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Me largo

 


Somos un reflejo de nuestros políticos y viceversa. La sociedad está condenada cuando al mando tiene un conjunto de imbéciles bien organizados cuya aspiración máxima es el poder a cualquier precio y percibir un salario de mando intermedio en una empresa digna, sabedores que no superarían el período de prueba en ninguna de ellas. A duras penas una carrera, sin idiomas ni experiencia en el mundo real como perfil general, han entregado su alma a cambio de ampliar sus tragaderas. Son hijos de la gran mentira vestida de cambio de opinión y del trilero de la bolita, eso sí, con traje a medida.

Somos la nueva América, en la que todo el mundo sin escrúpulo ninguno puede llegar a presidente. En la que todo delincuente puede ocupar el piso de otro y vivir de una paga y donde el que la hace, habitualmente no la paga. Un mundo en el que un portero de puticlub analfabeto puede llegar a asesor de dos ministerios y en el que una cajera de súper puede llegar a ninistra, sí, sí, con “n”. Incluso, si no te queda otra que la prostitución, puedes llegar a vivir en un piso a coste cero en zona pija de Madrid con un curro tan de trabajo a distancia que no te haga falta ni ir a currar. Puede que incluso te den un curro que ni sepas deletrear en un sitio que ni sepas encontrar. Recuerda, “no es magia: son tus impuestos”.

Y mientras tú, interesadamente lobotomizado por las Redes Sociales, buscas cobijo en noticias fake (o fuck) de tu Pantone favorito que te evitan pensar y te agarras con fuerza a la carta del “y tu más” para, con la nariz tapada, tratar de sobrevivir a discusiones que te superan con esa suerte del “rebota, rebota y en tu culo explota”.

Nos han abocado a la guerra de colores y a decidir entre ultraderecha o ultraindigencia, sin que nadie sepa definir qué es lo primero mientras nos han acostumbrado a lo segundo con ese marketing de la pobreza al servicio del “no tendrás nada y serás feliz”, que se ha inventado términos como “coliving”, “coworking” o “copropiedad” que hace que mole no tener un duro mientras te piensan (por ti) que tienes mayor libertad.

Estos son quienes, en definitiva, rigen nuestros designios.

Pues bien, he decidido que me llevo el 73% que el Estado me confisca cada año (sí, has leído bien, el 73% - entre impuestos directos, indirectos, tasas, etc.-), a otro sitio donde crea que se invierte mejor que en España. Lo reconozco, no es un reto muy difícil. Me di cuenta cuando leí que el proyecto de “Control y utilización del Prosopis juliflora en la zona de Liba integrados con la mejora de los medios de subsistencia y la protección del medio ambiente” había recibido del Gobierno 598.900€, a través de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), precisamente, el mismo día en que una persona muy cercana me explicaba, entre lágrimas, que su centro de salud le denegaba la medicación que necesitaba para el estado grave de su Pénfigo  “porque era muy cara”, así, en su puta cara dicho y tras meses y meses de esperas e intenso dolor. Y en ese momento pensé: será que el Prosopis juliflora bien vale que una persona que lleva más de 40 años cotizados lleve meses entre horribles espasmos de dolor provocados por sus enormes llagas y ampollas abiertas en todas las mucosas de su cuerpo.

Me voy con la música a otra parte porque el otro día fui al teatro un domingo a las 12h del mediodía en Barcelona y cuando salí del parking aquello parecía un zoo en el que nadie estaba ahí ni por casualidad ni precisamente para pasar la mañana, y porque no hay día en la que no me levante con la lista de nuevos apuñalamientos por reyertas o por simplemente robarte un móvil. Y si ya tienes amigos en la policía y te cuentan lo que te cuentan, pues apaga nene y vámonos y, si puede ser, mejor no lo hagas en tren por si faltan 42 metros de vía.

No hay ninguno bueno. Los voté a todos (ya tengo una edad) y me arrepentí siempre. Por que la historia se repite “urna” y otra vez.

Me voy. Y si de verdad queréis hacerme un favor, como diría aquella, “irsus”.

La Agenda

 


Lo del “Calentamiento Global”, agujero de la capa de ozono mediante, no acabó de cuajar. De ahí que desde hace algún tiempo los de la Agenda han redoblado esfuerzos y lo están probado con lo de “Cambio Climático” a ver si así…

También los de la “Responsabilidad Social Corporativa”, viendo que estaban corriendo la misma suerte que los primeros, se apuntaron al carro del rebranding y, además, se dijeron que juntos les iría mejor, creando así una especie de hermanamiento con esteroides al que ahora le llaman ESG.

