Carta a un psicópata



Sábado. Diez de la noche. El lugar: el interior de un vagón de metro en Barcelona. Próxima parada: Plaza Cataluña. Justo  enfrente, una chica de unos cuarenta años y aspecto alicaído me mira y, por un instante, intuyo una sonrisa cómplice al tiempo que las puertas del vagón se abren y sale a toda prisa. Vuelvo mi vista a su asiento, ahora vacío, y me doy cuenta que se ha dejado un papel. No sé ni cómo, me levanto como un resorte para coger el papel y ver si llego a tiempo pero las puertas estaban casi cerradas y no puedo más que quedarme pegado al cristal esperando a ver yo que sé qué. 


De pronto, entre la muchedumbre, vuelvo a verla y, como si sintiera que la estoy mirando, se gira y, adivinando dónde estaba, me vuelve a mirar por última vez y ahora sí, sin margen de error, me sonríe levemente antes de desaparecer definitivamente. Y yo me quedo con en el vagón de metro, con el papel doblado en mis manos y una enorme sensación de extrañeza.

Me siento de nuevo y, dadas las circunstancias, decido leer el papel que permanecía cuidadosamente doblado. Tras leerlo y releerlo, hoy decido publicarlo…

“Querido Narciso,

Tras siete años trabajando juntos, hoy decido dejar esta compañía. Doce años de maltrato a épocas son suficientes. Doce años de vaivenes emocionales de prima dona es más de lo que mi cuerpo puede soportar. Hoy decido que ya no más; que esta empresa ya me duele; que me hace peor profesional; que me empobrece como persona y que me está haciendo dudar de mis valores si continúo un solo momento más.

Eres malo con los cinco sentidos: sordo por no escuchar (y tonto por hacerlo a veces y no entender). Ciego por mirar sin ser capaz de ver. Gusto no tuviste jamás. Tu tacto es rectal y  sólo tú consigues que el departamento huela a cerrado.

Tú no necesitas profesionales, porque tu ego sólo puede permitirse cheerleaders mientras corre en sentido opuesto al criterio ajeno. Estás encantado de haberte conocido y eso que sólo te pasa a ti. Hace tiempo que sustituiste la palmada por la puñalada, de ahí que hoy sólo pueda contar cicatrices. No buscas reto, buscas sumisión. No necesitas que tus colaboradores duren, lo que necesitas es que te adulen.

Eres un tipo de segunda división. Por ello fichas a gente de Tercera: para parecer de primera.

Eres el jefe de personal chusquero que vive del “pago y palo”, atrincherado tras la nómina y la sanción. Hueles a gestoría en blanco y negro. A jefe del "Cuéntame". Tu inseguridad ataca a todo lo nuevo por miedo a que se cargue todo lo viejo. Porque hoy, querido mío, lo viejo eres tú.

Eres retorcido, maquiavélico, rácano, mísero y sobre todo, mala persona. Eres un yonki del conflicto. El rey de la paja en el ojo ajeno. Jamás te equivocas a pesar de ser una equivocación todo tú. Naciste vacunado contra el error, aunque te ha quedado la secuela de generar anticuerpos en todo aquel que te rodea. Porque todos te temen. Y eso te gusta. Haces del castigo fuente de terror  y hace tiempo te convertiste en un mago de la indefensión aprendida.

Todavía perteneces al club de “la letra, con sangre entra”; “cuanta más presión, más resultado” y otras memeces del pasado. Eres un acosador. Mientes. Manipulas. Tu frialdad afectiva es estremecedora y te mereces cada una de las demandas por mobbing que has estado a punto de tener y que, milagrosamente, han sido abortadas in extremis. 

Vives de los dos decimales mientras todo el mundo espera que te multipliques por cero y malvives perdiendo el tiempo analizando cómo no perderlo; de lo que aporta valor y lo que no, cuando lo único que no aporta valor es lo que tú aportas. Porque tú no aportas, amado psicópata, tú deportas. Eres un alien que aliena. Un lobotomizador de emociones. Un dictador de la presencia física. En lo único que coincidimos es en que nadie más está a tu nivel. Por supuesto que no.

Vas en contra dirección junto con tu fiel lacayo (como diría José María García) “riegracias” y “lameculos”,  que incluso flirtea contigo y que un día vendió su dignidad y su alma por e-bay, mientras ambos criticáis a todos los demás “por ir en contra”. Y es que Dios los crea y ellos se juntan.

