no LOEVEIS?"

Tampoco puedo olvidarme, en nombre de todo el equipo, de dar gracias a todos los cónyuges que nos apoyan, con ánimo y paciencia a partes iguales, para que nosotros podamos disfrutar esta experiencia vital.

Chic@s: hemos llegado a la mitad. Al ecuador. Y yo soy de los que piensa que lo mejor siempre está por llegar.

En el PDD 4 -2015 he descubierto a gente buena, que además es buena gente. Todos tan diferentes; todos tan iguales.

Somos directivos. Y dirigir no va de hacer nada extraordinario, sino de hacer algo ordinario…extraordinariamente bien.
  
Y dentro de esto, creo que hay dos cosas que debemos imponernos como responsables de personas y que en mi opinión resumen todas las enseñanzas, dichos, frases y libros que se han escrito:
  1.  Tratad a quienes os rodean por encima de sus posibilidades (recordad el efecto Pigmalión).
  2. Dejadles, siempre, mejor que como os los encontrasteis. Sed fuentes de felicidad y haced felices a quienes os rodean. Trascended a través del recuerdo ajeno. El resto es…simplemente…mover papeles y nadie os recordará por un papel movido. Lo harán por un corazón conmovido.

Sed delfines, nunca tiburones. Elegid para vuestra vida cualquier color que no sea el gris y vivid inspirando…en lugar de sobrevivir expirando; porque la vida es un suspiro, pero sólo, cuando la suspiras bien.

Y por último, no me puedo ir de aquí sin desearos lo mismo que Steve Jobs hizo tiempo atrás y desde un atril similar a este: Stay Hungry, stay foolish!

Os quiero mucho chic@s!.


Muchas gracias!

4 tipos


Teorías de personalidad hay decenas. Todas buenas. Todas malas. Va a gustos. Hay hasta teorías de alucine que combinan muy bien con los alucinados de las teorías. Hay muchas. 

Yo te propongo una de universal que, además, es complementaria a todas ellas y concibe cuatro tipos de personas:

a) "Fuente de Felicidad": Son personas que transmiten energía positiva; vigorizantes. Basta con estar un rato a su lado para sentirte feliz, activo y con ganas de hacer cosas. A su lado uno se avergüenza de quejarse por nimiedades. Son gente carismática. Siempre se ríen. Líderes en algunos casos. Son gente con la que queremos estar porque nos hace bien. Tipos que son fuente de Felicidad y buen rollo. Gente admirable. Si alguna vez tienes la suerte de encontrar uno de estos, fíchalo!. Ficha a todos los que te encuentres. Harán a los demás mejores.

b) "Espejos de Felicidad": Si bien no resultan fuente primaria de Felicidad, sí son capaces de actuar como caja de resonancia si están junto a otras "Fuentes de Felicidad", amplificando su efecto. Estos son los más difíciles de identificar, porque dependerá mucho de dónde convivan para comprobar que efectivamente expanden aquello que reciben. Si te cruzas con alguno, fíchalo también.

c) "Agujeros Negros": Las que se tragan la energía de los que le rodean. Son gente tóxica; crítica; apologetas de la catástrofe; pirómanos vestidos de bombero; parteras del día a día. A los Agujeros Negros hay que identificarles y erradicarles de nuestras empresas; de nuestras vidas y de la faz del Universo, a poder ser.

d) Otros "elementos del paisaje": Elementos neutros, unos muertos en vida, otros vívidamente muertos. Gente gris que no se pronuncia o que lo hace en función de la previsión meteorológica. Desafortunadamente de estos uno no puede prescindir, dada la escasez de las dos primeras y la fobia al tercer grupo, así que lo único a tener en cuenta es su ubicación en la compañía, ligada a su área de influencia.

Por cierto; ¿has pensado ya en qué tipo de persona eres? ;P

La vía happy


La Felicidad es una de las vías más poderosas de obtener resultados de manera sostenida en el tiempo… también en el trabajo.

Y yo soy un tipo afortunado que tiene la suerte de comprobarlo a diario, en una compañía diseñada para convertirse en la mejor experiencia profesional  de toda tu carrera. Una compañía exitosa donde la gente es feliz.

¿Que cómo es posible?

La respuesta es tan embarazosamente obvia como difícil de implementar…Veamos:

1. Asegurar un ambiente libre de tóxicos: Líbrate de inmediato de gente tóxica; es decir, de gente que es feliz haciendo infeliz a los demás (consciente o inconscientemente). Debes reunir a todos los trepas, cansinos históricos, cronistas de la crítica gratuita y otros bichos similares…y a los leones con ellos!.

Freud sostenía que “el placer es la ausencia de dolor”; se define la Salud como “la ausencia de enfermedad”; pues bien, la primera condición es no tener a mala gente en tu empresa (eso también vale para tu vida). Recuerda que nunca es buen momento para despedir a alguien porque siempre hay una excusa perfecta pero, en este asunto, ni dudes ni tardes: despide a tu gente tóxica de inmediato.

Recuerda que echar a los malos supone un primer y contundente mensaje de felicidad para los buenos. Transigir con los primeros conlleva frustrar a los segundos.