No me malentiendas: soy un firme defensor de las causas arriba indicadas y, precisamente por eso, me muestro tan crítico con el circo de la incongruencia que se ha montado para llevarlo a cabo. Lamentablemente, creo que son temas con claros síntomas de agotamiento. Y, de nuevo a lamentar, creo que se nos rompió el ESG de tanto manosearlo. Y por ese tufillo a que los que pueden trincar, trincan lo que pueden y, cuando ya no queda nada más por trincar, cambian el concepto y vuelta a empezar.

Mientras, los datos de verdad de la buena no suelen comunicarse de manera objetiva ni transparente, a la vez que nos atiborran con datos sesgados por el interés de unos y otros. Y lo digo desde mi enfermedad de haber analizado (junto con la inestimable ayuda de ChatGPT, seamos justos) datos disponibles de fuentes independientes sobre lluvias, inundaciones, terremotos, etc. en los últimos 100 años y en diferentes partes del mundo y todo para entender que a lo que hoy llamamos DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), hace 50 años mi abuela llamaba “llover fuerte”.  Porque ahora lo del “toldo” de toda la vida ya no vale, que ahora se llama “refugio climático”. Porque el juego necesariamente necesita acojone nivel Dios.

Y mientras, en las organizaciones se plantean un montón de cosis chupis pero siempri con dineri de los otris. ¿Donaciones? Guay, si es con el dinero de la empresa. ¿Acciones que mejoran el planeta? Guay, si es en día laborable. Todo listo para el show off de LinkedIn, mi capitán.

Lo que digo es que a tope con todo lo que pueda hacer cada organización, pero que la congruencia y consistencia nos obliga también a empezar por nosotros mismos dando ejemplo.

A ti, que vas a tope de power con lo del ESG; ¿cuánta de tu pasta a título particular estás entregando a proyectos solidarios o a organizaciones benéficas cada año? ¿cuántos días – no laborables – dedicas al año para proyectos sociales?. Porque lo de plantar árboles en día laboral si quieres sí, pero también molaría que no nos limitáramos a eso.

Congruencia y credibilidad son tener en tu casa placas solares y/o grifos de apertura en frío y/o luces led y un largo etcétera.  Y recoger los plásticos de la playa que te encuentras en el agua o en la arena. Y que lo hagas sin necesidad de contarlo. Hacerlo, simplemente, porque es lo correcto.

A esto yo le llamo desde hace años en este humilde blog  “Responsabilidad Social Personal”, primer paso esencial y complementario al corporativo.

Al ESG le queda lo que los socios de las consultoras y otros lobbies consideren (la vía legal lo alargará), salvo que – y si es así, lo daré por bien empleado – es efecto colateral deseado como es el de la concienciación deje huella (que no sea de carbono) en las generaciones venideras.

Esperemos que así sea.

Palabra de un romántico.

De a muchitos y de a poquitos



Creemos que innovar sólo es inventar el Iphone y así nos obsesionamos en comprar garajes a ver si eso. Creemos que mejorar el mundo es crear una nueva máquina que elimine el plástico de los océanos o crear un nuevo biocombustible limpio. Piensa a lo grande!, nos cuentan normalmente los grandes pasadores de diapositivas. Así es como pasa la Vida y así es como no pasa nada en ella.

Cuando el reto es mayúsculo, mayores son las fuerzas de sentido contrario, léase la pereza o las excusas tipo "es imposible", especialistas en el no hacer. De ahí que mi propuesta hoy sea que nos centremos, en lugar de provocar grandes cambios, en ir acumulando pequeños cambios positivos de manera sostenida en el tiempo. De hecho, los japoneses ya tienen una palabra para este concepto: Kaizen.

Cuando voy a la playa me gusta recoger y tirar los pequeños plásticos que a veces me encuentro flotando en el agua, mientras veo a muchos otros simplemente apartándolos de manera indiferente. Cuando voy a tirar la basura y me encuentro una lata en el suelo la recojo y la tiro, donde otros la han dejado caer o bien la han tenido que sortear para ir a tirar su basura en el mismo contenedor donde la estoy tirando yo. Que no voy a ponerme yo ahora como ejemplo de nada, pero lo que digo es que ese imperceptible "qué más da" interior es lo que acaba resolviendo el asesinato. 

