Arquitectura Emocional: de la alusión a la ilusión

Quiero compartir una de mis charlas favoritas sobre Liderazgo. Una de Pep. Una en la que habla de la clave fundamental para entender la gestión de personas; para entender el éxito verdadero en cualquier ámbito de la vida y, dentro de ésta, para entender el desarrollo personal y profesional:

"En la vida sólo buscamos que nos quieran"

Así. Sin más artificios. No hace falta. Porque argumentos poderosos no exigen largas frases. Que nos quieran. Queremos y buscamos sentirnos queridos por los demás. Sentirnos valorados, para tomar conciencia del valor de nuestra vida. Buscamos pervivir en la memoria de los demás, superando así los límites de nuestra propia existencia. Buscamos trascender.

La más poderosa habilidad que debe ser exigida a cualquier líder es la capacidad de hacer que quienes le rodean se sientan queridos; valorados; importantes. Un líder debe querer de manera auténtica y ser capaz de contagiar ese sentimiento en los demás. Las emociones funcionan por contagio. Si una empresa quiere liderazgo, debe buscar un liderazgo que Quiera.

Hoy me preguntaban sobre qué cosas pido a un candidato finalista como requisito para incorporarse en la empresa en la que trabajo: "que le brillen los ojos y una capacidad desmedida de hacer feliz a quienes le rodean". Busco pasión extrema por unirse al club y que sea una dinamo de buen rollo. El CV hace el resto. Lo que quiero es que quiera.

Y hoy puedo decir que no hay oferta laboral capaz de competir con un "te quiero" auténtico. De verdad, no nos liemos con elaborados programas de retención y complicadas estrategias de desarrollo. Todo es mucho más simple. Y no digo que no deba haber un plan de desarrollo individual claro y significativo. Por supuesto. Lo que digo es que el pilar del aprecio verdadero es la base sobre la que ha de sustentarse todo.

Cuando uno se siente querido somos capaces de hacer cualquier cosa, pero no por ninguna empresa como ente (¿qué es, en definitiva, la empresa sino la gente que la conforma?), sino porque "quiero hacerlo porque sé que es importante para ti"; como señal de gratitud; de reciprocidad a esa estima. Porque no nos vinculamos a empresas. Nos vinculamos a personas.

Si echas en falta datos, Tom Peters decía que "el 70% de la gente no se va de sus empresas, se va de sus jefes"; o bien un estudio de Gallup que afirmaba que el 58% de personas con alto rendimiento y compromiso tenían un "mejor amigo" en el trabajo, con respecto al 8% de las mismas, que decían no tener ese mejor amigo en el ámbito laboral.

Ama y genera las condiciones para que la gente se quiera. Fomenta la amistad. Recuerda que esto va de pasarlo bien. Las personas no funcionan en Excel. Funcionan en Powerpoint. Compromiso; retención; motivación; rendimiento; éxito; talento...todos son hijos del mismo dios. De ahí que debamos encontrar personas que sean capaces de amar por encima de sus posibilidades; por encima de si mismos; que sean capaces de aparcar el singular y amar en modo plural. No compensarás ni con mil cursos caros una pobre capacidad de amar.

Y esta y no otra es en mi humilde opinión la gran diferencia (y la clave para pasar de una a otra) entre las empresas tóxicas que funcionan "por alusiones" de las empresas que funcionan por ilusiones :)

Os dejo con el que sabe de verdad sobre el tema (el vídeo es en catalán, pero confío en que incluso aquellos que desconozcáis la lengua entenderéis los conceptos clave): 



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