2. Ficha a gente efectiva o potencialmente feliz.- Sólo puedes hacer feliz si eres feliz, así que ficha a gente que lo sea o pueda serlo. Si te has quitado de en medio a la gente mala, debes dirigirte al subconjunto de gente buena resultante que sea o pueda ser feliz, porque ellos serán fuente de felicidad vital y, por ende, empresarial.


3. Quiere a los demás más que a ti mismo: Y eso sólo es posible cuando te quieres y te aceptas tal como eres, sin hacerte trampas al solitario. Si te quieres mucho más que al resto, sólo acabarás recibiendo un input positivo…el tuyo; en cambio, si das sin esperar puedes llegar a recibir muchísimos inputs de toda la gente a la que puedes llegar a ayudar. El mundo es muy chiquito. Las escaleras de subida sirven también para cuando bajas y, al final, las mayores satisfacciones laborales que recuerdas siempre, siempre, van ligadas a personas con quienes has compartido o a quienes has hecho sentir bien…que es por lo que básicamente serás recordado, si eso acaba pasando. Sé generoso y destiérrate de egos: egoísmos, egocentrismos, egolatrías y demás.


4. Trata a los demás hoy como deseas que se comporten mañana.- Si tratas a tus empleados como niños, se acabarán comportando como niños. Si los tratas como imbéciles, acabarás teniendo una compañía imbécil…y recuerda que las compañías son el reflejo de sus amos, así que no te conviene. Trátales como a ellos les gustaría ser tratados y no lo hagas (de manera egocéntrica) como te gustaría a ti que te trataran. Trátales como aquello en que te gustaría que se convirtieran y harás que se convenzan de que ello es posible.


5. Lidera por ascendencia y no mandes por jerarquía.- El organigrama y tu tarjeta de visita son referencias, nunca un referente.- recuerda, la gente no es tonta, así que no los trates como tales. Deja que el sentido común haga que cada uno sepa dónde debe estar y déjate las estrellas de la solapa en casa, anda.


6. Deja que el error sea fuente de aprendizaje.- en caso contrario, el error se transformará en fuente de terror…y en lugar de una visita inesperada, se convertirá en un compañero de piso muy pesado. No pasa nada por tropezar dos veces con la misma piedra, lo que uno no puede es encariñarse con la piedra.


7. Flexibilidad y Libertad.- La línea que separa Libertad de Libertinaje es, otra vez, la buena gente. No te preocupes, si tienes buena gente en tu equipo y haces que se sientan libres el retorno será inmediato. La gran mayoría de personas son responsables, salvo que no les trates como tales. Recuerda que, salvo en determinadas profesiones, el trabajo va a dejar de ser un lugar. Estoy cansado de ver empresas que pregonan la orientación a resultados y, a la vez, conviven con incongruentes y rígidos sistemas de Control de Presencia (que no de accesos).


8. Confianza.- Da confianza para eliminar inseguridad. Sólo sintiéndote respaldado vas  a poder liberar todo cuanto llevas dentro. Si no lo haces tendrás a tu gente con el freno de mano puesto.


9. Buen humor.- La sonrisa es el arma de construcción masiva más impresionante que existe…y es gratis!, así que haz el favor de utilizarla. Haz que tu equipo se parta de la risa como mínimo una vez al día. El buen humor es contagioso y llega a lugares donde la seriedad jamás lo hará. Mostrar buen humor es señal de seguridad, no de debilidad. Esto del trabajo va de pasárselo bien, el resto son engaños.


10. Da las gracias.- corrige cuando haga falta, pero reconoce los éxitos y da las gracias cuando las cosas se hagan bien. Recompensar un trabajo motiva a que quieras hacerlo mejor la siguiente vez. Si tienes ante ti dos cosas mal y una de bien, pon el énfasis siempre en la que está bien y comenta sin dramas las mejoras.

Todo ello sin apartarse jamás del concepto de exigencia, claridad de roles y responsabilidades, objetivos ambiciosos y trabajo duro, muy duro. Por eso, a mí, el concepto que realmente me gusta es el “Happy place to work hard” en lugar del “Great place to work”. Hay que trabajar mejor y más duro, sin que nunca ambas condiciones sean excluyentes. Y sin duda, cuando decimos trabajar mejor, decimos trabajar felices…porque sin querer ello hará que queramos trabajar más sin que nos pese.

Finalmente, como pasaba con la mujer del César, no basta con ser bueno, sino que además hay que parecerlo, por lo que no olvides dar ejemplo. Tu equipo te copiará actitudes y comportamientos, así que recae sobre ti una gran responsabilidad. No podrás exigir si no lo haces contigo primero.

Y si a todo lo anterior le añades una buena base de valores como Integridad, Honestidad, Lealtad, etc….voilà!...el cóctel está servido simplemente para disfrutarlo sin barreras y ser, simple y llanamente, feliz…

Parar la lluvia...


No puedo parar de recordar este vídeo sobre la anécdota que siempre cuenta Toni Nadal, el entrenador y tío de Rafa Nadal.