Si todos incorporáramos pequeños hábitos seríamos una sociedad mejor habitando en un planeta mejor: esto es Kaizen.

Ir a un restaurante y, si has quedado contento, acércate al responsable y díselo. Si vas a una excursión y el guía hace su trabajo de manera excelente, díselo también. Le alegras el día y te lo alegras también a ti. Si ves algo en una tienda que le puede gustar a algún amigo, regálaselo por sorpresa. Existe una suerte de ley universal de la reciprocidad te hace recibir aquello que das, si lo haces de manera sostenida, genuina y sin esperar jamás nada a cambio.

El cambio positivo en la vida viene más por muchos poquitos que por pocos muchitos. Viene por muchas personas haciendo poco más que por pocos haciendo mucho. Viene por hacer lo correcto por el simple hecho que es lo correcto. Hacer lo correcto, no porque nadie te lo reconozca o porque nadie te esté mirando. Hacerlo porque quien realmente te estás mirando eres tú.

Rotación y los pollos


¿Tener una alta rotación de personal es bueno?

Popularmente tendemos a contestar un NO rotundo con demasiada alegría, alegando que una alta rotación atenta contra la estabilidad, los costes de reemplazo y otras tantas cosas. Y hay que reconocer que al argumento, lógica no le falta. No obstante, tal y como lo veo yo, la respuesta seria la preferida en Recursos Humanos: "depende".

¿De qué depende, pues?

Pues del tipo de persona o incluso del aire fresco que necesites para ventilar la empresa. Es decir, que tan bueno es tener una "alta rotación de personas tóxicas" (léase, personas chungas que se piran de un modo u otro  / plantilla) como una "baja rotación de personas guay".  El problema es que habitualmente se habla y se marcan índices de referencia para la Rotación como un total que mezcla salidas de todo tipo de personas, en un ejemplo magnífico de la famosa cita en Estadística por la que "si tu te comes un pollo y yo ninguno, ambos nos hemos comido medio pollo". Y la cifra así calculada, en realidad, no sirve para darte una información útil.

Y entonces; ¿qué hacemos?

Identificar a las personas "tóxicas" y marcarnos como empresa un objetivo del 100% de rotación para ellas y de un 0% para el resto. Siempre he defendido que a los "infelices por deporte" hay que ayudarles "a ser felices en otra empresa" librándoles así del mal de permanecer en la misma. Y a este punto, otra reflexión:

Si estás todo el día quejándote de la empresa para la que trabajas pero, curiosamente, no te piras, esto es por una delicada regla universal: o no te quieren en ningún otro lado o, como mínimo, no te quieren "más" de lo que te quiere la empresa para la que trabajas (no me imagino a alguien rechazando continuamente ofertas desorbitadas para puestos mucho mejores...). Por ello, (a) sé consciente de ello y (b) no digo yo que beses por donde pisas pero, al menos, no des el coñazo por la vida, que la tristeza deportiva es incómodamente pegajosa.

Ser responsable de nuestras decisiones y asumir que trabajamos, bien donde queremos, bien donde nos quieren más, resulta un ejercicio altamente recomendable para convivir mejor con nosotros mismos.




El rincón del churrasco


El rincón del churrasco es ese lugar, oscuro e inhóspito, que puedes encontrar en la mayoría de organizaciones. Ese rinconcito emocional patrocinado por una congregación de gente tóxica y más quemada que el palo de un churrero que, reconociéndose entre ellos (Dios los cría y...), acaban afiliándose en una especie de partido de la queja deportiva.

El rincón del churrasco es el club de la gente con quemaduras de tercer grado que no para de dar la brasa. Es un lugar con olor a cerrado, a gato mojado, a ideas rotas y a un "yo sí sé de qué hablo". Es un llorómetro lleno de evangelistas de la reclamación nimia. Un lugar huérfano de alternativas. 

El rincón del churrasco es una estirpe a extirpar. Devotos de la colonoscopia ajena sin anestesia y amos del perro del hortelano, estos sin padre, normalmente comparten sus frustraciones personales con vestido de reivindicación populista con maquillaje de todo a cien.

