Abriendo el armario de los monstruos: gente tóxica

Uno de los factores higiénicos más poderosos en una compañía es la ausencia de gente tóxica.
Manipuladores, demagogos, amantes de la crítica destructiva, pusilánimes contagiosos, traficantes de información para bien propio, "trepas" sin escrúpulos o personalidades psicopáticas son, entre otros muchos, ejemplos de personas tóxicas (la antítesis sería la persona tónica); personas nocivas para nuestro desarrollo profesional e incluso personal en la empresa. Son aquellos con los que, al interaccionar con ellos, hacen que nos sintamos desgastados; que incluso nos alejemos del que debe ser nuestro foco: centrarnos en el trabajo de una manera profesional. Y no sabemos porqué pero la verdad es que son capaces de robarnos nuestra energía, vampirizándonos la existencia mientras se camuflan con una habilidad innata en el paisaje de la compañía.
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Su capacidad para manipular e influir en la gente con capacidad de decisión es un rasgo distintivo, pues no es extraño que estos seres gocen de la protección de la dirección para, una vez conseguida, se empeñen en difundirla ya bien sea tácita o explícitamente, para ir construyendo su red de seguridad.
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Y como suele pasar en las películas en las que el pirómano está entre los que denuncian el desastre en el momento en que se produce, los podréis identificar porque muchas veces aluden a comportamientos éticos o valores que desconocen más allá de haberlos buscado en la Wikipedia.
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El daño que causan a una organización es incalculable a largo plazo: provocan desánimo, conspiran, dividen y se ocultan en el barullo de las excusas para evitar que detecten lo que al final subyace en la mayoría de ellos: un pobre desempeño. El impacto en nuestra marca como empleador resulta, pues, clave; máxime en plena era 2.0.
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Y aunque no hay duda que las empresas deben disponer de poderosos mecanismos para atraer y retener el talento, todavía más importante es que estos mecanismos de selección incluyan también mecanismos de "deselección" para poder identificar y erradicar este tipo de personas para poder construir una organización sana.
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Un antídoto personal: perseverar al máximo en la consecución de nuestros objetivos pese a su influencia, prestarles la mínima atención desdramatizando sus quejas, haciéndoles saber así que no formamos parte de su coro y nunca actuar como ellos (pues es una batalla perdida de antemano).

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Hacer lo correcto siempre tiene retorno aunque no sea visible a corto plazo. Hagámoslo de manera firme y continuada; y dejemos que el tiempo ponga a cada uno en su lugar.
Reacciones:

1 comentario:

  1. Hola Oscar:
    Cuando la cultura de la organización tiene una una línea clara sobre el valor del respeto y la transparencia, las personalidades que mencionas no tienen sombra en donde ocultarse. Por lo tanto,tienen dos caminos: cambiar para ver "la luz" o condenarse al aislamiento natural hasta terminar fuera.
    Es claro que la declaración sobre como hacer las cosas en la organización, por parte de la Dirección, será fundamental.
    Saludos,
    Carlo
    www.sdhumano.blogspot.com

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