Y no puedo parar porque en ella radica una actitud que debería ser obligatoria: la de luchar por cada oportunidad que se nos presenta; la cultura del esfuerzo; de no quejarse nunca; de no hay más culpa que la mía ni más éxitos que los del equipo. De una actitud que inspira.

La Vida es siempre un partido contra alguien que nos duplica la edad, que nos lleva delantera. Pero eso, afortunadamente, jamás determina el resultado del partido salvo que nosotros lo perdamos antes de salir a jugarlo. Si corremos y corremos para devolver cuantas pelotas podamos tendremos una oportunidad. Si no lo hacemos, la Vida nos pasará por encima. De ahí lo de “si luchas puedes perder, si no lo haces estás perdido”.

Quejarse es no correr, venerar lo imposible es no devolver ni una sola bola y para cuando el partido se acaba y te arrollan, acabar diciendo “ves?!”. Y es que la derrota sólo quiere que la adulen. La suerte siempre acaba sonriendo a los más preparados.

Debemos empezar a irradiar felicidad y dejar de radiar la queja. Las emociones funcionan por contagio. Se feliz y hazlo a los demás. Corre a por todas las bolas. Mira a la adversidad y escúpele en la cara sin dejar de sonreír. Y vive. Por encima de todo vive. Sino, tu única condena será sobrevivir. Corre hasta sonrojar a tu adversario. Corre hasta pedir que paren la lluvia.

Y recuerda que lo mejor que puedes tomar en esta vida para ser feliz son decisiones así que….¿sabes ya si vas a pedir que paren la lluvia o bien seguirás quejándote de lo loco que está el tiempo?

The Game



Admitámoslo: a todos nos gusta jugar. Y para muestra, algunos datos:
  • En total se han vendido más de 175 millones de copias de la saga Pokemon.
  • Hoy en día más de 100 millones de personas juegan habitualmente al Candy Crush
  • Hay 22 millones de personas activas en los servidores de World of Warcraft

Esto por lo que a videojuegos se refiere, pero imaginaos el número de consumidores de tragaperras u otros juegos de casino. Y es que el juego nos gusta porque forma parte de nosotros desde que nacemos. Muchos de nuestros aprendizajes se han modelado a través del juego, por lo que resulta un factor clave en la vida de todos nosotros.

Pues bien, afortunadamente los antiguos tiempos en blanco y negro de la gestión de personas parece que van quedando atrás para incorporar de manera natural conceptos como la “Gamificación” para romper los inexistentes y obsoletos límites autoimpuestos entre un gris yo-trabajador (el de “prohibido reírse”) y el yo-no trabajador (o sea, tu tú auténtico) y aprovechar la fuerza del juego para impulsar el negocio en lugar de concebir el juego como un distractor que lo dificultaba.

Odio bastante prohibir (no hay cosa que excite más el deseo de hacer algo que prohibirlo…), así que si hay algo que nos mueve, ¿por qué no aprovechamos esa fuerza y la “canalizamos” hacia nuestros objetivos empresariales?. De ahí surge el concepto de Gamificación (de la palabra inglesa “game” = juego) que ya se está consolidando en la conciencia empresarial de muchas de nuestras compañías. Quizás el rótulo sea nuevo y el enfoque parezca una moda, pero el sustrato es un elemento clave que debería hacer que viniera para quedarse.

Si te das cuenta, hay una infinidad de ejemplos de gamificación a nuestro alrededor que contribuyen de manera sencilla y divertida a que “nosotros queramos cumplir con objetivos cada vez más ambiciosos” en lugar de “tener que cumplir objetivos ambiciosos que se nos imponen”. Estos ejemplos van, desde el más simple como la barra de progreso de LinkedIn al más elaborado como es el concepto de “yo cuantificado” que está explotando hoy en día y que supone medir nuestras constantes, sueño, ejercicio físico, etc. (normalmente a través de gadgets conectados a nuestros ordenadores y teléfonos, como el Fitbit, Nike Fuelband, etc.)  para inmediatamente ir estableciéndonos objetivos (nosotros mismos, de ahí uno de los quid clave) que nos hagan superar las marcas que vamos estableciendo y así conseguir estar más en forma, dormir mejor, etc. Sin duda esta tendencia será un mercado de crecimiento exponencial en los próximos años.

La gamificación es una de las maneras más “naturales” y divertidas (y si nos estrujamos un poco el cerebro, hasta baratas) para mejorar de manera sostenida nuestros resultados empresariales, cambiar actitudes por otras más saludables, etc. 

Y como “una imagen vale más que mil palabras” os dejo algunos ejemplos para que veáis cómo de fácil y de divertido se consiguen estas mejoras:

   1) Favorecer el ejercicio físico incrementando el uso de una escalera:


       2) Incrementar la tasa de reciclado de botellas:


       3) Potenciar la limpieza en nuestras calles:


¿Qué te parece?. Pues así podemos mejorar las ventas de una compañía, incrementar la participación en programas corporativos, mejorar la comunicación e intercambio de la plantilla, reducir el absentismo, mejorar la imagen de marca….¿te apuntas conmigo?