Pero fíjate bien que el churrasquito normalmente no se pira nunca. Que digo yo; si no estás bien en un lugar; ¿por qué no te vas a buscar otro mejor?. Y es que la pregunta se responde sola porque la realidad es muy tozuda: porque no le quieren en ningún otro lugar. Y uno debe ser consciente de esta circunstancia. No hacerlo, puede suponer una miopía fatal, para uno mismo.

Lo de menos es de quién es la culpa. Lo de menos es el "no eres tú, soy yo". Creo que el 1% de churrasco tiene la misma culpa que el kamikaze que va en contradirección en una autopista de cuatro carriles en hora punta. ¿Acaso todos los demás están equivocados?. Posible, pero poco probable.

¿Culpa de unos o de otros? Acaso del jefe de la brasa, el que la aviva, el que no la acalla. El churrasco maestro. Y ya se sabe, churrasco escoge churrasco. Y así es como se escribe proliferar. Porque el churrasquito será muchas cosas, pero tonto del todo no y sabe que si se arrima a ascua tóxica, aunque tóxica, suyo será el cielo de las brasas. 

Si te quejas de dónde estás pero no te quieren en ningún otro lado, sé consciente y da gracias por la acción social que probablemente esté haciendo tu empresa contigo. O, como mínimo, no dés por el feedback. Que no haya cola de ofertas en tu casa es una señal. Aprende a leerlas.

Una vez me dejaron claro la santísima trinidad del Hecho - Pagado - Olvidado, y que el contador cada día vuelve a ponerse a cero. Que aquello de "con lo que yo he hecho" se anula con aquello de "con lo que la empresa ha pagado" y que el único derecho adquirido es el de la pataleta improductiva. Suena todo lo duro que es, pero ya sabéis que este blog no es para románticos.

Que si "la cosa está muy mal" (seguramente para ti, sí, churrasquito), que si "no es el momento", que si "la abuela fuma", que "si la crisis" o "el perro se ha comido mis deberes". Y es que los caminos de la excusa son inexcrutables.

Lo que digo es que no podemos olvidar ni por un instante todo lo que de bueno tenemos. Cosas. Personas. Momentos. Hoy más que nunca, en este loco mundo, hay que valorarlo todo y no dar por descontado nada. Todo cuesta y cada vez hay que correr más para mantenernos en el mismo sitio. Seamos conscientes que lo que realmente aportamos y lo que recibimos y que, si sentimos inequidad, es hora de dar las gracias sonriendo y marchar en búsqueda de vientos más favorables.

El nerviosete zigzagueante.


La típica mañana de atasco en la autopista y el típico "fitipaldi" que, nerviosa y peligrosamente, va adelantando en zig zag. Y todo para, supuestamente, llegar antes a su destino. Hasta aquí, nada nuevo.

Mientras tanto, vas tú por tu carril, tranquilo y seguro, a velocidad inferior, sabiendo adonde vas y, sobre todo, cómo quieres llegar allá donde vas.

Pues bien, incontables son las veces en las que, siguiendo cada uno el proceder escogido, acabas dejando atrás al nerviosete zigzagueante. Y habiéndome pasado en ocasiones suficientes y teniendo tiempo yo para pensar durante tanto y tanto atasco en la autopista, la verdad es que me he dado cuenta que éste no deja de ser un ejemplo perfecto para lo que también pasa en las empresas o en las relaciones de pareja. 

¿O acaso no tenéis ejemplos de compañeros "nerviosetes" que, sin poderosas motivaciones más allá de la "erótica del cambio", van cambiando de empresa cada dos por tres para, en muchas ocasiones, acabar en posiciones extrañas en sitios extraños al cabo de unos años?.

O el Peter Pan que cambia de pareja como el que lo hace de serie en Netflix y que te lo encuentras con cincuenta añazos y lamentándose sobre su mala suerte con el amor...sin atisbo ninguno de autocrítica.

Y es que vamos faltos de paciencia. Preferimos cambiar a arreglar. Lo queremos todo ya sin ser conscientes que tampoco estamos dando todo ya. Incapaces de diferir la recompensa. Porque conocer bien las cosas requiere dedicación, tiempo, calma. Profundizar y conocer bien a personas y empresas lleva su tiempo. Un tiempo que es mucho mayor del que consideramos darnos.

