Tampoco nos flipemos


Los libros de autoayuda han hecho mucho daño. "El poder está en ti"; "Poder ilimitado"; "Tú puedes ser lo que te propongas"; "No limits" y, de aquí, para arriba.

¿Puedes llegar más lejos de lo que crees? Sí. Pero porque en la mayoría de casos nuestras creencias limitantes son sólo imaginaciones bien trabadas. ¿Puedes llegar más lejos de los límites que crees tener?. Sí, pero porque los límites que crees tener son muy austeros. Salvo Cristiano Ronaldo, solemos tener una concepción de nosotros mismos bastante modesta, construida a golpe de inseguridad. 

Ahora bien, una cosa es llegar más allá de lo que tú consideras tus límites (que no son tus límites reales) y cosa distinta es pensar que puedes llegar a ser cualquier cosa. Tampoco te flipes. Por mucho que yo me esfuerce, entrenando a voleibol diez horas al día los próximos diez años, jamás llegaría a jugar ni en tercera regional. Seguramente aprendería a divertirme en pachangas, pero entrenar tanto no me haría crecer veinte centímetros o saltar un metro en vertical. El sabio tenía razón, "lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible". Lo que digo es que "puedes ser cualquier cosa que te propongas, siempre que no te propongas cosas que no puedes ser". O más corto, "puedes ser cualquier cosa que te propongas, pero tampoco te flipes". 

Y es que hay que diferenciar mucho entre conocer tu verdadero potencial (más allá del que te percibes) y no tener un espejo en casa. O un buen amigo. 

En las empresas funciona igual: hay que diferenciar mucho entre invertir para desarrollar el potencial o las habilidades de una persona y tirar el dinero en causas perdidas. Los que trabajan conmigo están cansados de oírme repetir el dicho: "puedes entrenar a un elefante a trepar un árbol, pero mejor te fichas una ardilla". Equivocarnos en la identificación de potenciales, cuando este proceso lleva asignado un presupuesto de formación, puede acabar siendo no sólo una sangría en lo económico sino, sobre todo, en lo emocional, por el drama de una mala gestión de expectativas.

Así que, en resumen, sé ambicioso en tus metas; sé consciente que tus límites están mucho más allá de lo que crees y esfuérzate por alcanzarlos; pero tampoco te flipes.
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