¿Rico o afortunado?



El otro día hablábamos de cuánto dinero se necesitaba "para ser rico", para acabar entendiendo que ser rico no va de tener dinero. Aunque, si así fuera, yo lo tendría claro: el necesario para pagar tus facturas, comprar en el súper sin mirar tu cuenta corriente y poderte dar algún pequeño capricho muy de vez en cuando. A partir de este nivel, lo único que consigues es tener lo mismo que tenías, sólo que más caro: un reloj más caro; un coche más caro; viajar más tiempo, más veces o más lejos o ir a restaurantes más caros. Nada nuevo que no hicieras antes, aunque a otro nivel. Y muchas veces pagando un precio mucho más alto de lo que vale todo junto, como puede ser tu libertad, tu salud o, en definitiva, tiempo de tu vida.

La falta de dinero por debajo del umbral que te asegura una subsistencia digna es fuente de infelicidad, mientras que el dinero por encima del nivel que te permite vivir con desahogo no te asegura una mayor nivel de felicidad. Por ello, el objetivo sería luchar por conseguir una vida sin aprietos económicos para, a partir de ese momento, maximizar tu nivel de libertad y disponer del máximo tiempo de vida para reinvertirlo en experiencias que permanecerán en tu memoria, en la de los demás y que son las que te hacen verdaderamente feliz. Porque Felicidad se escribe con el verbo ser o estar, nunca con el verbo tener. Como decía el sabio, las cosas las compras, en realidad, con tiempo de vida (que es el que te cuesta conseguir el dinero con el que lo pagas).

Y porque el trabajo sólo es trabajo. Y no me entiendas mal: el trabajo es fundamental y hacerlo bien es muy importante. Pero el trabajo sólo es un trabajo. Ni más ni menos. Faenar es un trabajo, pero el trabajo no puede ser una faena. No dejes que se apodere de ti. Que te apasione es encomiable. Que te aprisione, una putada: ten presente siempre la diferencia.

El arte está en saber cuándo parar. Y mucha gente no lo sabe/mos. Como el hámster que empieza a correr en su rueda, que cada vez va más rápida y que, a la vez, le obliga a correr cada vez más rápido, para acabar estando en el mismo lugar.

Sentarse a ver cómo rompe el mar en las rocas; tumbarse en la playa sin más luz que la del manto de estrellas; leer un libro frente al crepitar de la chimenea una tarde de tormenta, mientras te tomas un té o un café bien caliente; una mañana de pesca con sabor a sal, con final de caldereta en familia; una velada sin fin con amigos, alrededor de una buena mesa...y todo ello mientras te miras y (te) dices: "queridos... esto es, en realidad, ser rico". Quizás acaso sea la distinción entre ser rico y ser afortunado. O entre coste y valor. O qué se yo.

Y la pregunta, Siempre la pregunta: ¿por qué no. Oscar?
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