Cuántas veces hemos oído excusas como "me marcho porque la compañía no me ofrece un proyecto atractivo" o "siento que el proyecto se ha agotado", cuando en realidad deberíamos decirnos "me marcho porque yo soy incapaz de construir un proyecto en el marco actual" o "siento que yo no puedo ofrecer más de mí". Porque la culpa, siempre es del otro. De la empresa que "no me da lo que necesito" sin reparar en el paternalismo que supone dicha reclamación.

Creo que, en ocasiones, deberíamos cambiar nuestro papel de víctimas y dejarnos de excusas para abordar de manera madura las verdaderas motivaciones de un cambio. Deberíamos importar más el famoso "no eres tú, soy yo" como fórmula clásica del ahora cada uno por su lado. Siento que nos falta autorresponsabilidad. 

Autorresponsabilidad es también pirarte si no estás contento con tu proyecto actual y/o crees que puedes ser más feliz en otra empresa. Muévete!, que no eres un árbol. Si, por contra o cobardía, no estás contento o no das más de ti y decides quedarte porque no encuentras adonde ir o porque no te quieren en ningún otro lado, pues coño, sé consciente y agradecido. O, como mínimo, "no des por saco" intoxicando con tus mierdas al resto. 

Paciencia y consciencia. Tan necesarias como tantas veces ausentes.

Tiling behind the fridge



"Do we have to tile behind the fridge?" was the question the worker asked me when I was recently having my kitchen refurbished. 

I was at first somewhat surprised by this question, though immediately after, the worker kindly explained that many people in fact choose not to tile behind the fridge as nobody will ever actually take a look behind there; allowing the home-owner to make a small but significant saving.

On first reflection this can appear a relatively trivial question but in the end it's not. Should we indeed “tile behind the fridge” in our everyday lives?

You could say that maybe it isn't necessary to do something that won't be noticed by anyone, especially if this brings you some kind of benefit (e.g. saves you time, money etc.). Then, why do it?

Because you know so. No one else knows, but you do. You know that there is no tiling behind the fridge.  It isn't exactly the same but this is rather like sweeping your dust under the carpet. You don't do it because you prefer things to be done properly. 

Without tiling, my kitchen would look perfect, but I would know that it isn't. As in life, this is not just about keeping up appearances but properly reflecting your personal values. 

I am not suggesting doing things perfectly all the time, but this is, in the end, about a desire to do things perfectly whenever or wherever possible. Yes, one of the most valuable skills is knowing, given certain constraints, when and how a task should be done (or if it should not be done at all!). 

Nevertheless, beyond this invaluable skill there's always an even a more important factor: your attitude. The attitude of striving for excellence. The attitude of going the extra mile. The attitude of demanding the best of yourself.

A lot of times we are faced with hard choices of how we should best spend our limited resources. But all the time we should strive to get the best results and take great pleasure and peace of mind in knowing things have been done well; even when others are not necessarily in a position to appreciate this fact.

A lot of times, doing things well or doing things very well can go unnoticed. Sometimes not.

Menos aplauso y más ayudar


A nadie se le escapa ya mi admiración máxima por aquellos que sacrifican sus vidas por mantener las de todos (ver link), de ahí que cualquier iniciativa para reconocerles y compensarles me parezca bien y siempre insuficiente. Y es desde este marco que me gustaría compartir que lo del aplauso a los sanitarios es bonito, acaso emocionante, pero lo que más me emocionaría serían tres cosas:

a) Que en lugar de aplausitos, la gente sacara la cartera y ordenara una transferencia bancaria mensual a hospitales, ONGs o fundaciones que se dedican a la investigación clínica, por citar sólo algunas. Lo del aplauso es bonito. La aportación económica es útil. Yo ya lo hago desde hace mucho tiempo; ¿Y tú?

b) Que en lugar de aplausos, te pongas en contacto con asociaciones, fundaciones, iniciativas para invertir tu tiempo y ayudar. O mejor, aplícate a) y b), que no son excluyentes, leñe!. Yo ya lo hago; ¿Y tú?

b) Que nos acordáramos de Santa Bárbara no sólo cuando truena. Que hiciéramos algo útil de forma regular (y no sólo dejándonos llevar por el hype) sin otra razón que por que es lo correcto, lo socialmente responsable y porque en definitiva es lo que nos hace bien a todos. Yo ya lo hago; ¿Y tú?

