Apágame la radio


Ruido. Cada vez más ruido. Opciones. Cada vez más opciones que no lo son para escoger, cuando la única opción a escoger es no escogerlas. Y no. No extremamos las precauciones con el consumismo extremo, creyendo siempre que más es más, cuando más sólo es menos. Que pan con pan sólo es spam.

Ruido. Cada vez más ruido. Olvidamos echar de menos, mientras aprendemos a echar cada vez de más. Confundimos Ser con Tener, sin posibilidad de contener. Porque con tener no nos basta, sin saber que, muchas veces, sobra. Porque tenemos por encima de nuestras posibilidades, buscando incluso tener por encima de las posibilidades de los demás.


Ruido. Cada vez más ruido. Facebook. Twitter. LinkedIn. Snapchat. Whatsapp. Telegram…y así quemamos nuestra vida hasta darnos cuenta que hay que meter mano al Tinder para ver si alguien nos la mete a nosotros. Heroes digitales. Víctimas del Like. Yonkis de followers que jamás conocerás. De esos que resumen su cumpleaños en un Timeline de Whatsapp.  Reclusos del chat con olor a cerrado. Y mientras tanto,  han pasado ya tres semanas desde tu último abrazo. Desde tu último “te quiero”.  

Ruido. Cada vez más ruido. Más salario. Más cargo. Más carga. Más hipoteca. Más cosas. Más caras. Más eslabones de la cadena. La que nos ata el tobillo. La que nos resta Libertad. La que nos resta Felicidad. La que, en realidad, no nos deja escoger. La que convierte el Quiero en Tengo. El que muta la posibilidad por la obligación. La que encaja tu tren en los raíles de la opresión por cubrirlo todo, mientras suena una música que te dice que, quizás, no tengas nada. Nos presiona impresionar a gente a quien, de verdad, no le importamos porque, en el fondo, no nos importamos.

Ruido. Cada vez más ruido. Sin pensar que el “tiempo” se apellida “de Vida”. Lo único que gastamos sin poder recuperar y sin saber cuándo acabará la partida.


Así que yo decido apagar la radio. He decidido invertir mi Vida en lo esencial; en experiencias; en la gente a la que quiero. Yo decido prescindir de todo aquello que, para mí, no sea útil o bonito. Yo decido perder la batalla de las cosas y ganar la de las personas. Decido luchar por ser imprescindible para alguien mientras prescindo de todo lo demás. Será la edad. La edad de decidir. 

Tu turno.
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