De cómo Antoñito adquirió sus seis súper poderes.


Antoñito se ha levantado esta mañana y al mirarse al espejo se ha dado cuenta que se le ha quedado cuerpo de señor. De señor mayor, digo.


Ayer se fue a dormir con un cuerpazo lozano y firme y hoy, sin saber muy bien porqué, se le ha quedado un cuerpo de corcho que, enfundado en esos boxers que merecen un capítulo aparte, parece más un muffin que otra cosa. Vamos, que parece una puta madalena. Y eso no se queda ahí, porque de golpe ese pelazo de anuncio se ha cubierto de canas (que es que encima brillan las muy jodías…). Eso si no comparten terreno con las entradas, que más que entradas parecen un pase anual.

Total, que Antoñito no se amilana y decide verlo (que no verse) de otra manera más positiva. Así, como es él. Y raudo y veloz, decide ir a su armario y enfundarse su camiseta de universitario con el logo de “Superman” en el pecho.

Al rato, nos encontramos para ese café de los martes y, obvio, voy y le pregunto por la camiseta (porque del cambio morfológico de Toño, al igual que el resto de la humanidad, ya era conscientes). ¿Y os imagináis con qué me salió?. Pues que se había dado cuenta que, en realidad, con la edad había adquirido los siguientes súper poderes:

  • Invisibilidad.- Con cuarenta tacos y este cuerpo con cara a juego voy libremente por la calle sin que nadie se fije en mí. Soy invisible, Oscar!. Nada de miradas furtivas ni autógrafos que nos impiden tomar el café que estamos tomando. Es como si viviera en medio de un mar de gente sin ser detectado…y es fascinante!.
  • Super sentidos.- A pesar que ahora sea con gafas, ahora puedo ver más allá y fijarme en cosas que antes me pasaban desapercibidas. La experiencia me da mayor y mejor intuición y anticipar mejor las dificultades.
  • Ubicuidad.- Con el tiempo uno pierde velocidad, pero gana en colocación. Tienes la capacidad de hacer más con menos. Aprovechas mejor el tiempo. Mides mejor tu esfuerzo y lo rentabilizas mucho más, de ahí que pasas de ir a por todos los balones y no llegar a ninguno (cuando eres joven) a moverte lo justo en el momento necesario y meter más goles que nunca.
  • Adivinación / lectura de mentes.- Sabes leer mejor las ideas e intenciones de la gente. Sus caras. Sus pretensiones. Sus matices. Sus motivaciones. Hace tiempo que desterraste el “blanco o negro”; que echaste de tu diccionario el “siempre” y el “jamás”. Por primera vez, tu sonrisa se adelanta al discurso ajeno.
  • Invulnerabilidad.- Estás a tope de seguridad y confianza en ti mismo. Estar de vuelta de todo tan pronto te ayudó a romper las pocas barreras que construía una necesidad de aprobación que ya no sientes. Estás en paz contigo mismo y lo que todo esto te genera es una sensación de invulnerabilidad a la toxicidad y a la crítica destructiva gratuita que te hace sentir realmente bien. Realmente sano.
  • Super risa­.- Hoy utilizas con descaro y provocación este arma de construcción masiva. Sin contemplaciones. Y le ríes hasta a la adversidad. Has pasado del “problemón” a “la dificultad sin importancia”.  El antiguo “hoy no ceno” ha dejado paso a “lo vemos mañana”. Porque esto de la Vida es sólo un ratín.  Y debe ir de pasarlo bien.


Y, al final, acabo reconociendo que Antoñito tiene razón…y que, como dice el dicho, “No te tomes la vida tan en serio. Total, tampoco vas a salir vivo de ella ;)”.


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