Lo único que no hago es salir a aplaudir, porque con el curro no me da la vida para lo de los aplausos para los sanitarios, la cacerolada de protestas, cantar el "sobreviviré" y otras tantas folkloradas. Como para tenérmelo encima que oir.

Más ética y menos estética.

Viva la madre que os parió



Viva la madre que parió a médicos, enfermeras, celadores y resto de personal sanitario. Viva la madre que parió a policía, guardia civil, ejército y resto de cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Viva la madre que parió a bomberos y guardas forestales. Viva la madre que parió al personal que trabaja de cara al público; en los comercios; conduciendo un bus, un taxi, el metro o el tren o un avión, etc. Viva la gente que trabaja para las ONGs. Y viva la madre que parió al resto de personas que, cada día y hoy más que nunca, os jugáis vuestra integridad física para salvaguardar la nuestra. A todos, viva la madre que os parió. Y gracias, muchas gracias, dicho sea de paso, por ser ejemplo de generosidad y de entrega sin límites. Estáis hechos de una pasta diferente, hecha de mejor calidad...humana. Sois de otra liga. 

Lo único que me hace sentir miserable es acordarme de santa Bárbara cuando truena, porque es cuando no truena que deberíamos acordarnos más. Ahora es puro ventajismo, pero no es menos cierto que así es como lo siento y así es como quiero compartirlo hoy. Porque veo la cara de mis hijas, hoy sanas y sonrientes, y pienso que es también gracias a todos los colectivos (y no sólo) que he mencionado. 

Y de nuevo, me acuerdo de lo afortunados que somos por tener el nivel de servicios que tenemos y de lo poco que lo valoramos.

A ver si, al menos, el Coronavirus de turno nos sirve para ser más agradecidos, que además es gratis.

From CV to portfolio




“I don’t care who you are unless I am interested in what you can do”, says the philosopher. And that is the problem with the classic CV.

We make a huge mistake in drawing up our CV about ourselves, explaining who we are, what studies we have made…without realizing that we don’t really matter for others unless we catch their attention. And you catch their attention if you are able to show that you can cover the others’ needs.

Unless you demonstrate value for others, what you did is no longer of importance. It’s just pleasing for your ego, but not for others. Remember that your ego does not fill the needs of others by itself.

For that reason, I propose we move away from the former CV approach, which is only a compilation of what you did in the past; just a pile of knowledge rocks talking monotonously about your yesterdays. There is a strong possibility your past is just not so useful any more.

It’s time to move forward. I like the quote that says “in times of rapid change, experience could be your worst enemy” (J. Paul Getty). A traditional CV is only a look to the past, not a guide to show what you are able to do in the future. Get rid of your old CV structure and focus on building your own portfolio of products to be become your real Personal Value Proposition. Show me your value, not your cost. Show me your future, not your past.

I love the philosophy: already done; already paid; already forgotten. So don’t come to me talking about how great you’ve been doing. I want to know what you can do for me today and tomorrow.

Companies already know your cost. Your challenge is showing them the value you will generate to compensate that cost.

So, the next time you present yourself in front of a new person; in front of a new company; in front of a new challenge, wherever, whenever…remember to do it thinking of the other, not about yourself. It’s not about you. You are the best sales rep when you present yourself as someone who can cover my needs.

Next time we meet, show me the portfolio of your products. Show me the value of your brand.

Comunicas, a tu pesar.


Día de locos en la fábrica. Otro más. Con la sensación de haber hecho girar más rápido que nunca “la rueda del hámster”, era mediodía y aún quería cerrar algunos urgentes durante la hora de la comida. Ventajas de comer todos juntos en la cantina: en la hora del café, me acerco a este y al otro y lo dejo cerrado. Bien. Y así fue. Y así me pareció que había aprovechado mi tiempo. Recursos Humanos había cumplido a tiempo…

From Think Tanks to Big Thanks



Think Tanks have been used to analyze human behaviour and inform social and economic policy. Loads of psychological studies demonstrated to what extend human beings can be bad (Milgram, Zimbardo, etc.) This confirms a narrow view of history we have; a view which is always concentrating on miserable deeds (e.g. world wars, holocaust, etc.) and the need to coerce. So many think tanks have been working with this diminished view of human capacity, spending millions confirming their bias.