Eres un cáncer emocional. Un obsesivo de tu idea imperfecta de excelencia. No te mereces más que al castigo de convivir contigo mismo. Eres un desecho moral. Te deseo lo peor, para tratar de sentir que queda algo de justicia, ni que ésta sea poética, a pesar que no rimas con nada. Eres la Nada en sí misma y nada quedará de ti, más que el recuerdo de tu madre en los demás. Eres un renglón torcido que te has acabado en bucle y yo, hoy, he decidido bajarme de ese bucle.

Con un cariño que nunca te tuve,
Ana”


Y creo que no hay nada más que añadir, salvo “Ana, va por ti”.
Reacciones:

8 comentarios:

  1. Mejor sería decírselo a la cara y demostrar la seguridad en uno mismo.
    Hacerlo en un papel, me parece a mi que es de cobardes, es como aquel que te despide por whatsapp.

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  2. Querido Josep,

    No puedo estar más de acuerdo contigo, con las siguientes salvedades, que espero compartas:

    a. Igual Ana ya lo hizo en reiteradas ocasiones y, al tratarse de un psicópata, la respuesta quizás fuera la indiferencia (por frialdad afectiva que le inhabilita para entender) o agresividad directa o diferida. Valiente, pero no funciona con un psicópata. Hay que pensar que existe una fina línea que separa la valentía de la estupidez y que, ante un psicópata, se convierte en extremadamente fina.

    b. Además de psicópata es su jefe!. Imagínate quién acabará pagando los platos rotos. Quizás Ana esté en la necesidad de mantener su trabajo para sacar adelante a su familia y eso, para ella, probablemente tenga la máxima prioridad. Una vez oí aquello que "mi dignidad finaliza cuando mis hijos empiezan a llorar por tener hambre". En definitiva, el Quijote es un cuento de aventuras donde el hidalgo es ingenioso y valeroso, pero recuerda cómo acaba en su enfrentamiento con los molinos.

    c. Quizás Ana tuviera miedo (consecuencia habitual de la indefensión aprendida que te genera un Narciso así). Es fácil escribir qué hacer, pero supongo que no tanto hacerlo cuando le toca a uno.

    d. Tu reflexión es muy buena y te agradezco que me hayas hecho pensar en quién es el verdadero cobarde; ¿el que abusa de su poder para someter a la parte débil o a quien, sometido, no se atreve a denunciarlo?. ¿Te imaginas las consecuencias de la rebelión para un preso de este tipo de Auschwitz emocionales?

    Lo dicho, totalmente de acuerdo contigo en ir siempre de cara, siempre que te asegures que no te la van a partir. De valientes está lleno el cementerio...y el SEPE ;)

    Muchísimas gracias por pasarte por este humilde blog para leer mi artículo y tomarte el tiempo para regalarme tu comentario que, a bien seguro, me ha hecho pensar mucho.

    Saludos cordiales

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    1. "mi dignidad finaliza cuando mis hijos empiezan a llorar por tener hambre"

      Esta frase me la guardo para cuando alguien cuestione a otro porque se queda en un trabajo donde odian a su jefe.

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  3. ¡Me ha gustado mucho! ¿Existe de verdad esa carta? :)

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  4. Más de uno se llama Ana...me ha hecho relexionar...en mi manera de gestionar el equipo, todos somos una Ana pero también podemos ser un psicópata, los tiempos en los que vivimos hacen daño a los principios...mantenerlos sí que es de valientes, y sin principios no somos nada.

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  5. Queridos Oscar y Josep,

    Únicamente, creo que nos ha faltado un punto:

    e). Quizás Ana escribió su ensayo en papel, se lo preparó como buena profesional y posteriormente; con la seguridad de habérselo preparado, se puso delante de nuestro querido Narciso y le hablo de viva voz, cara a cara, lo que aquí ahora conocemos todos.

    Es una simple apreciación.

    En cualquier caso, Ana es una valiente; lo diga en papel o a la cara. Ha decidido irse de un ambiente enfermo aun siendo estable y apostar por su salud mental y una trayectoria profesional nueva.

    Un abrazo para todos,

    Maria Cancelas




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  6. Comentando este tema, me parece una buena salida hacerle una carta, ya que este tipo de perfil jamás te dejara hablar ni expresar todo tu interno. Pero lo más seguro que a que tampoco se termine de leer la carta, su ego se lo impide y tú ya te has ido.

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