Radical Now


Confundirte con el paisaje de un día de invierno en Menorca es uno de mis pasatiempos favoritos. Y si es en Navidad, mucho mejor. Pasear por el placer de pasear, sin destino ni objetivo fijo. Sólo pasear y dejar llevarte por lo que te traiga el día es el antídoto perfecto a una vida que va en sentido contrario. 

Disfrutar con el aquí y ahora. Despacio. Muy despacio. Bajar calle abajo y, acompañado por el olor a pan recién horneado, entras en la Barba-Rossa, la adorablemente pequeña tienda de objetos de regalos que, sin necesitar ninguno, los querrías todos. Allí, te sientes inmediatamente acogido por la amabilidad del dueño, que te agradece la visita y que hace sonreír con el comentario justo. Que te agradece también tus palabras de reconocimiento por la buena selección de artículos y que, sin duda, hace que esta sea una de tus tiendas favoritas en Mahón.

Seguir callejeando, reencontrándote con antiguos compañeros de clase y tantos otros que siempre tendrán tu cariño, en una suerte de serendipia emocional a modo de regalo que no esperabas, pero que siempre te reconforta y en los que sigues reconociéndote como antaño. Parece que todo sigue igual. Parece que es por esto que sigues haciéndolo siempre que puedes.

Llegas al "Mercat del Peix" y al "Claustre del Carme" y te dejas llevar por sus olores a productos típicos, mientras sigues viendo rostros conocidos aquí y allá. Haces parada en el "Bar d'en José", como yo le llamo a "Sa Botiga 1205" (su nombre real), básicamente para darle un abrazo y ver el color de un Mahón, siempre tradicional, desde el cálido interior del bar, al calor de un croissant y un café con leche. Y lo ves. Ves que la vida aquí va a otro (y mucho mejor) ritmo. Lo ves cuando un entra el proveedor de bebidas y, más allá de lo transaccional, José y él se dedican cinco minutos de calidad, bromeando sobre esto y lo otro pero mirándose a la cara, riéndose, escuchándose y haciéndote ver a ti, espectador atribulado, que la vida va de esto, de intercambios auténticos entre personas auténticas, donde el trabajo es el medio para el sustento y no lo que a uno le sustenta, craso error de los ciegos.

Sales, compras una barra de pan en "La Mejor" y un "cuponazo" de la ONCE, por aquello de la obra social y sobre la base del dicho "la lotería es el impuesto de la ignorancia", porque si te pones a calcular probabilidades dejarías de comprarla...¿pero y si me toca a mí?, te dices, como para desactivar el raciocinio y justificar la compra. Qué más da, cuando la inversión lo es, en realidad, en ilusión.

Y regresas a casa, golpeado por una realidad que anhelas, que te recuerda que no hay nada más poderoso y necesario que estar aquí y ahora, porque no existe nada más. Porque sobre el pasado poco puedes hacer y sobre el futuro, menos todavía. Porque sólo tienes el presente, pero un presente al que nunca le prestas atención por estar siempre en el pasado o en el futuro, incontrolables ambos, mientras descuidas aquello que sí puedes disfrutar y no lo haces.

Y te prometes que, a partir de ahora, al Pasado: las gracias; al Futuro: planificarlo; y al Presente: vivirlo con una pausa muy intensa. De manera radical. Ahora.
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