From physical space to cognitive space



Technology fostered an open sharing collaborative environment with people happy to share and renounce(voluntarily or not) a whole mass of personal data and privacy. In addition, this new environment created an ever increasing volume of data available which goes beyond our brain capacity, leading to anxiety and infoxication. 

La belleza en la marca de lo invisible




Que en una compañía se nombre mucho al director/a de Personas no es la mejor señal del mundo. Y digo que no es muy halagüeño porque o bien hay lío y el/la director/a de personas es una vedette o bien no lo hay y quiere crearlo para serlo. Los pirómanos vestidos de bombero existen.

También puede ser que arrastre el complejo de inferioridad que Recursos Humanos ha tenido durante mucho tiempo. Llamémosle la Cenicienta del Comité de Dirección. Complejo en muchos casos bien ganado por incapacidad de demostrar la contribución real que la gestión de personas tiene en la Cuenta de Resultados. Y en todo complejo de inferioridad, siempre existe ejercicio de sobrecompensación con manifestaciones de visibilidad mal entendida. Ahí es donde encajan los ejercicios de postureo y necesidad de imponer decisiones porque sí de muchos directores de recursos humanos.

Un/a director/a de personas, si hace bien su trabajo, es invisible. Un elemento más del paisaje. Debe encargarse de allanar el camino para que los pura sangre del negocio corran. Debe ser un facilitador; un mediador; un inspirador; un entrenador; un factor de crecimiento; un guía; un maestro. Jamás el anfitrión. Un buen director de personas tiene que ser como un buen árbitro de fútbol: nadie sabe cómo se llama. Y es que los buenos árbitros no tienen nombre. Los buenos directores de personas, tampoco deberían. 
No es tiempo de figurar, es tiempo de desfigurarse. No es tiempo de acaparar el balón, es tiempo de contemplarlo desde la banda. No es tiempo de solucionar lo que para ti no son problemas; es tiempo de dejar que tu equipo los solvente y crezca, porque aceptar marrones y solventarlos es crecer. Y lo mejor que puedes hacer es cambiarle a tu equipo la piscina Toy por alguna excursión de rafting. Es tiempo de hacer feliz, haciendo feliz. Es tiempo del "salid y disfrutad". 
Asúmelo, ya no es tu momento, es el momento de tu equipo. Desaparece del mapa y pervivirás en sus recuerdos. Porque no hay marca más bonita ni más potente para un buen director de personas, que la marca de una invisibilidad bien merecida.

La Dirección de Personas debería ser 3G...o mejor, 4G



Nada funciona sin personas. Si las tienes, puede funcionar o no. Si no las tienes, no funcionará jamás. Hasta aquí parece fácil, ¿no?. De hecho, es bastante probable que hasta me hayas comprado la idea. Pues bien, muchas empresas siguen sin entenderlo. Es verdad que decodifican entenderlo por traducirlo en lo que yo llamo discursos fungibles; “fast pitch”, que como su homólogo dietético, sacia pero no te nutre (no como debería).

No debe haber mayor prioridad que las personas en una compañía, al igual que en tu vida. Con las personas puedes generar negocio o no hacerlo. Sin ellas, de nuevo, jamás. ¿Vas viendo el mantra? Pues mucha gente que debería, no lo hace ni lo hará. Sirva el famoso “Lo esencial es invisible a los ojos” del Principito para demostrar que, a veces, Dios da ojos a quien no quiere ver y capacidad de decisión a quien, de saber hacerlo, lo que decidiría es irse.

Solemos encontrar demasiado Yo en las organizaciones, sobre todo en aquellas compañías que sólo son grandes; porque las grandes compañías se escriben siempre con la primera del plural. Se entienden con el Nosotros delante. Y no entender esto tan sencillo, en épocas de crisis, suele acabar rimando con epitafio empresarial.

Y según sea el capitán, será la Dirección de Personas. De tal palo, tal astilla. Si lo veis con un casco, es porque a papá le gusta salir de caza. Si le gusta gritar, es porque no tiene voz. Si no le veis, entonces es que se convirtió en alguien esencial. Y esta regla universal aplica a todas las escalas de cualquier organización, porque psicópatas fichan psicópatas (cracks en orientación a resultados y desorientación de personas). Buena gente ficha buena gente. No hay magia: acabas fichando para ti alguien que es como tú (¿no te habías dado cuenta?). Por ello, si multiplicas el efecto por el número de incorporaciones y dejas el tiempo pasar, ya tienes la nueva radiografía de lo que pasa, porque eso es lo que pasa. Analiza a los padres y entenderás a sus hijos. La estructura real (la informal, digo) de una compañía se explica por la personalidad de quien contrata multiplicado por el número de contrataciones y multiplicado por el tiempo.


