Referencias... para qué os quiero!





Si hay algo tonto en un proceso de selección es pedir referencias.

¿Por qué pedimos referencias? Algunos contestan - "para tener un dato más a contemplar en un proceso selectivo..cuantos más datos tengamos...". Menuda estupidez. En todo caso, yo diría "cuantos más datos fiables tengamos...".

Y es que todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias entre nuestros compañeros de trabajo, así que depende a quien le pregunten la respuesta puede ser diametralmente opuesta. Es más, puede darse el caso que si a uno le preguntan sobre alguien en diferentes momentos, la opinión que pueda dar sea diferente, así que imaginaos la lotería de solicitar referencias cuando muchas veces esta información supone una fuente más de ruido que un dato esclarecedor.

Tampoco debe valernos el "tengo plena confianza en la persona a quien pregunto", porque si ésta no la tiene con la persona a la que está referenciando ya me explicarás tú el negocio de preguntarle...

¿Y si preguntamos a más de una persona?: jugar varias columnas a la quiniela implica tener más posibilidades de acertar pero de ninguna manera asegurarte el premio.

Pedir referencias puede ser signo defensivo, de querer cubrirse uno las espaldas (como cuando al contratar los servicios externos acudimos a la consultora más cara); o incluso un signo de inseguridad...

Si tenemos un proceso de selección robusto, liderado por un selector profesional y en el que participen los principales interesados (por favor, ni se os ocurra aquello de que también tome parte un tercero que no vaya a tener nada que ver en el puesto a cubrir -tema que trataremos otro día, pero vaya por delante que análogo al de las referencias-) resulta tan accesorio como innecesario el tener que recurrir a las referencias, pues contaremos con suficientes datos fiables como para tomar la mejor decisión posible.

Debemos dedicarnos a construir un buen barco en lugar de jugar a Hundir la Flota.

-- Desde Mi iPad2

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