Por eso, para quienes tenemos la suerte de dirigir grandes personas que le hacen a uno la vida más feliz, el término de “Gestión de Recursos Humanos” huele a cerrado, de ahí que en una reunión de ciclo propusiera en broma cambiarle el nombre a la Dirección de personas para acabar llamándole Departamento de 3G. Las 3 “G” de Gestión de Gente Guay…que incluso un hubo un tío estupendo (un abrazo, Miguel J.!) que, siguiéndome la broma, me dijo: “oye, que ahora ya hablamos de 4G!”…así que igual acepto el reto y lo acabo llamando “Gestión Genial de Gente Guay” J

La insoportable levedad del ser...gilipollas


Todos hemos conocido al típico jefe psicópata. Aquel que, como Risto diría, son "como un consolador: perfecto en la ejecución, pero tremendamente frío en el sentimiento". Normalmente son los amos del Ms. Office. Son los embajadores del dato gélido. Porno duro para jefes que los valoran desde despachos con vistas, situados a miles de kilómetros, allá donde el olor a churrasco no llega. Son gente "orientados a resultados". Son personas de acción. Menudos eufemismos. Yo les llamo gilipollas.

Son gente a quien habitualmente les robaban el bocadillo en el patio. Empollones atrincherados tras apuntes de escaparate para los que la empatía suponía un extra. Hijos perfectos...mejor, higos perfectos, coleccionistas de collejas infantiles. Gilipollas, sí, pero con memoria. Porque si "la letra, con sangre entra"; pues imagínate cómo debe entrar el rencor a base de collejas. Y que ahora, años más tarde, calientan sillas de cuero mientras se esfuerzan en hacerle entender al mundo que era él quien estaba equivocado.

Seres hiposociales que, por la teoría de vasos comunicantes, hipertrofiaban su currículum hasta acabar sumando títulos y cargos de nombres imposibles. Gente que sólo se significa a través del trabajo. Sometiendo a los demás. Así es como relucen, porque son incapaces de brillar. Onanistas del ego. Seres asociales que te quieren porque te necesitan, pero que jamás te necesitan porque te quieren.

Seres que, sin ser y sin saber, están condenados a la insoportable levedad del ser...gilipollas.

Viviendo, que es gerundio



Fin de semana brillante entre mentes sobresalientes y viceversa. De esos de dejar el reloj y coger la brújula. De esos de perderse hasta encontrarse. De esos de cambiar la básica vuelta por la vuelta a los básicos. Un fin de semana de cara lavada y sin colorete, porque el color y el calor abundaban.

Fin de semana rural 1.0; propio de mantras clásicos como "¿te imaginas poder teletrabajar desde aquí?"; "estos tíos sí lo tienen claro"; "pues yo sí creo que me acostumbraría a esta vida"...todos sabéis de qué os hablo: del clásico "vivir vs. sobrevivir".

Dicen que "cualquier tiempo pasado siempre fue mejor". Yo prefiero el filosófico "cualquier tiempo pasado no existe". El pasado sólo lo revives. El futuro sólo lo imaginas. Y lo único que tienes es el Presente. A fin de cuentas, el Pasado ya lo sé y el Futuro: y yo que sé. El ahora es lo único que existe.

Y puestos a escoger, te das cuenta que no hay otra opción que vivir el presente que no sea en gerundio, padre de la Acción. Cualquier tiempo pasado, de nuevo, es historia. Cualquier tiempo futuro: entelequia. Sin gerundio no hay nada real: vivir está bien; pero estar viviendo es la leche. Hacer mola, pero estar haciendo es lo que cuenta...todo mucho más conciso que el general Presente de Indicativo, aunque sea éste indicativo de presente en general.

Ha sido un fin de semana que te dejan en gerundio: pensando; haciendo; amando y desconectando de lo superfluo para ir reconectando con lo esencial. Me he dado cuenta que debería recetarme este tipo de fines de semana de realidad aumentada con mayor frecuencia. 

Así que, de verdad, si algún día te decides por vivir, que sea siempre en gerundio, porque en un futuro... sólo serás pasado.